No es difícil aceptar la propuesta de Hegel, luego retomada por Marx, de que la Historia cursa mediante el método dialéctico: una sucesión ininterrumpida de tesis-antítesis-síntesis. Se ha visto y se ve cómo a un statu-quo establecido (tesis) se le presenta una contracara (antítesis) y se inicia una puja que termina fusionando ambas en una nueva tesis (síntesis).
Entre el Occidente blanco y el Oriente amarillo que hoy conforman el Primer Mundo y el Hemisferio Sur negro y trigueño que yace como subdesarrollo, Argentina es un fenómeno reconocido por el mundo y por los mismos argentinos, como extraño, irregular, sui-generis.
Era una mala versión de Europa, hasta que Perón integró de hecho y definitivamente al aborigen. Y hoy se debate ante el inevitable destino de producir la síntesis de aquellas dos realidades que plantean ambos hemisferios. Argentina es diferente porque está labrando algo diferente, es un chico que gime por su dentición y trastabilla en su andar improvisado porque está creciendo hacia su destino último, es el patito feo de una Historia que está sintetizando un nuevo cisne.
Acá, como en toda Latinoamérica, sigue vivo el pueblo originario en toda su expresión vital; pero también, en igual medida y con toda su fuerza, está el orden europeo que dio lugar al mundo desarrollado. Y no está encima, sino a la par; no hubo superposición, no hubo eclipse.
Acá, la potencia del universo cultural del Occidente industrial, o capitalista, o cristiano, no sofocó al no menos potente universo cultural del indio sino que lo incorporó en un mestizaje que no cesa desde hace cinco siglos. Acá, la Historia cocina su nueva etapa: están interactuando dos grandes razas de la Humanidad para fundirse en una nueva antítesis ante un Hemisferio Norte que ya está consumado, que ya no tiene dónde ir, y que ya decae por el desgaste de su orden perimido, asfixiándose en el estancamiento posmoderno.
La nota descollante de este proyecto histórico está en el rescate del individuo, su rehabilitación luego de ser aplastado por la organización que impuso la civilización depredadora gestada en Europa. Acá es donde el integrismo que puso por encima del sujeto a todo un mundo objetivo artificialmente labrado, vino a reencontrarse con la realidad llana de la Naturaleza aprehendida y cultivada por el indígena, que no puso ninguna estructura burocrática entre el sujeto y su destino, que no deliró enfermo de codicia y sólo vivió con los pies sobre la Tierra, su hogar.
Nuestra dificultad política, nuestro desapego de las reglas, nuestra proverbial insubordinación, nuestro culto a la personalidad del líder o del ídolo, y tantas otras particularidades que hoy aparecen como defecto, pueden ser en realidad facetas del crecimiento de un individuo potenciado para plantear una sociedad futura donde no haya que entregar la libertad y la subjetividad para adquirir una vida, donde no haya que rendirse a la dependencia de poderes desmesurados para sentirse seguro, donde se valide la propia experiencia vital, y donde el Estado deje de manejar números y sea capaz de atender personas.
Vamos a hablar acerca de nuestra sociedad, una sociedad de irresponsabilidad ilimitada. Cuestionaremos el medio institucional (argentinomedio), la subjetividad del ser nacional promedio (argentinomedio) y, muy especialmente, a los medios masivos de comunicación social (argentinomedio). No haremos política, salvo revisar los conceptos con los que se nos educa y dirige. Quedan invitados quienes quieran colocarse fuera de la liviandad que nos es habitual.
jueves, 27 de agosto de 2015
martes, 18 de agosto de 2015
Ser niño es más cómodo
" 'Bueno, ¿qué puedo hacer con respecto al mundo? Esto es más grande que yo'. Este es el arquetipo del niño hablando. 'Todo lo que puedo hacer es meterme en mí mismo, trabajar en mi crecimiento, mi desarrollo, encontrar una buena crianza, grupos de apoyo'.
Esto es un desastre para nuestro mundo político, para nuestra democracia. La democracia depende de ciudadanos intensamente activos, no de niños."
James Hillman, psicólogo estadounidense.
Esto es un desastre para nuestro mundo político, para nuestra democracia. La democracia depende de ciudadanos intensamente activos, no de niños."
James Hillman, psicólogo estadounidense.
sábado, 15 de agosto de 2015
Individuación
Todos los humanos contamos más o menos con el mismo grado de inteligencia, porque es dotación de la especie. La configuración y despliegue de la misma ya pasa a ser un asunto ambiental, social.
Las sociedades liberales fomentan y facilitan la aplicación de la inteligencia en todos los ámbitos posibles y se proveen de poderes democráticos que se ocupan de ello.
Las totalitarias en cambio, instalan poderes que permiten en menor o mayor grado su aplicación a lo técnico o económico, pero la restringen en lo político (fascismos, teocracias, populismos).
Porque todo desarrollo de inteligencia política automáticamente libera y hace crecer al individuo, y tiende a recortarlo de la masa que esos poderes necesitan para existir y perpetuarse.
Las sociedades liberales fomentan y facilitan la aplicación de la inteligencia en todos los ámbitos posibles y se proveen de poderes democráticos que se ocupan de ello.
Las totalitarias en cambio, instalan poderes que permiten en menor o mayor grado su aplicación a lo técnico o económico, pero la restringen en lo político (fascismos, teocracias, populismos).
Porque todo desarrollo de inteligencia política automáticamente libera y hace crecer al individuo, y tiende a recortarlo de la masa que esos poderes necesitan para existir y perpetuarse.
miércoles, 12 de agosto de 2015
LOS JÓVENES IDEALISTAS
Siendo yo todavía adolescente y cuando 'los jóvenes idealistas' desataban a diario su furia asesina insana e indiscriminada en medio de nuestra comunidad que gemía de caos político, también tomé las armas.
Pero lo hice del lado del Estado, de lo poco que había o lo poco que quedaba de una institución estatal diezmada por la división y la corrupción. También fui un joven idealista, pero que estaba en la policía exponiéndose a los ataques de los otros idealistas -siempre por sorpresa y casi siempre por la espalda-, para proteger a la gente y luchar contra la desmañada agresión a que la sometían los vándalos de la política. Yo quería contribuir a impedir la destrucción de la sociedad y a reconstruir lo que se pudiere del Estado. Y cuando se habla de Estado, de lo único que puede hablarse es de legalidad.
Luego, vino la suprema ilegalidad del Proceso a seguir destruyendo la sociedad, esta vez con más fuerza y más amplitud, y desaparecidos que no fueron estos idealistas sino otros mejores que ellos; y más tarde volvieron los partidos políticos, con su falsa democracia burocrática y corporativa. Y cuando la inoperancia y el vicio de la policía terminaron por hartarme, dejé hace ya 25 años mi carrera estatal para disfrutar de la escasez de posibilidades que el tercer mundo tiene destinada a los que rechazan participar de la degradación generalizada.
Quiero decir que yo también fui un idealista que buscaba salir de las ideas y las buenas intenciones y pasar a los hechos. Y podría haberlo realizado junto a ellos, si hubiesen tenido fundamentos que me convenciesen; o junto al Proceso, si hubiese tenido los suyos. Sólo que mis ideales no eran el odio y la muerte, como los de aquellos otros jóvenes que ni su propio creador pudo frenar y expulsó del edén de la plaza bajo la sentencia de 'estúpidos imberbes'.
Y que ahora son viejos y disfrutan desde el edén de la política ilegal y vandálica que seguimos teniendo los beneficios de sus crímenes, muchos de los cuales también fueron de lesa humanidad y, como los que siguen cometiendo hoy, de lesa sociedad.
Pero lo hice del lado del Estado, de lo poco que había o lo poco que quedaba de una institución estatal diezmada por la división y la corrupción. También fui un joven idealista, pero que estaba en la policía exponiéndose a los ataques de los otros idealistas -siempre por sorpresa y casi siempre por la espalda-, para proteger a la gente y luchar contra la desmañada agresión a que la sometían los vándalos de la política. Yo quería contribuir a impedir la destrucción de la sociedad y a reconstruir lo que se pudiere del Estado. Y cuando se habla de Estado, de lo único que puede hablarse es de legalidad.
Luego, vino la suprema ilegalidad del Proceso a seguir destruyendo la sociedad, esta vez con más fuerza y más amplitud, y desaparecidos que no fueron estos idealistas sino otros mejores que ellos; y más tarde volvieron los partidos políticos, con su falsa democracia burocrática y corporativa. Y cuando la inoperancia y el vicio de la policía terminaron por hartarme, dejé hace ya 25 años mi carrera estatal para disfrutar de la escasez de posibilidades que el tercer mundo tiene destinada a los que rechazan participar de la degradación generalizada.
Quiero decir que yo también fui un idealista que buscaba salir de las ideas y las buenas intenciones y pasar a los hechos. Y podría haberlo realizado junto a ellos, si hubiesen tenido fundamentos que me convenciesen; o junto al Proceso, si hubiese tenido los suyos. Sólo que mis ideales no eran el odio y la muerte, como los de aquellos otros jóvenes que ni su propio creador pudo frenar y expulsó del edén de la plaza bajo la sentencia de 'estúpidos imberbes'.
Y que ahora son viejos y disfrutan desde el edén de la política ilegal y vandálica que seguimos teniendo los beneficios de sus crímenes, muchos de los cuales también fueron de lesa humanidad y, como los que siguen cometiendo hoy, de lesa sociedad.
lunes, 10 de agosto de 2015
Cuando las reglas nos avergüenzan
"En América del Sur se dice a veces que la clave para entender el carácter de los argentinos se puede encontrar en su evaluación de los dos goles de Maradona en el Mundial de 1986. Para el primer gol, bautizado por su autor como "la mano de Dios", Maradona levitó dramáticamente para un disparo cruzado y golpeó la pelota con un puño izquierdo hábilmente oculto. Pero el segundo gol, que llegó minutos más tarde, fue el que el DT Bobby Robson llamó ‘el maldito milagro’: recogiendo un pase de su propia área penal, Maradona, como en expiación, puso la cabeza hacia abajo y pareció excavar su camino a través de todo el equipo de Inglaterra antes de arrollar a Shilton como un maniquí e impulsar el balón hacia la red. Pues bien, en Argentina, el primer gol y no el segundo es el que realmente gusta.
Para el 'macho Argie' (o lo que esta quizá calumniosa generalización implique) los medios fraudulentos son incomparablemente más satisfactorios que los justos. ‘Es lo mismo en el gobierno y los negocios. Ellos no sólo toleran la corrupción. Adoran a la corrupción’. Es una tendencia… En términos más generales, existe en esta cultura una humillación, una abyección, en jugar siempre por las reglas.
De una nota del referencial escritor británico Martin Amis para The Guardian [2004] a propósito del libro “El Diego”.
Para el 'macho Argie' (o lo que esta quizá calumniosa generalización implique) los medios fraudulentos son incomparablemente más satisfactorios que los justos. ‘Es lo mismo en el gobierno y los negocios. Ellos no sólo toleran la corrupción. Adoran a la corrupción’. Es una tendencia… En términos más generales, existe en esta cultura una humillación, una abyección, en jugar siempre por las reglas.
De una nota del referencial escritor británico Martin Amis para The Guardian [2004] a propósito del libro “El Diego”.
Inseguridad
Sería capaz de romper mi abstinencia electoral si algún candidato anunciase (y me convenciese) que terminará con los piquetes y cortes de caminos, y que investigará y hará púbicos los delitos de sus predecesores.
Porque cortar caminos es un delito previsto en la Constitución y tipificado en el Código Penal, y siendo que es obligación de cualquier funcionario público la persecución del delito, yo quiero un gobierno que no cometa delitos, haga cesar los que se están cometiendo e investigue los que se hayan cometido.
En cambio, lo que surge de los discursos de campaña es que seguiremos teniendo en el Ejecutivo y el Legislativo funcionarios que consientan y fomenten delitos, formen o amparen asociaciones ilícitas, obvien o supriman las investigaciones y hagan selectiva la aplicación de la ley penal.
O sea, que seguiré sin ir a votar en contra del progreso y a favor de que mi país siga siendo tercermundista.
Porque cortar caminos es un delito previsto en la Constitución y tipificado en el Código Penal, y siendo que es obligación de cualquier funcionario público la persecución del delito, yo quiero un gobierno que no cometa delitos, haga cesar los que se están cometiendo e investigue los que se hayan cometido.
En cambio, lo que surge de los discursos de campaña es que seguiremos teniendo en el Ejecutivo y el Legislativo funcionarios que consientan y fomenten delitos, formen o amparen asociaciones ilícitas, obvien o supriman las investigaciones y hagan selectiva la aplicación de la ley penal.
O sea, que seguiré sin ir a votar en contra del progreso y a favor de que mi país siga siendo tercermundista.
HIJOS DE...
Cuando el marido decidió de manera personal, unilateral y autocrática poner a esta mujer en la presidencia, casi la mitad de los argentinos sabíamos que las cosas iban a ser más o menos como fueron y como son. No con precisión, pero a grandes rasgos, algunos aciertos y una colección de desatinos. Y si bien no la votamos, tuvimos que resignarnos a padecerla.
Por otro lado, el hijito presidencial ocupará un alto cargo político, cualquiera; y también un pibe llamado Galmarini, otro llamado Moyano, y así una larga lista de casos presentes y pretéritos. Y también otro llamado Leuco, en otro área de la política, los medios, donde esta manía dinástica no deja de asomar.
¿Qué validez tiene como credencial de idoneidad el ser pariente o amigo de alguien? ¿Qué legitimidad tiene este proceder en la selección de funcionarios políticos? ¿Qué tiene esto que ver con una 'democracia', siendo que hay miles y miles, repito, miles y miles de cargos altos y sensibles que no pasan por una elección?
Esto sólo es credencial de corrupto y bananero, no de los hijos, sino de sus padres y de la mitad más uno del país a quienes esto no les molesta, o directamente les gusta.
Y sin duda, esto no es una democracia, ni siquiera una dictadura o una 'dictablanda'. Es un régimen totalitario como fueron tantos en el mundo, con Hitler a la cabeza, electos y confirmados diariamente por la parte totalitaria de la sociedad.
Esa que conforman aquellos que no pueden pensar ni analizar, sino apenas sentir y adorar.
Por otro lado, el hijito presidencial ocupará un alto cargo político, cualquiera; y también un pibe llamado Galmarini, otro llamado Moyano, y así una larga lista de casos presentes y pretéritos. Y también otro llamado Leuco, en otro área de la política, los medios, donde esta manía dinástica no deja de asomar.
¿Qué validez tiene como credencial de idoneidad el ser pariente o amigo de alguien? ¿Qué legitimidad tiene este proceder en la selección de funcionarios políticos? ¿Qué tiene esto que ver con una 'democracia', siendo que hay miles y miles, repito, miles y miles de cargos altos y sensibles que no pasan por una elección?
Esto sólo es credencial de corrupto y bananero, no de los hijos, sino de sus padres y de la mitad más uno del país a quienes esto no les molesta, o directamente les gusta.
Y sin duda, esto no es una democracia, ni siquiera una dictadura o una 'dictablanda'. Es un régimen totalitario como fueron tantos en el mundo, con Hitler a la cabeza, electos y confirmados diariamente por la parte totalitaria de la sociedad.
Esa que conforman aquellos que no pueden pensar ni analizar, sino apenas sentir y adorar.
domingo, 7 de junio de 2015
EL ARGENTINO MEDIO
Tenemos no solo los gobiernos, sino la élite dirigente que nos merecemos, massmedia incluidos.
Allí está el argentino medio, el mismo que pulula por las calles. Argentino medio no quiere decir todos los argentinos, o el modo de ser argentino: apela al espécimen predominante, el ejemplar promedio. Tampoco significa que una mayoría haga todas las cosas negativas: las cosas se van repartiendo, de modo que hay personas que hacen unas y otras personas que hacen otras. Vale decir que el promedio no es una cantidad de gente sino un cúmulo de actos que una mayoría de gente ejecuta.
Observamos entre nosotros argentinos una predominancia de estas cosas:
El que elige fanatizarse con ídolos en lugar de asumir su protagonismo. Y llegó a creer que el país es el presidente, que el país es lo que el presidente dice y hace.
El que adora el poder, la fama y la riqueza, y coloca por encima de sí mismo a cualquiera que los detente. Que por eso tolera cualquier abuso por parte de cualquier poderoso, a quienes contempla sin crítica alguna: todo lo que ellos hacen es estupendo.
El que tras varias generaciones, todavía es un europeo que vino a hacerse la América, es decir, a hacer dinero y posición en un ámbito que no siente como completamente suyo y con el cual no está completamente comprometido.
El que permite que todo lo anterior obnubile, invalide y desarticule las muchas virtudes que posee y que sin duda bastarían para darle a la Nación una política de provecho. Porque ese argentino promedio es una persona bondadosa, con una cultura de la inteligencia y el esfuerzo, con una historia nacional valiosa, y con enormes ansias de progreso.
Esas particularidades no corresponden al pueblo de una sociedad liberal de derecho (democracia).
Pero en gran parte, el pueblo argentino no ha sido liberal ni de derecho, sino una sociedad totalitaria que quiere jefes, quiere poderosos, quiere famosos, quiere padrinos, caudillos, reyes, gurúes e ídolos. Que sí ha querido limosnas, sí que le regalen cosas, sí vio al Estado como la mano que tiene que dar de comer y dar de ganar, y sólo vio que los perjudica aquel que no les regala nada.
Este no ha sido un pueblo de valientes, de atrevidos, de pioneros o de innovadores. En todos sus niveles y actividades, fue un pueblo de dependientes y timoratos que piden que les den, copian lo que ya se hizo y suplican por amparo. Que lloran para mamar y reclaman cosas que no se ganaron.
Por eso que aquí siempre anidaron el fascismo militar y la demagogia populista; o sea, los que dan las cosas servidas, aunque den basura.
Entonces, tendríamos que abandonar la relajación del lugar de súbdito o vasallo clientelar, la zona de descanso político, donde pensamos, hablamos y actuamos como nos gusta y nos viene, sin la responsabilidad de esforzarnos constantemente en aprender y descubrir, y a tenor de lo que resulte, comprometernos en una crítica y una acción.
viernes, 8 de mayo de 2015
OCLOCRACIA (actual populismo)
Ilustres pensadores como Aristóteles, Pericles, Giovanni Sartori,Juvenal, Shakespeare, Lope de Vega, Ortega y Gasset o Tocqueville han advertido de un permanente peligro para la democracia popular: el interés de losoclócratas que ejercen el poder para hacerla degenerar en oclocracia con el objetivo de mantener dicho poder de forma corrupta, buscando una ilusorialegitimidad en el sector más ignorante de la sociedad, hacia el cual vuelcan todos sus esfuerzos propagandísticos y manipuladores.
En el desarrollo de esta política, sólo se tiene en cuenta de una forma superficial y burda los reales intereses del país, dirigiéndose el objetivo de la conquista al mantenimiento de un poder personal o de grupo, mediante la acción demagógica en sus múltiples formas apelando a emociones irracionales mediante estrategias como la promoción de discriminaciones, fanatismos y sentimientos internacionalistas exacerbados; el fomento de los miedos e inquietudes irracionales; la creación de deseos injustificados o inalcanzables; etc. para ganar el apoyo popular, frecuentemente mediante el uso de la oratoria, la retórica y el control de la población. La apropiación de los medios de comunicación y de los medios de educación por parte de dichos sectores de poder son puntos clave para quien busca esta estructura de gobierno, a fin de utilizar la desinformación.
Así se mantiene un dominio sobre masas en movimiento que hacen valer sus propias instancias inmediatas e incontroladas creando la ilusión de que se impone un legítimopoder constituido sobre la voluntad popular. Sin embargo, tal y como asegura Rousseau en El Contrato Social falta la piedra angular, es decir, la voluntad general de unos ciudadanos conscientes de su situación y de sus necesidades, una voluntad formada y preparada para la toma de decisiones y para ejercer su poder de legitimación de forma plena. De esta forma, en la oclocracia la legitimidad que otorga el pueblo está corrupta, pasando el poder del campo de los políticos al campo de los demagogos.
http://es.wikipedia.org/wiki/Oclocracia
En el desarrollo de esta política, sólo se tiene en cuenta de una forma superficial y burda los reales intereses del país, dirigiéndose el objetivo de la conquista al mantenimiento de un poder personal o de grupo, mediante la acción demagógica en sus múltiples formas apelando a emociones irracionales mediante estrategias como la promoción de discriminaciones, fanatismos y sentimientos internacionalistas exacerbados; el fomento de los miedos e inquietudes irracionales; la creación de deseos injustificados o inalcanzables; etc. para ganar el apoyo popular, frecuentemente mediante el uso de la oratoria, la retórica y el control de la población. La apropiación de los medios de comunicación y de los medios de educación por parte de dichos sectores de poder son puntos clave para quien busca esta estructura de gobierno, a fin de utilizar la desinformación.
Así se mantiene un dominio sobre masas en movimiento que hacen valer sus propias instancias inmediatas e incontroladas creando la ilusión de que se impone un legítimopoder constituido sobre la voluntad popular. Sin embargo, tal y como asegura Rousseau en El Contrato Social falta la piedra angular, es decir, la voluntad general de unos ciudadanos conscientes de su situación y de sus necesidades, una voluntad formada y preparada para la toma de decisiones y para ejercer su poder de legitimación de forma plena. De esta forma, en la oclocracia la legitimidad que otorga el pueblo está corrupta, pasando el poder del campo de los políticos al campo de los demagogos.
http://es.wikipedia.org/wiki/Oclocracia
sábado, 2 de mayo de 2015
Un creciente agotamiento moral
Gran parte de
los argentinos manifiesta un creciente agobio. Ya no es sólo dolor por la
inflexible decadencia política, económica y social, sino cansancio. Agotamiento. Nos hundimos por
propia voluntad, al haber entregado por más de 70 años el timón de nuestra nave
a una variopinta legión de malos o ineficaces dirigentes.
Pero la vida
independiente (luego de la colonia) estuvo signada por un conflicto que no cesa entre los proyectos
ilustrados y verdaderamente progresistas contra los que prefieren el corral de
la infancia pretérita, tan amada por el "revisionismo" histórico. La
infancia pretérita es el pater familias, el caudillo omnipotente e
infalible, el servilismo a cambio de la protección, la lealtad en vez del
mérito, una corrupción sin límites ni vergüenza, descalificación de los
adversarios, silenciamiento de la prensa, apropiación del Estado, devastación
de las instituciones que garantizan la democracia, anhelo de perpetuación,
hipocresía en el discurso, estímulo incesante del odio entre los ciudadanos,
técnicas extorsivas.
Los proyectos ilustrados y verdaderamente
progresistas, al revés, buscan los modelos que miran hacia futuro, que
dignifican a cada hombre y mujer, que ponen a todos bajo límites de leyes
sabias, parejas y estables, que jerarquizan el trabajo por encima de las
limosnas, que premian el esfuerzo, que ponen una obligación junto a cada
derecho, que estimulan el respeto del individuo por encima de sus creencias.
Es penoso observar los discursos presidenciales por la cadena nacional. Digo observar y no escuchar, porque lo que ella dice -con contradicciones, soberbia y el esfuerzo de imitación al desenfado tropical de Chávez- será material de realismo mágico dentro de poco. Deprime ver a hombres y mujeres convertidos en aplaudidores y sonreidores indignos que festejan hasta los errores.
Desde el poder se trabaja para bloquear los caminos del pensamiento crítico, la iniciativa individual, el mérito, el esfuerzo genuino, la decencia y el imperio de las leyes. Desde las altas esferas se realiza lo inimaginable para proteger a megadelincuentes.
Marcos Aguinis (extractado de La Nación, 24 de mayo de 2013)
martes, 17 de marzo de 2015
La irresponsabilidad ilimitada de un festejo
El 24 de marzo se conmemora el pasaje de nuestra historia que por los hechos previos y los posteriores a esa fecha, es sin duda el más desgraciado.
¿Es esto para celebrar con un feriado de 4 días que incluye minivacaciones en la costa, del mismo modo en que se festejan eventos que provienen de y mueven a la alegría?
Me pregunto si esto es lo que estos gobiernos montoneros que estamos teniendo creen que es lo oportuno, o si este es el respeto que sienten por víctimas y mártires de aquellos hechos.
Me pregunto también que es lo que nos pasa a nosotros con todo esto, y me respondo que no nos pasa nada, o que sólo nos pasa nuestro eterno deseo de seguir divirtiéndonos, de seguir esquivando el complicarnos la vida con ideas responsables.
Me respondo también que este feriado era para honrar la memoria, esa que tanto nos falta. Y que por supuesto, hicimos con él lo nuestro: banalizarlo como banalizamos todo. Convertirlo en otro culto a la desmemoria.
De nuestros gobiernos no podemos esperar nada mejor. Pero nosotros como pueblo y como individuos, podríamos dejar de ser los simplones desentendidos de siempre.
¿Es esto para celebrar con un feriado de 4 días que incluye minivacaciones en la costa, del mismo modo en que se festejan eventos que provienen de y mueven a la alegría?
Me pregunto si esto es lo que estos gobiernos montoneros que estamos teniendo creen que es lo oportuno, o si este es el respeto que sienten por víctimas y mártires de aquellos hechos.
Me pregunto también que es lo que nos pasa a nosotros con todo esto, y me respondo que no nos pasa nada, o que sólo nos pasa nuestro eterno deseo de seguir divirtiéndonos, de seguir esquivando el complicarnos la vida con ideas responsables.
Me respondo también que este feriado era para honrar la memoria, esa que tanto nos falta. Y que por supuesto, hicimos con él lo nuestro: banalizarlo como banalizamos todo. Convertirlo en otro culto a la desmemoria.
De nuestros gobiernos no podemos esperar nada mejor. Pero nosotros como pueblo y como individuos, podríamos dejar de ser los simplones desentendidos de siempre.
viernes, 13 de marzo de 2015
Ley a medias
Extractado de "La investigación por Nisman"
O sea, que tenemos una vida menor a cambio de seguir nuestros antojos en las cuestiones menores.
Las sociedades que comprendieron que la ley es lo que las hace crecer y mejorar, no admiten que ningún individuo se ponga por encima de ella. Nosotros en cambio, idolatramos a quienes la hacen a un lado, sustituyéndola por su propia voluntad.
Las sociedades que comprendieron que la ley es lo que las hace crecer y mejorar, no admiten que ningún individuo se ponga por encima de ella. Nosotros en cambio, idolatramos a quienes la hacen a un lado, sustituyéndola por su propia voluntad.
jueves, 12 de marzo de 2015
Nuestro tercermundismo
Extractado de "POR QUÉ SOMOS SUBDESARROLLADOS"
Democrático implica una centralidad del ciudadano, y no una del poder político como es en el subdesarrollo. Implica que no se piensa al poder político como un ente superior e inaccesible, sino que se lo ve como un conjunto de servidores públicos sometidos a control. Que esto quizás luego no sea tan así, es otra cosa: lo importante es cómo piensa la gente, lo cual en un dado momento le conferirá posición y recursos para operar sobre su dirigencia.
En el Primer Mundo la ciudadanía es material de consulta permanente, o al menos así es conceptualizada. Aquí sólo es un público, un espectador, una masa votante y consumidora. La misma gente se ve a sí misma de ese modo, y ni siquiera se le ocurre pensar en un protagonismo en cual sea realmente tenida en cuenta como sujeto de la política.
Democrático implica una centralidad del ciudadano, y no una del poder político como es en el subdesarrollo. Implica que no se piensa al poder político como un ente superior e inaccesible, sino que se lo ve como un conjunto de servidores públicos sometidos a control. Que esto quizás luego no sea tan así, es otra cosa: lo importante es cómo piensa la gente, lo cual en un dado momento le conferirá posición y recursos para operar sobre su dirigencia.
En el Primer Mundo la ciudadanía es material de consulta permanente, o al menos así es conceptualizada. Aquí sólo es un público, un espectador, una masa votante y consumidora. La misma gente se ve a sí misma de ese modo, y ni siquiera se le ocurre pensar en un protagonismo en cual sea realmente tenida en cuenta como sujeto de la política.
miércoles, 11 de marzo de 2015
INSEGURIDAD TELEVISIVA
¡Qué inseguridad hay! -me dice una señora de mi edad.
Siempre hubo inseguridad -repliqué, siempre hubo robos y homicidios...
¡Noooo! -reclama ella- Lo que se ve hoy no se vio nunca.
Es verdad -concedo yo- antiguamente la televisión no mostraba nada de esto. Pero todos sabíamos que las cosas sucedían.
¡Pero no como hoy, no mataban a tanta gente como hoy! -siguió.
¿A cuánta gente matan hoy? -pregunté.
Todo el tiempo se ve que matan gente -me aclaró.
Se ve en la televisión -amplié.
No, lo dice todo el mundo, toda la gente dice eso...
Toda la gente dice lo que la televisión dice...
¡Pero si todos tenemos miedo!
Claro que lo tenemos -afirmé-, porque la televisión dice que hay que tenerlo...
No, no es así. Ahora hay mucha más inseguridad que nunca -terminó ella, categórica.
Pero al hablar de inseguridad en una sociedad de 40 millones de personas, hay que hablar de estadísticas. Estas dicen que la proporción de hechos delictivos por habitante se ha mantenido a lo largo de las décadas y es un fenómeno sociológico con variables que no puede controlar el Estado. Las comisarías y juzgados estaban tapados de causas y las cárceles llenas de presos, igual que ahora.
Hace 25 años el canal 9 vio un negocio en Luis Patti y empezó a darle entidad a la crónica policial con José de Ser en Nuevediario. Y luego con el caso Cabezas (1997) lo policial quedó instalado en los medios como un fuerte caballito de batalla. Políticamente, esto conviene porque mantiene a la gente amedrentada, lo cual favorece al régimen populista (totalitario) y al consumo; la gente tiene que tener miedo para seguir siendo dependiente (sociedad totalitaria).
La seguridad pasó a la fantasía de ser un fenómeno mediático distractivo y disciplinador, a la par del fútbol y tantos otros que nuestros flautistas de Hamelin fabrican continuamente.
Una pequeña prueba: hace 30 o 40 años, alguien a quien asaltaban iba a hacer la denuncia, lo comentaba con sus conocidos, trataba de olvidar el hecho y lo anotaba en pérdidas. Pero no iba a decir que fue porque hay mucha inseguridad. Esto se dice hoy porque lo dice la tele.
miércoles, 4 de marzo de 2015
LA INVESTIGACIÓN POR NISMAN
Yo estuve 14 años en la policía, toda mi juventud, siempre con protagonismo investigativo. Pero portaba un error conceptual: quería hacer el trabajo como lo marca la ley, es decir, persiguiendo de manera automática al delito y a su autor. Habiendo llegado a conocer en profundidad la conformación y tónica de funcionamiento del Estado, nunca quise aceptar esa realidad que me pareció demasiado miserable, y esto me costó una carrera que no era un genuino servicio sino un negocio, porque en estos lares del mundo, todo es negocio. La policía, la justicia, la política y todo lo institucional tiene que dejar dinero, aunque no sea más que como canonjía, un trabajo cómodo, bien pago y con privilegios.
Nada tiene de malo ganar un buen pasar con un empleo estatal, si al mismo tiempo se realiza bien el trabajo, como sucede en el Primer Mundo o en países que van hacia allí. Y tiene todo de malo el llevarse los beneficios sin hacer el trabajo o haciéndolo a medias, o directamente mal o al revés, tal como es en el Subdesarrollo y tal como nosotros, los argentinos, hicimos y hacemos escuela.
La primera institución de cualquier país ordenado y viable, es la Ley. A nosotros no nos interesa mucho la ley, porque implica renunciar a lo que creemos beneficios y ventajas de nuestro estilo de vida: el hacer lo que cada uno quiere, cosa que entendemos como libertad. Creemos que hacemos lo que queremos y que con la ley, sólo viviremos para cumplir obligaciones. Lo que no queremos entender es que hacemos lo que queremos en los temas de menor importancia, y esto nos impide hacer o tener lo que queremos en los asuntos de gran importancia.
O sea, que tenemos una vida menor a cambio de seguir nuestros antojos en las cuestiones menores.
Las sociedades que comprendieron que la ley es lo que las hace crecer y mejorar, no admiten que ningún individuo se ponga por encima de ella. Nosotros en cambio, idolatramos a quienes la hacen a un lado, sustituyéndola por su propia voluntad.
Cuando el presidente Nixon fue acusado por el espionaje de Watergate, renunció sabiendo que la sociedad no iba a perdonarle eso. Cuando el presidente Clinton quedó en evidencia por su affaire sexual en la casa de gobierno, renunció porque la sociedad no toleró sus intentos de permanencia. Cuando nuestros presidentes y sus séquitos reiterada y públicamente quiebran leyes, nosotros los aplaudimos y los seguimos votando.
La investigación criminal no sale de tal esquema. No la hacemos de acuerdo a derecho, sino que se adapta a los personajes implicados. Esto que también sucede en los países avanzados, pero como excepción, entre nosotros es la regla.
No pueden existir dudas de que en la causa Nisman se están moviendo influencias y lobbys variados, amén de las presiones que se han visto públicamente: el ataque abierto a fiscales; la mención de un ‘partido judicial’, que produce una división interna en la Justicia, y esto debilita a quienes pugnan por trabajar sobre la verdad. También los afecta la acción distorsiva de los medios y la mirada de jueces a sueldo del Ejecutivo, pagos de los que se encargaba la SIDE, y seguirá encargándose, ahora con otro nombre.
Y sigue palmaria la falta de respeto a la inteligencia del pueblo, al estatus ciudadano de la gente. Todo lo que nuestros abnegados medios están mostrando es la consabida pavada politiquera, y todo lo que nuestro gobierno de ‘tenemos patria’ hace, es politizar más y más la investigación, para interferirla y para que cuando nos llegue algún dato cierto, la confusión no nos permita creerlo.
Nada tiene de malo ganar un buen pasar con un empleo estatal, si al mismo tiempo se realiza bien el trabajo, como sucede en el Primer Mundo o en países que van hacia allí. Y tiene todo de malo el llevarse los beneficios sin hacer el trabajo o haciéndolo a medias, o directamente mal o al revés, tal como es en el Subdesarrollo y tal como nosotros, los argentinos, hicimos y hacemos escuela.
La primera institución de cualquier país ordenado y viable, es la Ley. A nosotros no nos interesa mucho la ley, porque implica renunciar a lo que creemos beneficios y ventajas de nuestro estilo de vida: el hacer lo que cada uno quiere, cosa que entendemos como libertad. Creemos que hacemos lo que queremos y que con la ley, sólo viviremos para cumplir obligaciones. Lo que no queremos entender es que hacemos lo que queremos en los temas de menor importancia, y esto nos impide hacer o tener lo que queremos en los asuntos de gran importancia.
O sea, que tenemos una vida menor a cambio de seguir nuestros antojos en las cuestiones menores.
Las sociedades que comprendieron que la ley es lo que las hace crecer y mejorar, no admiten que ningún individuo se ponga por encima de ella. Nosotros en cambio, idolatramos a quienes la hacen a un lado, sustituyéndola por su propia voluntad.
Cuando el presidente Nixon fue acusado por el espionaje de Watergate, renunció sabiendo que la sociedad no iba a perdonarle eso. Cuando el presidente Clinton quedó en evidencia por su affaire sexual en la casa de gobierno, renunció porque la sociedad no toleró sus intentos de permanencia. Cuando nuestros presidentes y sus séquitos reiterada y públicamente quiebran leyes, nosotros los aplaudimos y los seguimos votando.
La investigación criminal no sale de tal esquema. No la hacemos de acuerdo a derecho, sino que se adapta a los personajes implicados. Esto que también sucede en los países avanzados, pero como excepción, entre nosotros es la regla.
No pueden existir dudas de que en la causa Nisman se están moviendo influencias y lobbys variados, amén de las presiones que se han visto públicamente: el ataque abierto a fiscales; la mención de un ‘partido judicial’, que produce una división interna en la Justicia, y esto debilita a quienes pugnan por trabajar sobre la verdad. También los afecta la acción distorsiva de los medios y la mirada de jueces a sueldo del Ejecutivo, pagos de los que se encargaba la SIDE, y seguirá encargándose, ahora con otro nombre.
Y sigue palmaria la falta de respeto a la inteligencia del pueblo, al estatus ciudadano de la gente. Todo lo que nuestros abnegados medios están mostrando es la consabida pavada politiquera, y todo lo que nuestro gobierno de ‘tenemos patria’ hace, es politizar más y más la investigación, para interferirla y para que cuando nos llegue algún dato cierto, la confusión no nos permita creerlo.
No obstante, Nisman ya va siendo historia, porque consiguieron lo más importante: dilatar. El tiempo diluye todo, mientras la patria sigue construyéndose desde Tecnópolis y la cadena nacional, y el pueblo apático (por decisión política y por vocación) viaja con sus celulares de vidrios de colores en los nuevos trenes chinos de los cientos de carteles publicitarios de la Presidencia de la Nación.
A mis 17 años estuve de paso por Asunción y vi en el centro el mayor y mejor cartel de la ciudad. Era del dictador vitalicio del Paraguay y rezaba ‘Alfredo Ströessner, presidente’. Y me molestó mucho.
A mis 17 años estuve de paso por Asunción y vi en el centro el mayor y mejor cartel de la ciudad. Era del dictador vitalicio del Paraguay y rezaba ‘Alfredo Ströessner, presidente’. Y me molestó mucho.
martes, 3 de marzo de 2015
El miedo zonzo
Comentario de una amiga argentina en "¡Dios salve a la reina!"
jueves, 26 de febrero de 2015
Premisas del populismo
"Mantener a los pueblos sometidos bajo la ilusión que lo material es lo único que importa a la hora de votar.
El pueblo necesita un líder que le maneje absolutamente todo para poder salir adelante.El populismo quiere tanto a los pobres que se dedica a multiplicarlos.
Una población que no tiene educación política, no va a exigir de sus políticos un debate de ideas con argumentos, razón y lógica, y se va a manipular fácilmente a través de las pasiones."
Gloria Alvarez, politóloga guatemalteca
Puede haber semejanzas con nuestra realidad, y quizás sean coincidencia.
martes, 24 de febrero de 2015
La apertura mental argentina
El Presidente del Uruguay José 'Pepe' Mujica fue un combatiente de la revolución socialista que salió vivo, pero soportó una larga y cruenta prisión. Es además, una persona de grande y fina inteligencia, cosa que nadie en el mundo pone en duda. Y es la inteligencia, la apertura mental, lo que lleva al progreso, a la mejora de la Humanidad, de la gente, de los países.
“Yo fui a ver los calabozos donde estuve preso. Me saqué una foto con los coroneles de ahora y todo (risas). Pero lo pasado, pisado. Sí, puede parecer doloroso, pero la vida… la vida es maravillosa; no hay que vivir pensando en lo que pasaste, lamiéndote las heridas, acomodándote las tripas, porque si uno está lloriqueando por lo que le pasó, está sumido en el pasado. Y la vida es porvenir, la vida es mañana; del pasado hay que aprender, pero el pasado no debe sepultarnos.”
Ese es más o menos el pensamiento asumido por cada nación que atravesó desgarramientos internos o críticos conflictos exteriores: el pasado no debe sepultarnos.
Pero nosotros seguimos por décadas revolviendo la misma olla hedionda, y no precisamente por nuestra convicción. Seguimos atascados ahí porque ahí nos tienen los que sobrevivieron a la hecatombe y se quedaron con el jugoso botín de la guerra sin parámetros que desataran: se quedaron con los lugares y millones que usufructúan y defienden a capa y espada. Sobre todo a espada, que es el único instrumento intelectual que aprendieron jamás a usar.
“Fijate en Argentina, empezaron bien, pero luego fueron haciendo un enchastre tan generalizado y masificado que han pasado 30 años y hay puntas, flecos por todos lados. En Uruguay, no. Tuvimos violencia y dictadura, pero la gente decidió olvidarlo.”
No están reinvindicando una lucha revolucionaria; están preservando los negocios que hicieron surgir de esa olla. Pueden hacerlo porque hay cierto consenso, cierto contexto propiciatorio: a los argentinos en general, nos interesan quizás las visiones humanistas y progresistas de la vida y la política, como por ejemplo la de Pepe, pero más, mucho más, nos importa nuestro rédito personal, en todos los órdenes. Esta es la sociedad de los ricos y famosos, la de los que tienen cada vez más cosas.
Aunque sean los mismos vidrios de colores de siempre, esta vez puestos como todo tipo de pantallas de donde surge todo tipo de pavadas.
“…me dijo una vez la presidenta de Brasil: ¡Ay, Pepe, con Argentina hay que tener paciencia estratégica!.”
Somos un país subdesarrollado como todos los que nos rodean… con la diferencia de que tenemos políticos y massmedias que nos convencen de todo lo contrario. Que utilizan ropajes de fama y poder para confirmarnos que el fasto es el éxito y que ellos nos están guiando permanentemente hacia el mismo.
Porque esa es la mejor manera de asegurar que las cosas sigan como están, es decir, que los lugares de cada quien permanezcan sin amenaza de alteración.
Mujica en cambio, utiliza ropas y enseres sencillos para decir y hacer cosas grandes. No pertenece a las derechas ricas y conservadoras en las que se instalaron nuestros revolucionarios sobrevivientes. Él sigue en la izquierda, y por eso no está preocupado porque las cosas puedan cambiar: al contrario, se preocupa si las cosas no cambian.
http://www.telegrafo.com.ec/politica/item/nuestras-burguesias-son-muy-atrasadas.html
“Yo fui a ver los calabozos donde estuve preso. Me saqué una foto con los coroneles de ahora y todo (risas). Pero lo pasado, pisado. Sí, puede parecer doloroso, pero la vida… la vida es maravillosa; no hay que vivir pensando en lo que pasaste, lamiéndote las heridas, acomodándote las tripas, porque si uno está lloriqueando por lo que le pasó, está sumido en el pasado. Y la vida es porvenir, la vida es mañana; del pasado hay que aprender, pero el pasado no debe sepultarnos.”
Ese es más o menos el pensamiento asumido por cada nación que atravesó desgarramientos internos o críticos conflictos exteriores: el pasado no debe sepultarnos.
Pero nosotros seguimos por décadas revolviendo la misma olla hedionda, y no precisamente por nuestra convicción. Seguimos atascados ahí porque ahí nos tienen los que sobrevivieron a la hecatombe y se quedaron con el jugoso botín de la guerra sin parámetros que desataran: se quedaron con los lugares y millones que usufructúan y defienden a capa y espada. Sobre todo a espada, que es el único instrumento intelectual que aprendieron jamás a usar.
“Fijate en Argentina, empezaron bien, pero luego fueron haciendo un enchastre tan generalizado y masificado que han pasado 30 años y hay puntas, flecos por todos lados. En Uruguay, no. Tuvimos violencia y dictadura, pero la gente decidió olvidarlo.”
No están reinvindicando una lucha revolucionaria; están preservando los negocios que hicieron surgir de esa olla. Pueden hacerlo porque hay cierto consenso, cierto contexto propiciatorio: a los argentinos en general, nos interesan quizás las visiones humanistas y progresistas de la vida y la política, como por ejemplo la de Pepe, pero más, mucho más, nos importa nuestro rédito personal, en todos los órdenes. Esta es la sociedad de los ricos y famosos, la de los que tienen cada vez más cosas.
Aunque sean los mismos vidrios de colores de siempre, esta vez puestos como todo tipo de pantallas de donde surge todo tipo de pavadas.
“…me dijo una vez la presidenta de Brasil: ¡Ay, Pepe, con Argentina hay que tener paciencia estratégica!.”
Somos un país subdesarrollado como todos los que nos rodean… con la diferencia de que tenemos políticos y massmedias que nos convencen de todo lo contrario. Que utilizan ropajes de fama y poder para confirmarnos que el fasto es el éxito y que ellos nos están guiando permanentemente hacia el mismo.
Porque esa es la mejor manera de asegurar que las cosas sigan como están, es decir, que los lugares de cada quien permanezcan sin amenaza de alteración.
Mujica en cambio, utiliza ropas y enseres sencillos para decir y hacer cosas grandes. No pertenece a las derechas ricas y conservadoras en las que se instalaron nuestros revolucionarios sobrevivientes. Él sigue en la izquierda, y por eso no está preocupado porque las cosas puedan cambiar: al contrario, se preocupa si las cosas no cambian.
http://www.telegrafo.com.ec/politica/item/nuestras-burguesias-son-muy-atrasadas.html
lunes, 23 de febrero de 2015
República de alta gama
Este no es el tipo de presidente que nos gustaría a los argentinos, nosotros tenemos más clase. Por eso, tenemos políticos con mucho más dinero. Son también mucho más caros, pero podemos pagarnos ese lujo.
jueves, 19 de febrero de 2015
Tributo a Alberto Nisman
Extractado de "Nuestro proverbial y perverso cholulismo"
EL 18F nos confirma que nos sentimos obligados a valorar, reconocer y agradecer lo que Nisman hizo por nosotros, esto es, jugar su seguridad y tranquilidad y las de su familia, que era lo que más quería, para hacer su trabajo.
Nisman nos quería también a todos nosotros, y por eso, únicamente por eso, se dedicó a todo riesgo al trabajo que aceptó. Más allá de férreas convicciones que sin duda él tenía, sólo por una cosa se hace algo así: por interés en los destinatarios y por su eventual reconocimiento. Podía haberlo hecho de manera más tibia, o más especulativa, midiendo el riesgo: nadie lo iba a notar y de todos modos iba a permanecer en su puesto todos estos años. Pero lo hizo de manera comprometida, no existe posibilidad de duda. Ese trabajo no fue fabricar suntuarios o entretenimiento, sino llevar adelante una construcción institucional, aportar algo contundente al sentido que la Justicia como organismo debe tener en nuestra comunidad.
Nisman dio su vida para que "tengamos patria".
EL 18F nos confirma que nos sentimos obligados a valorar, reconocer y agradecer lo que Nisman hizo por nosotros, esto es, jugar su seguridad y tranquilidad y las de su familia, que era lo que más quería, para hacer su trabajo.
Nisman nos quería también a todos nosotros, y por eso, únicamente por eso, se dedicó a todo riesgo al trabajo que aceptó. Más allá de férreas convicciones que sin duda él tenía, sólo por una cosa se hace algo así: por interés en los destinatarios y por su eventual reconocimiento. Podía haberlo hecho de manera más tibia, o más especulativa, midiendo el riesgo: nadie lo iba a notar y de todos modos iba a permanecer en su puesto todos estos años. Pero lo hizo de manera comprometida, no existe posibilidad de duda. Ese trabajo no fue fabricar suntuarios o entretenimiento, sino llevar adelante una construcción institucional, aportar algo contundente al sentido que la Justicia como organismo debe tener en nuestra comunidad.
Nisman dio su vida para que "tengamos patria".
miércoles, 18 de febrero de 2015
¡Grande Tato!
En una sociedad hipócrita, las verdades sólo pueden decirse desde el humor, como si su certeza fuese relativa, secundaria.
¡Dios salve a la reina!
Extractado de "PATÉTICA SUBJETIVIDAD"
La democracia implica un culto de las ideas con supresión del culto a la personalidad: importa lo que se piensa, se dice y se realiza mucho más que quién lo haga. La tan cacareada democracia es un sistema político-jurídico denominado técnicamente ‘sociedad liberal de derecho’, y es para gente inteligente y consciente, los llamados ‘ciudadanos’, que son algo más que los actuales trabajadores-consumidores-espectadores.
La democracia implica un culto de las ideas con supresión del culto a la personalidad: importa lo que se piensa, se dice y se realiza mucho más que quién lo haga. La tan cacareada democracia es un sistema político-jurídico denominado técnicamente ‘sociedad liberal de derecho’, y es para gente inteligente y consciente, los llamados ‘ciudadanos’, que son algo más que los actuales trabajadores-consumidores-espectadores.
En el sistema republicano que le debemos a nuestros próceres desde hace ya siglo y medio, yo soy lo importante, el ciudadano. El presidente no es demasiado importante, es el responsable de un poder del Estado y de un enorme cuerpo de empleados públicos que están a mi servicio a cambio de un sueldo. Por descontado que su estatus es alto, pero como profesional. No es el rey ni el emperador, es un funcionario que aunque sea político, asume su mandato con la obligación de hacer un trabajo.
En tanto sigamos siendo tan infantiles de poner a la figura presidencial en un trono (o aceptar que ella así se ponga) y acatar a la corte política y mediática que allí lo sostiene, seguiremos siendo presa fácil de la cohorte delincuencial que habitualmente nos gobierna (oposición incluida) y sólo nos provee de cierta tranquilidad para trabajar y consumir, pero nos priva del efecto de las instituciones que fueron creadas para que nuestra tranquilidad y nuestro bienestar sean mucho más amplios.
En tanto sigamos siendo tan infantiles de poner a la figura presidencial en un trono (o aceptar que ella así se ponga) y acatar a la corte política y mediática que allí lo sostiene, seguiremos siendo presa fácil de la cohorte delincuencial que habitualmente nos gobierna (oposición incluida) y sólo nos provee de cierta tranquilidad para trabajar y consumir, pero nos priva del efecto de las instituciones que fueron creadas para que nuestra tranquilidad y nuestro bienestar sean mucho más amplios.
lunes, 16 de febrero de 2015
EL GOLPE
Winston
Churchill le dijo una vez que era capaz de entender bien la
política actual porque leía atentamente la Historia. Los argentinos no somos
cultores de la historia reciente, o mejor dicho, somos muy frágiles de memoria.
No
tenemos presente que nuestros gobiernos han sido todos malos disfrazados de buenos,
ropaje y maquillaje que nunca les duró los años de mandato. Todos han perdido
su popularidad pasada la mitad de su período, y sus integrantes han quedado
expuestos en sus peores facetas. Con excepciones efímeras, hemos sigo gobernados por tahúres que
han sacado su ventaja mientras hacían algunas cosas buenas, y eso nos conforma. Pero sería bueno que
conozcamos, o al menos deseemos, la experiencia de un gobierno honesto, como
para que sepamos de algo diferente que quizás nos resulte mejor.
Todos
los gobiernos han vociferado maniobras desestabilizadoras cuando por sus propias
fallas fueron cuestionados. Y tan genuina es esta democracia que nos ofrecen,
tan demócratas son ellos, que no toleran los cuestionamientos y cuando surge alguno, lo tachan de golpista. Pero los golpistas siempre han sido ellos, porque tienen
alma de tiranos que han pujado por un mandato para su cosecha de rapiña. Hay
que recordar que históricamente, antes de cada golpe de los golpistas militares
hubo periodistas golpistas y golpistas políticos golpeando las puertas de los
cuarteles para convencer a los generales de dar el golpe a la Rosada. Los
golpistas siempre han sido los políticos, que se han servido de periodistas y militares
para solucionar por la fuerza lo que ellos no pudieron manejar mediante la gestión política que se supone que es su trabajo.
El
actual gobierno clama, llora, se desgarra en lamentos porque lo quieren
destituir. De momento, los únicos que ven destitución en puerta son ellos y sus
congéneres de la política (no digo colegas porque implica profesionalidad;
mejor digo congéneres, que alude a sapos del mismo pozo). En el resto de la
sociedad nadie piensa en derrocamientos y sólo se reclaman verdades judiciales
en una investigación criminal.
Nadie sensato quiere realmente que salga este gobierno, porque se entiende que será
sustituido por otro igual, que al principio parecerá bueno y pasada la mitad, se verá que era malo. Los únicos que quieren la defenestración son, como siempre, los otros
políticos y sus amos financistas, que ahora no tienen cuarteles dónde ir pero siguen
teniendo periodistas para armar sus estrategias.
jueves, 12 de febrero de 2015
Nuestro proverbial y perverso cholulismo
Sea
cual fuere la forma y causa de su deceso, el fiscal Nisman tuvo una muerte
violenta como consecuencia de su trabajo, del trabajo que hacía por varias de
las instituciones fundamentales del país (el Estado, la Justicia, la Ley, la
persecusión del crimen, la seguridad pública). Asesinado o con suicidio
inducido o cometido, no puede existir duda de que fue en íntima relación con lo
que hizo durante la última etapa de su vida. Nosotros no podemos permanecer
como los habituales espectadores y adoradores de famosos que somos; esto tiene que movernos a revertir nuestra
condición de cholulos reblandecidos por el fárrago mediático para intentar
hacernos, aunque fuere por esta vez, ciudadanos militantes. Estamos obligados a
valorar, reconocer y agradecer lo que Nisman hizo por nosotros, esto es, jugar
su seguridad y tranquilidad y las de su familia, que era lo que más quería,
para hacer su trabajo.
Nisman
nos quería también a todos nosotros, y por eso, únicamente por eso, se dedicó a
todo riesgo al trabajo que aceptó. Más allá de férreas convicciones que sin duda él tenía, sólo por una cosa se hace algo así: por
interés en los destinatarios y por su eventual reconocimiento. Podía haberlo
hecho de manera más tibia, o más especulativa, midiendo el riesgo: nadie lo iba a notar y de todos modos
iba a permanecer en su puesto todos estos años. Pero lo hizo de manera
comprometida, no existe posibilidad de duda. Ese trabajo no fue fabricar suntuarios
o entretenimiento, sino llevar adelante una construcción institucional, aportar
algo contundente al sentido que la Justicia como organismo debe tener en
nuestra comunidad.
Los
de la farándula no construyen nada, sólo destruyen: destruyen valores,
costumbres, normas, convivencias, bienestares. Tienden a la anomia y la
disolución, son reprochables, deleznables. Pero vivimos para mirarlos. Y
miramos poco y nada a los argentinos que trabajan por nuestro bienestar a
través de la organización y preservación de las instituciones, y que sólo van a
tener fama cuando los medios los pongan en alguna pantalla porque vislumbran
que van a sacarle algún provecho medido en dinero (rating). La farándula no piensa en el
país o la sociedad; los fiscales sí, porque están para eso, esa es la esencia
de su rol.
Es así,
a pesar del tiempo que hace que los periodistas los vienen poniendo como
inconfiables y malintencionados. Han hecho eso con todos los funcionarios
públicos que hacen al orden en el país, simplemente porque hace tres décadas,
desde el fin de la dictadura militar, que ello les hace el mejor negocio. Y a
ellos, lo único que siempre les importó, fueron sus ganancias.
A muchos
funcionarios de carrera, quizás también. Pero además de eso, tienen el servicio
en sus raíces y en sus venas, y sólo por eso, ya son mejores que los de la farándula.
Son más útiles y más importantes para nosotros.
ESTRECHEZ DE MIRAS
Es tan curioso cómo funcionan nuestras cabezas en lo político: todo es política y todo es faccioso, binario. Terriblemente simple, horrorosamente ramplón, penosamente mentecato. Todo es elemental, primitivo: a favor o en contra, blanco o negro, River o Boca. Todo es enfrentamiento y odio, sin una zona gris para la comprensión y la conciliación.
Un caso criminal que debiera permanecer en estado investigativo (el fiscal Nisman), se transforma (es transformado por la logia político-mediática) en una cuestión que decide la continuidad o derrocamiento del gobierno. Una marcha de reclamo ante una investigación criminal, pasa a ser un conato golpista. Siempre que hay una expresión en la sociedad que de algún modo afecte al poder, es un intento desestabilizador.
No hay un país en el mundo que haya funcionado con esta lógica y hoy exista. Pero claro, pocos han sido los países que han hecho gala de una caterva política como la que tan alegremente detentamos nosotros y encima, sostenemos.
Un caso criminal que debiera permanecer en estado investigativo (el fiscal Nisman), se transforma (es transformado por la logia político-mediática) en una cuestión que decide la continuidad o derrocamiento del gobierno. Una marcha de reclamo ante una investigación criminal, pasa a ser un conato golpista. Siempre que hay una expresión en la sociedad que de algún modo afecte al poder, es un intento desestabilizador.
No hay un país en el mundo que haya funcionado con esta lógica y hoy exista. Pero claro, pocos han sido los países que han hecho gala de una caterva política como la que tan alegremente detentamos nosotros y encima, sostenemos.
Republiqueta
Extractado de "El fiscal que ponen como lacayo del FBI"
Como corresponde a una republiqueta que se precie, los que tienen que formar opinión lo hacen desde el más absoluto desconocimiento del terreno sobre el cual opinan, poniendo en juego sólo las producciones fantásticas y sensacionales que ese desconocimiento les facilita y que de paso, abonan su negocio del espectáculo y de la captura emocional del espectador...
...no podemos soslayar que en esta fiscalía especial y en una situación muy especial, hubo un argentino y su equipo de argentinos que trabajaron en serio a un nivel muy alto y comprometiendo su seguridad, y esto sí implica una gran novedad en el país de Tinelli y cía. Y acá hay material producido, con o sin la ayuda o dirección del FBI, que yo quiero conocer antes de formarme opinión.
Y no quiero conocer lo que inventan los periodistas.
Como corresponde a una republiqueta que se precie, los que tienen que formar opinión lo hacen desde el más absoluto desconocimiento del terreno sobre el cual opinan, poniendo en juego sólo las producciones fantásticas y sensacionales que ese desconocimiento les facilita y que de paso, abonan su negocio del espectáculo y de la captura emocional del espectador...
...no podemos soslayar que en esta fiscalía especial y en una situación muy especial, hubo un argentino y su equipo de argentinos que trabajaron en serio a un nivel muy alto y comprometiendo su seguridad, y esto sí implica una gran novedad en el país de Tinelli y cía. Y acá hay material producido, con o sin la ayuda o dirección del FBI, que yo quiero conocer antes de formarme opinión.
Y no quiero conocer lo que inventan los periodistas.
Los indiferentes
“Vivir quiere decir tomar partido. Quien verdaderamente vive, no puede dejar de ser ciudadano y militante. La indiferencia y la abulia son parasitismo, son bellaquería, no vida. Por eso odio a los indiferentes. La indiferencia es el peso muerto de la historia. La indiferencia opera potentemente en la historia. Opera pasivamente, pero opera. Es la fatalidad; aquello con que no se puede contar. Tuerce programas, y arruina los planes mejor concebidos. Es la materia bruta desbaratadora de la inteligencia. Lo que sucede, el mal que se abate sobre todos, acontece porque la masa de los hombres abdica de su voluntad, permite la promulgación de leyes que sólo la revuelta podrá derogar; consiente el acceso al poder de hombres que sólo un amotinamiento conseguirá luego derrocar. “
[1917] Antonio Gramsci, líder socialista italiano.
[1917] Antonio Gramsci, líder socialista italiano.
miércoles, 11 de febrero de 2015
PREGUNTAS
¿Por qué soportamos tanto a los criminales en el poder político? ¿Por qué no nos afecta y sacude el abuso ostentoso en el seno del Estado que nos rige? ¿Por qué toleramos tan fácilmente la exhibición de malandraje en las figuras políticas? ¿Por qué no nos irrita y moviliza la inidoneidad funcional y horrible calidad personal que constatamos día a día en los gobernantes? ¿Por qué aceptamos con tanta resignación que nos gobiernen imbéciles? ¿Por qué vivimos contemplándolos, oyéndolos, aplaudiéndolos y obedeciéndolos?
¿Por qué suponemos que esos facinerosos, ineptos e infradotados tienen la facultad de habitar el Estado y dirigir la política del país? ¿Será porque no consideramos que entre nosotros haya mejor gente que esa, o que si existe esa mejor gente, que no tenga derecho a esas posiciones?
¿Por qué admitimos masivamente, conscientemente, que gente buena, que alguien eficaz y saludable, tenga vedado su acceso a cargos políticos sólo porque no puede ser lo suficientemente deshonesto, lo suficientemente ladrón para integrar una estructura mafiosa partidaria o parapartidaria?
¿Por qué seguimos viendo cómo los aparatos políticos que nos gobiernan o fingen oponerse a los que gobiernan sigan integrados exclusivamente por las alimañas de esta sociedad, cuando en ella hay tanta gente válida a la que se le impide toda oportunidad de llegada?
¿Por qué somos tan tibios, tan conformistas, tan apáticos? ¿Será porque creemos que tenemos mucho que perder, que lo poco que estos cretinos nos dejan tener sea muy valioso?
¿Por qué pensamos que una cantidad de cosas materiales o un cúmulo de entretenimiento es más valioso que un país institucionalmente ordenado?
¿Por qué no nos damos cuenta de que la salud institucional del país es lo que nos va a permitir tener más y mejores cosas, aún las materiales, y que esas cosas sean realmente nuestras? ¿Por qué si tanto lo estudiamos en el colegio no terminamos de entender que ser ciudadanos es ser mucho más que consumidor, cliente, dueño o espectador?
¿Por qué suponemos que esos facinerosos, ineptos e infradotados tienen la facultad de habitar el Estado y dirigir la política del país? ¿Será porque no consideramos que entre nosotros haya mejor gente que esa, o que si existe esa mejor gente, que no tenga derecho a esas posiciones?
¿Por qué admitimos masivamente, conscientemente, que gente buena, que alguien eficaz y saludable, tenga vedado su acceso a cargos políticos sólo porque no puede ser lo suficientemente deshonesto, lo suficientemente ladrón para integrar una estructura mafiosa partidaria o parapartidaria?
¿Por qué seguimos viendo cómo los aparatos políticos que nos gobiernan o fingen oponerse a los que gobiernan sigan integrados exclusivamente por las alimañas de esta sociedad, cuando en ella hay tanta gente válida a la que se le impide toda oportunidad de llegada?
¿Por qué somos tan tibios, tan conformistas, tan apáticos? ¿Será porque creemos que tenemos mucho que perder, que lo poco que estos cretinos nos dejan tener sea muy valioso?
¿Por qué pensamos que una cantidad de cosas materiales o un cúmulo de entretenimiento es más valioso que un país institucionalmente ordenado?
¿Por qué no nos damos cuenta de que la salud institucional del país es lo que nos va a permitir tener más y mejores cosas, aún las materiales, y que esas cosas sean realmente nuestras? ¿Por qué si tanto lo estudiamos en el colegio no terminamos de entender que ser ciudadanos es ser mucho más que consumidor, cliente, dueño o espectador?
martes, 10 de febrero de 2015
Aparato estatal
El Estado moderno rige la sociedad de masas organizándose en sistemas y aparatos. Así, dispone del aparato político (los tres poderes, los partidos y la prensa); el aparato judicial (Justicia, policía, penitenciaría, abogados); y del mismo modo, el aparato económico, el industrial, el mercantil, el médico, el educativo, y demás. Pero como primer recurso para conservar la sociedad de masas en su estado puro (de masa pura), cuenta con el aparato estupidizador: el televisor.
LAS RAÍCES DE NUESTRO MIEDO
No se me escapa que este es también un medio de comunicación, y como todo blog, con pretensiones de ser masivo. Y quiero dejar claro que yo no rechazo la existencia de los medios, porque dentro del pensamiento simplista argentino existe esa manía maniquea de que si se critica algo es para eliminarlo, es para que no exista.
La crítica se hace en principio para construir, para mejorar algo; buscarle los defectos a algo es rechazar una parte; es admitir que el resto está bien y esa parte defectuosa está mal. No es esa perenne lógica facciosa de que ‘estás conmigo o estás contra mi’ y si me criticás algo, criticás todo mi ser con fines de eliminarme. Esto es una visión violenta y genera la violencia irracional e irracionalizable que hemos visto y seguimos viendo en nuestra sociedad y en nuestra política, política en buena parte conformada por ineptos, por ignorantes y quilomberos baratos que llegan desde esos lugares sociales de mierda a fuertes lugares estatales, sindicales o mediáticos que les permiten lograr su único fin: la riqueza.
Nuestra política es el mayor negocio del país, el que mejor organizado está y el que más dividendos rinde en el menor tiempo. Es la empresa más eficiente (todo ingreso, nada gasto) y sus puestos de trabajo son los más sólidos: todo es ganancia en todo el tiempo de permanencia en actividad, con garantía de un retiro a la edad que se elija y con todas las riquezas habidas, retiro protegido por una inexpugnable corporación mafiosa de nivel nacional e internacional (la intrincada conjunción de poder político, poder económico y poder comunicacional).
Por supuesto, compatriotas del llano, que semejantes beneficios que comparados con nuestro estándar de vida resulta un liso latrocinio, un despojo y un afano absolutos, serán conseguidos y defendidos con toda la fuerza y la violencia necesarias. Y el primer paso de esa violencia siempre ha sido la exclusión y prohibición de toda crítica, la criminalización de la crítica puesta de modo que cada uno tengamos miedo de siquiera pensar en criticar, que agachemos calmos nuestras cervices y concurramos dóciles a cada acto eleccionario al que ellos no arrean para conseguir el ‘apoyo del pueblo’ a sus posiciones políticas, pueblo que ni entiende y en muchos casos ni quiere lo que vota.
Una política montada sobre un bastidor de violencia física, de coacción a la disidencia, esta violencia que por siglos se aplicó directamente a la comunidad a través de los brazos de soldados y policías, bajo el pretexto de organizar la sociedad en procura de ‘la paz social’, el ‘bien común’, la ‘razón de Estado’. Para oponerse a eso, hace más de 4 décadas apareció Montoneros, que apenas mantuvo esa consigna en sus ideas y en los hechos combatió el fuego con el fuego y toneles de nafta. Fueron más violentos y asesinos que los del sector oficial, robaron más que ellos, sembraron más miedo que ellos, y originaron una reacción más violenta y asesina aún en el establishment, esta vez hasta la lesa humanidad. Los medios, con las mismas caras y los mismos empresarios, sostuvieron todo el esquema: tibios primero con los homicidas insurgentes, condescendientes con los homicidas de la dictadura, y acomodaticios finalmente, poniendo la Historia a favor de los primeros: los únicos homicidas fueron los militares.
Y ahora, esa violencia se aplica bajo la forma de amenaza, para lo cual se crían cuerpos de piqueteros con palos, barrabravas asesinos, grupos de ‘izquierda’, y la “más civilizada” guardia pretoriana del hijito presidencial. Y como sustrato, como telón de fondo, nos mantiene sumergidos en una noción y sensación constante de ‘inseguridad’, para que no dejemos ni por un instante de experimentar lo que ha sido desde siempre su combustible principal: el miedo.
Nos dicen que tenemos que sentirnos inseguros y nos muestran todo el tiempo casos ejemplificadores. Cultivan y fomentan nuestro miedo, que es lo que nos mantiene replegados en nuestras casas y escondidos en nuestros trabajos, todo el día frente a las pantallas que nos renuevan el temor. Nos dejan salir sólo cada dos años, para que cumplamos con la obligación que nos imponen de votarlos para que ellos, los mismos de siempre con algunos entenados nuevos, redistribuyan sus lugares, todos de absoluto privilegio.
Este, el nuestro, es uno de los poquísimos países del Mundo que mantiene obligatorio el sufragio.
En todas esas cosas raras que hemos tenido bajo el nombre de 'gobiernos democráticos' ha habido agentes violentos, lo cual desvirtúa automáticamente el concepto de democracia. Pero en esta democracia montonera, es decir parida por la violencia irracional originaria, son espeluznantes los elementos vinculados al uso exclusivo y excluyente de la fuerza física: D'Elía, Esteche, Moreno, Freyre, todo el entramado piquetero que corta caminos bajo amenaza al auto y al cuerpo, todo el barrabravaje impune e inmune, toda la estructura de penetración social e institucional intimidatoria que implica La Cámpora (un puntilloso remedo de las primeras Waffen SS de Adolph Hitler), más todos los personajes tirabombas procedentes de aquellas épocas oriundas que sin duda andan bajo los techos oficiales (no hago nombres porque van a pensar en matarme por la espalda). Matones descerebrados que se ocupan de lo que la Constitución llamó 'los negocios de la Nación' y a quienes nosotros pagamos sueldos -u otros estipendios- de riqueza, mientras hay tanta gente que no tiene vivienda.
¿Por qué no hay fiscales que procedan de oficio ante esto, no hay periodistas que se mesen los cabellos como lo hacen todo el tiempo ante cualquier robo de billetera?
¿Por qué los medios no conceden a estas cosas el mismo aire que a cualquier efluvio presidencial? ¿Será porque sus valores pasan únicamente por lo comercial, o porque nosotros no les pagamos y los gobiernos sí y mucho?
La crítica se hace en principio para construir, para mejorar algo; buscarle los defectos a algo es rechazar una parte; es admitir que el resto está bien y esa parte defectuosa está mal. No es esa perenne lógica facciosa de que ‘estás conmigo o estás contra mi’ y si me criticás algo, criticás todo mi ser con fines de eliminarme. Esto es una visión violenta y genera la violencia irracional e irracionalizable que hemos visto y seguimos viendo en nuestra sociedad y en nuestra política, política en buena parte conformada por ineptos, por ignorantes y quilomberos baratos que llegan desde esos lugares sociales de mierda a fuertes lugares estatales, sindicales o mediáticos que les permiten lograr su único fin: la riqueza.
Nuestra política es el mayor negocio del país, el que mejor organizado está y el que más dividendos rinde en el menor tiempo. Es la empresa más eficiente (todo ingreso, nada gasto) y sus puestos de trabajo son los más sólidos: todo es ganancia en todo el tiempo de permanencia en actividad, con garantía de un retiro a la edad que se elija y con todas las riquezas habidas, retiro protegido por una inexpugnable corporación mafiosa de nivel nacional e internacional (la intrincada conjunción de poder político, poder económico y poder comunicacional).
Por supuesto, compatriotas del llano, que semejantes beneficios que comparados con nuestro estándar de vida resulta un liso latrocinio, un despojo y un afano absolutos, serán conseguidos y defendidos con toda la fuerza y la violencia necesarias. Y el primer paso de esa violencia siempre ha sido la exclusión y prohibición de toda crítica, la criminalización de la crítica puesta de modo que cada uno tengamos miedo de siquiera pensar en criticar, que agachemos calmos nuestras cervices y concurramos dóciles a cada acto eleccionario al que ellos no arrean para conseguir el ‘apoyo del pueblo’ a sus posiciones políticas, pueblo que ni entiende y en muchos casos ni quiere lo que vota.
Una política montada sobre un bastidor de violencia física, de coacción a la disidencia, esta violencia que por siglos se aplicó directamente a la comunidad a través de los brazos de soldados y policías, bajo el pretexto de organizar la sociedad en procura de ‘la paz social’, el ‘bien común’, la ‘razón de Estado’. Para oponerse a eso, hace más de 4 décadas apareció Montoneros, que apenas mantuvo esa consigna en sus ideas y en los hechos combatió el fuego con el fuego y toneles de nafta. Fueron más violentos y asesinos que los del sector oficial, robaron más que ellos, sembraron más miedo que ellos, y originaron una reacción más violenta y asesina aún en el establishment, esta vez hasta la lesa humanidad. Los medios, con las mismas caras y los mismos empresarios, sostuvieron todo el esquema: tibios primero con los homicidas insurgentes, condescendientes con los homicidas de la dictadura, y acomodaticios finalmente, poniendo la Historia a favor de los primeros: los únicos homicidas fueron los militares.
Y ahora, esa violencia se aplica bajo la forma de amenaza, para lo cual se crían cuerpos de piqueteros con palos, barrabravas asesinos, grupos de ‘izquierda’, y la “más civilizada” guardia pretoriana del hijito presidencial. Y como sustrato, como telón de fondo, nos mantiene sumergidos en una noción y sensación constante de ‘inseguridad’, para que no dejemos ni por un instante de experimentar lo que ha sido desde siempre su combustible principal: el miedo.
Nos dicen que tenemos que sentirnos inseguros y nos muestran todo el tiempo casos ejemplificadores. Cultivan y fomentan nuestro miedo, que es lo que nos mantiene replegados en nuestras casas y escondidos en nuestros trabajos, todo el día frente a las pantallas que nos renuevan el temor. Nos dejan salir sólo cada dos años, para que cumplamos con la obligación que nos imponen de votarlos para que ellos, los mismos de siempre con algunos entenados nuevos, redistribuyan sus lugares, todos de absoluto privilegio.
Este, el nuestro, es uno de los poquísimos países del Mundo que mantiene obligatorio el sufragio.
En todas esas cosas raras que hemos tenido bajo el nombre de 'gobiernos democráticos' ha habido agentes violentos, lo cual desvirtúa automáticamente el concepto de democracia. Pero en esta democracia montonera, es decir parida por la violencia irracional originaria, son espeluznantes los elementos vinculados al uso exclusivo y excluyente de la fuerza física: D'Elía, Esteche, Moreno, Freyre, todo el entramado piquetero que corta caminos bajo amenaza al auto y al cuerpo, todo el barrabravaje impune e inmune, toda la estructura de penetración social e institucional intimidatoria que implica La Cámpora (un puntilloso remedo de las primeras Waffen SS de Adolph Hitler), más todos los personajes tirabombas procedentes de aquellas épocas oriundas que sin duda andan bajo los techos oficiales (no hago nombres porque van a pensar en matarme por la espalda). Matones descerebrados que se ocupan de lo que la Constitución llamó 'los negocios de la Nación' y a quienes nosotros pagamos sueldos -u otros estipendios- de riqueza, mientras hay tanta gente que no tiene vivienda.
¿Por qué no hay fiscales que procedan de oficio ante esto, no hay periodistas que se mesen los cabellos como lo hacen todo el tiempo ante cualquier robo de billetera?
¿Por qué los medios no conceden a estas cosas el mismo aire que a cualquier efluvio presidencial? ¿Será porque sus valores pasan únicamente por lo comercial, o porque nosotros no les pagamos y los gobiernos sí y mucho?
lunes, 9 de febrero de 2015
¿Moral?
A medida que la electrónica del Siglo XX avanzaba, fueron dándose medios de comunicación social con infinitas posibilidades (radio, televisión, internet) que fueron constituyéndose básicamente de 4 cosas preexistentes: el teatro, la música, la publicidad (crear necesidades donde no las hay y vender por buenas cosas que no lo son) y el periodismo (informar selectivamente con el fin de manipular el pensamiento de la gente). Estas dos últimas, netamente inmorales, terminaron por darles la forma que hoy tienen y generar la sociedad inmoral en la que vivimos.
Pero claro: ¿Qué podemos hablar de moral, si es un concepto prácticamente desconocido porque no lo menciona la tele?
Pero claro: ¿Qué podemos hablar de moral, si es un concepto prácticamente desconocido porque no lo menciona la tele?
LA REALIDAD SIN FILTROS
Dejemos por un rato el zapping de las pantallas e intentemos observar llanamente la realidad tal como se presenta ante nosotros. Si en lugar de pensar como nos dicen los medios, logramos hacerlo por un momento, sólo un momento, sólo como ejercicio, como nos dictan nuestros propios sentidos y razón, lo que veremos del caso Nisman es ésto:
Que se disparan todos los resortes políticos y mediáticos para imprimirle una forma determinada a la situación, pero ninguno para ir develando la verdad e ir desgranándola hacia nosotros, ayudándonos a seguir la investigación real.
Que el presidente se involucra en la investigación, pretendiendo influirla; y nos quiere involucrar a todos en conclusiones anticipadas, pensando en su beneficio.
Que los medios oficialistas (pagados por el gobierno de turno) sólo buscan politizar la investigación y poner a cubierto al presidente, tergiversando o amañando la información.
Que los medios no oficialistas (combatidos por el gobierno) sólo buscan atacar al presidente, tergiversando o amañando la información.
Que la fiscal a cargo de la investigación anda suplicando que no sean manipulados sus dichos (tergiversados y amañados), porque cada palabra que osa decir públicamente, es retransmitida luego a nosotros deformada según el canal que nos lo transmite.
Que no conocemos los detalles técnicos de la investigación, esos que sólo figuran en el expediente sin interpretación ni politización, y que cada nuevo informe al respecto será filtrado y traído a nosotros de acuerdo a los intereses del medio que lo haga.
Y que nosotros estamos felices de tener este elemento atrayente adosado al espectáculo y el chismerío cotidianos y permanentes con que damos sentido a nuestras vidas, y nos importa un comino la verdad de este caso, del caso AMIA, y de las instituciones del país. Sobre todo, porque pensamos que al país, a la sociedad y a la conciencia colectiva los rige el presidente, que también rige las instituciones; y que todos los problemas del país son materia presidencial y se deciden en la rosada.
Claro que todo esto es muy complicado para nuestra visión simplista de la cosa pública. No necesitamos rompernos la cabeza con estas cosas, que además son aburridas. ¡Good show y que Dios salve a la reina!
Que se disparan todos los resortes políticos y mediáticos para imprimirle una forma determinada a la situación, pero ninguno para ir develando la verdad e ir desgranándola hacia nosotros, ayudándonos a seguir la investigación real.
Que el presidente se involucra en la investigación, pretendiendo influirla; y nos quiere involucrar a todos en conclusiones anticipadas, pensando en su beneficio.
Que los medios oficialistas (pagados por el gobierno de turno) sólo buscan politizar la investigación y poner a cubierto al presidente, tergiversando o amañando la información.
Que los medios no oficialistas (combatidos por el gobierno) sólo buscan atacar al presidente, tergiversando o amañando la información.
Que la fiscal a cargo de la investigación anda suplicando que no sean manipulados sus dichos (tergiversados y amañados), porque cada palabra que osa decir públicamente, es retransmitida luego a nosotros deformada según el canal que nos lo transmite.
Que no conocemos los detalles técnicos de la investigación, esos que sólo figuran en el expediente sin interpretación ni politización, y que cada nuevo informe al respecto será filtrado y traído a nosotros de acuerdo a los intereses del medio que lo haga.
Y que nosotros estamos felices de tener este elemento atrayente adosado al espectáculo y el chismerío cotidianos y permanentes con que damos sentido a nuestras vidas, y nos importa un comino la verdad de este caso, del caso AMIA, y de las instituciones del país. Sobre todo, porque pensamos que al país, a la sociedad y a la conciencia colectiva los rige el presidente, que también rige las instituciones; y que todos los problemas del país son materia presidencial y se deciden en la rosada.
Claro que todo esto es muy complicado para nuestra visión simplista de la cosa pública. No necesitamos rompernos la cabeza con estas cosas, que además son aburridas. ¡Good show y que Dios salve a la reina!
Clisé operativo
"Cada vez que observamos una injusticia y no actuamos, estamos entrenando nuestro carácter para ser pasivos y eventualmente, perdemos la habilidad de defendernos a nosotros mismos y a aquellos que amamos."
Julian Assange, creador de Wikileaks
No corresponde a la imagen de sí mismo que porta un argentino promedio, pero es un buen clisé del pensamiento de un ciudadano. Todo lo que en el mundo existe de ciudadanía y democracia, fue construido bajo este concepto primario.
Julian Assange, creador de Wikileaks
No corresponde a la imagen de sí mismo que porta un argentino promedio, pero es un buen clisé del pensamiento de un ciudadano. Todo lo que en el mundo existe de ciudadanía y democracia, fue construido bajo este concepto primario.
EL FISCAL QUE PONEN COMO LACAYO DEL FBI
Cansa francamente la cara de piedra de estos periodistas que junto con el sobre del mes recibieron la orden de desacreditar a Nisman, y toda esta manipulación facciosa que se hace en general de los temas más delicados. Pareciera que todo se reduce a intrigas palaciegas entre políticos, y esa es la realidad que los medios prodigan a la gente de este populacho televisivo, esa que antes éramos llamados 'el pueblo soberano'.
A mí, que ostento la rareza de mantenerme al margen de todo el pelotudeo mediático, lo que me importa es mi condición de ciudadano (otra palabra anticuada y demodeé), igual que la de un fiscal que habría muerto a causa de su trabajo, o la de 51 que murieron en Once por ser pasajeros de la delincuencia estatal y mediática, o los ciento y pico de Cromagnon, o los cien de AMIA y la embajada, y los de Río Tercero, y todas las familias argentinas destrozadas que dejaron por ahí.
Si yo estuviese a cargo de semejante causa en una republiqueta agrícolaganadera de alta gama tapizada de smartphones, cero kilómetros y tarjetas de crédito, recurriría sin dudar a algún aliado internacional que pueda enseñarme a moverme en este berenjenal y también acompañarme en su fango. Y si tengo maestros, les doy explicaciones de algunas cosas que hago y les pido disculpas si me equivoco. Eso no quiere decir que en la parte decisoria de mi trabajo yo vaya a hacer lo que el FBI y la embajada me digan. Además, EEUU es casi lo mismo que Israel, lo cual en términos jurídicos, equivale al 'particular damnificado', alguien con pleno derecho a activar la investigación.
Pero como corresponde a una republiqueta que se precie, los que tienen que formar opinión lo hacen desde el más absoluto desconocimiento del terreno sobre el cual opinan, poniendo en juego sólo las producciones fantásticas y sensacionales que ese desconocimiento les facilita y que de paso, abonan su negocio del espectáculo y de la captura emocional del espectador.
Cualquiera que sepa lo que es una investigación de este tipo, se da cuenta de que este fiscal ha hecho sin duda algo, y ha generado material que está en algún lado y que va a operar más allá de su muerte. Y de que el afectado acá no es el cipayaje gubernamental argentino (con los nombres de hoy o los de cualquier otra época), sino el terrorismo internacional iraní, a quien sí se subordinó el ejecutivo local, porque no le da la cabeza ni el cuero para nada mejor. Y creo en eso porque el fiscal dice que tiene las pruebas, y si lo dice, es porque las tiene.
Los funcionarios judiciales no son como los mediáticos, son responsables. Por eso no hablan públicamente hasta no tener documentado lo que van a decir, no hacen inferencias temerarias, y también evitan hablar todo lo que puedan, porque saben que cada palabra que digan será usada en su contra por esa banda de simios televisivos, segun estamos viendo a cada instante.
Pero por suerte y obra de generaciones anteriores a la pavada mediática, anteriores a esta sociedad del espectáculo, tenemos un aparato judicial grande, sólido, y con todas las posibilidades de ser independiente, cuando sus funcionarios así lo deseen. Este fiscal da la impresión de haber investigado en serio, de lo que da fe el que tenga escuchas independientes, puesto que espió durante mucho tiempo teléfonos de la SIDE y el riñón del ejecutivo, sin que ellos lo supieran. Esto se puede hacer sólo si el aparato al cual se pertenece está dando capacidad de maniobra y garantías de independencia. Si no, van corriendo a decirles que les tienen pinchados los teléfonos.
No podemos soslayar que en esta fiscalía especial y en una situación muy especial, hubo un argentino y su equipo de argentinos que trabajaron en serio a un nivel muy alto y comprometiendo su seguridad, y esto sí implica una gran novedad en el país de Tinelli y cía. Y acá hay material producido, con o sin la ayuda o dirección del FBI, que yo quiero conocer antes de formarme opinión.
Y no quiero conocer lo que inventan los periodistas.
A mí, que ostento la rareza de mantenerme al margen de todo el pelotudeo mediático, lo que me importa es mi condición de ciudadano (otra palabra anticuada y demodeé), igual que la de un fiscal que habría muerto a causa de su trabajo, o la de 51 que murieron en Once por ser pasajeros de la delincuencia estatal y mediática, o los ciento y pico de Cromagnon, o los cien de AMIA y la embajada, y los de Río Tercero, y todas las familias argentinas destrozadas que dejaron por ahí.
Si yo estuviese a cargo de semejante causa en una republiqueta agrícolaganadera de alta gama tapizada de smartphones, cero kilómetros y tarjetas de crédito, recurriría sin dudar a algún aliado internacional que pueda enseñarme a moverme en este berenjenal y también acompañarme en su fango. Y si tengo maestros, les doy explicaciones de algunas cosas que hago y les pido disculpas si me equivoco. Eso no quiere decir que en la parte decisoria de mi trabajo yo vaya a hacer lo que el FBI y la embajada me digan. Además, EEUU es casi lo mismo que Israel, lo cual en términos jurídicos, equivale al 'particular damnificado', alguien con pleno derecho a activar la investigación.
Pero como corresponde a una republiqueta que se precie, los que tienen que formar opinión lo hacen desde el más absoluto desconocimiento del terreno sobre el cual opinan, poniendo en juego sólo las producciones fantásticas y sensacionales que ese desconocimiento les facilita y que de paso, abonan su negocio del espectáculo y de la captura emocional del espectador.
Cualquiera que sepa lo que es una investigación de este tipo, se da cuenta de que este fiscal ha hecho sin duda algo, y ha generado material que está en algún lado y que va a operar más allá de su muerte. Y de que el afectado acá no es el cipayaje gubernamental argentino (con los nombres de hoy o los de cualquier otra época), sino el terrorismo internacional iraní, a quien sí se subordinó el ejecutivo local, porque no le da la cabeza ni el cuero para nada mejor. Y creo en eso porque el fiscal dice que tiene las pruebas, y si lo dice, es porque las tiene.
Los funcionarios judiciales no son como los mediáticos, son responsables. Por eso no hablan públicamente hasta no tener documentado lo que van a decir, no hacen inferencias temerarias, y también evitan hablar todo lo que puedan, porque saben que cada palabra que digan será usada en su contra por esa banda de simios televisivos, segun estamos viendo a cada instante.
Pero por suerte y obra de generaciones anteriores a la pavada mediática, anteriores a esta sociedad del espectáculo, tenemos un aparato judicial grande, sólido, y con todas las posibilidades de ser independiente, cuando sus funcionarios así lo deseen. Este fiscal da la impresión de haber investigado en serio, de lo que da fe el que tenga escuchas independientes, puesto que espió durante mucho tiempo teléfonos de la SIDE y el riñón del ejecutivo, sin que ellos lo supieran. Esto se puede hacer sólo si el aparato al cual se pertenece está dando capacidad de maniobra y garantías de independencia. Si no, van corriendo a decirles que les tienen pinchados los teléfonos.
No podemos soslayar que en esta fiscalía especial y en una situación muy especial, hubo un argentino y su equipo de argentinos que trabajaron en serio a un nivel muy alto y comprometiendo su seguridad, y esto sí implica una gran novedad en el país de Tinelli y cía. Y acá hay material producido, con o sin la ayuda o dirección del FBI, que yo quiero conocer antes de formarme opinión.
Y no quiero conocer lo que inventan los periodistas.
PATÉTICA SUBJETIVIDAD
Este ¡Gran pueblo argentino, salud! que salud sería precisamente lo que más está necesitando, atraviesa otra de las incontables pruebas que su mal labrado destino está presentando a su subjetividad. Llamativa, pintoresca subjetividad.
En el sistema republicano que le debemos a nuestros próceres desde hace ya siglo y medio, yo soy lo importante, el ciudadano. El presidente no es demasiado importante, es el responsable de un poder del Estado y de un enorme cuerpo de empleados públicos que están a mi servicio a cambio de un sueldo. Por descontado que su estatus es algo, pero como profesional. No es el rey ni el emperador, es un funcionario que aunque sea político, asume su mandato con la obligación de hacer un trabajo. En tanto sigamos siendo tan infantiles de poner a la figura presidencial en un trono (o aceptar que ella así se ponga) y acatar a la corte política y mediática que allí lo sostiene, seguiremos siendo presa fácil de la cohorte delincuencial que habitualmente nos gobierna (oposición incluida) y sólo nos provee de cierta tranquilidad para trabajar y consumir, pero nos priva del efecto de las instituciones que fueron creadas para que nuestra tranquilidad y nuestro bienestar sean mucho más amplios.
Un fiscal muerto dispara una vez más los remanidos mecanismos mentales que sostienen esa retrogadación de siempre, la misma que nos mantiene una o dos centurias atrás en cuanto a mentalidad cívica o política. Todos tenemos una versión de los hechos, pero existe casi una versión por persona. Y es una versión arbitraria y fantástica, puesto que no se cuenta con información pública suficiente acerca de la investigación y acerca de este hecho en sí. No alcanzamos a entender la necesidad de contar con una versión unificada y compartida, ni que en cuestiones criminales la única opinión posible es la que de acuerdo a Derecho (a la Ley) emana de quienes tienen acceso directo a los hechos, que no son los periodistas. Hay una institución básica que se ocupa con exclusividad de estas cosas y que tiene todas las facultades necesarias a ese cometido y es la Justicia, o sea, el aparato judicial-policial. Y no hay ninguna otra fuente de verdad en ese ámbito.
Empero, nuestros periodistas puentean a la Justicia tachándola de inconfiable y generan ellos su propias verdades, sin tener contacto fehaciente con los hechos; desacreditan a los funcionarios judiciales para asumir ellos la producción de verdad. Y nosotros se la compramos alegremente, sabiendo que son informes parciales y amañados, a los cuales encima agregamos la literatura personal de cada quien. Y así, la verdad pasa a incluirse en el chismerío barato que diariamente nos provee el negocio del entretenimiento, al cual los periodistas pertenecen.
El crimen no se inscribe en el entretenimiento, es algo más serio que eso porque tiene que ver con el dolor y la muerte que nos causan congéneres nuestros. No es área de la farándula sino de la Justicia, que es un servicio público (para todos y cada uno) obligatorio y gratuito. Yo soy su destinatario, no los periodistas. Estos deben limitarse a publicar los contenidos del expediente judicial, en lugar de hacer las deliradas y hasta cómicas conjeturas con que alimentan la curiosidad popular. Y con las que de paso, construyen esta subjetividad desmañada, tonta, primitiva, de la que hacemos gran gala cada vez que algo tremendo acaece y nos vemos ante la necesidad psicológica de ser dueños individuales de la verdad al respecto.
La verdad puesta a nivel individual no es más que la versión que a mí más me gusta de los hechos; y si es la que más me gusta, es porque es la que más necesito psicológicamente, la que mejor llena mis inseguridades y carencias personales. Y lo que está primando es la sempiterna visión conspirativa, donde todo es una intriga de palacio con los poderosos empleando a sus esbirros para matarse entre ellos. Por caso, la muerte de Mariano Moreno en 1811 no fue por una enfermedad sino un asesinato; y esto se dice, cree y sostiene sin el menor asidero concreto, sin la menor prueba o indicio consistente. Significa que yo decido creer que fue así, no que estoy queriendo conocer la verdad.
Si lo que necesito es ver que los gobernantes y demás poderosos son ilimitados e impunes, es porque de esta manera confirmo mi angustiante sensación de pequeñez, de ser nadie y nada, de no tener la menor influencia. Esto no es el ciudadano, no es lo que este presunto sistema democrático nos dice que somos. Esto corresponde al sujeto de la chusma y el populacho, el vasallo clientelar, el súbdito del tirano, el siervo del dueño, al enano totalitario, a quien sólo existe en la medida en que logra confirmar a sus grandes jefes en sus grandes sitiales de gran poder. A fin de cuentas, al que tiene miedo y sólo logra conjurarlo mediante fantasías y distracciones.
La verdad no le interesa, no es asunto suyo; da por sentado que por más que la tuviese, nada podrá hacer con ella contra el infinito poder que tienen en el palacio.
Y los periodistas, que debieran preocuparse exclusivamente por defender nuestra condición de ciudadanos proponiéndonos opinión acorde, están mucho más preocupados por defender el negocio de quienes les pagan.
En el sistema republicano que le debemos a nuestros próceres desde hace ya siglo y medio, yo soy lo importante, el ciudadano. El presidente no es demasiado importante, es el responsable de un poder del Estado y de un enorme cuerpo de empleados públicos que están a mi servicio a cambio de un sueldo. Por descontado que su estatus es algo, pero como profesional. No es el rey ni el emperador, es un funcionario que aunque sea político, asume su mandato con la obligación de hacer un trabajo. En tanto sigamos siendo tan infantiles de poner a la figura presidencial en un trono (o aceptar que ella así se ponga) y acatar a la corte política y mediática que allí lo sostiene, seguiremos siendo presa fácil de la cohorte delincuencial que habitualmente nos gobierna (oposición incluida) y sólo nos provee de cierta tranquilidad para trabajar y consumir, pero nos priva del efecto de las instituciones que fueron creadas para que nuestra tranquilidad y nuestro bienestar sean mucho más amplios.
Un fiscal muerto dispara una vez más los remanidos mecanismos mentales que sostienen esa retrogadación de siempre, la misma que nos mantiene una o dos centurias atrás en cuanto a mentalidad cívica o política. Todos tenemos una versión de los hechos, pero existe casi una versión por persona. Y es una versión arbitraria y fantástica, puesto que no se cuenta con información pública suficiente acerca de la investigación y acerca de este hecho en sí. No alcanzamos a entender la necesidad de contar con una versión unificada y compartida, ni que en cuestiones criminales la única opinión posible es la que de acuerdo a Derecho (a la Ley) emana de quienes tienen acceso directo a los hechos, que no son los periodistas. Hay una institución básica que se ocupa con exclusividad de estas cosas y que tiene todas las facultades necesarias a ese cometido y es la Justicia, o sea, el aparato judicial-policial. Y no hay ninguna otra fuente de verdad en ese ámbito.
Empero, nuestros periodistas puentean a la Justicia tachándola de inconfiable y generan ellos su propias verdades, sin tener contacto fehaciente con los hechos; desacreditan a los funcionarios judiciales para asumir ellos la producción de verdad. Y nosotros se la compramos alegremente, sabiendo que son informes parciales y amañados, a los cuales encima agregamos la literatura personal de cada quien. Y así, la verdad pasa a incluirse en el chismerío barato que diariamente nos provee el negocio del entretenimiento, al cual los periodistas pertenecen.
El crimen no se inscribe en el entretenimiento, es algo más serio que eso porque tiene que ver con el dolor y la muerte que nos causan congéneres nuestros. No es área de la farándula sino de la Justicia, que es un servicio público (para todos y cada uno) obligatorio y gratuito. Yo soy su destinatario, no los periodistas. Estos deben limitarse a publicar los contenidos del expediente judicial, en lugar de hacer las deliradas y hasta cómicas conjeturas con que alimentan la curiosidad popular. Y con las que de paso, construyen esta subjetividad desmañada, tonta, primitiva, de la que hacemos gran gala cada vez que algo tremendo acaece y nos vemos ante la necesidad psicológica de ser dueños individuales de la verdad al respecto.
La verdad puesta a nivel individual no es más que la versión que a mí más me gusta de los hechos; y si es la que más me gusta, es porque es la que más necesito psicológicamente, la que mejor llena mis inseguridades y carencias personales. Y lo que está primando es la sempiterna visión conspirativa, donde todo es una intriga de palacio con los poderosos empleando a sus esbirros para matarse entre ellos. Por caso, la muerte de Mariano Moreno en 1811 no fue por una enfermedad sino un asesinato; y esto se dice, cree y sostiene sin el menor asidero concreto, sin la menor prueba o indicio consistente. Significa que yo decido creer que fue así, no que estoy queriendo conocer la verdad.
Si lo que necesito es ver que los gobernantes y demás poderosos son ilimitados e impunes, es porque de esta manera confirmo mi angustiante sensación de pequeñez, de ser nadie y nada, de no tener la menor influencia. Esto no es el ciudadano, no es lo que este presunto sistema democrático nos dice que somos. Esto corresponde al sujeto de la chusma y el populacho, el vasallo clientelar, el súbdito del tirano, el siervo del dueño, al enano totalitario, a quien sólo existe en la medida en que logra confirmar a sus grandes jefes en sus grandes sitiales de gran poder. A fin de cuentas, al que tiene miedo y sólo logra conjurarlo mediante fantasías y distracciones.
La verdad no le interesa, no es asunto suyo; da por sentado que por más que la tuviese, nada podrá hacer con ella contra el infinito poder que tienen en el palacio.
Y los periodistas, que debieran preocuparse exclusivamente por defender nuestra condición de ciudadanos proponiéndonos opinión acorde, están mucho más preocupados por defender el negocio de quienes les pagan.
Época
Suelo cerrar mi FB para evitarme este despropósito, que aun caricaturesco, no deja de reflejar la realidad de una época infame.
Infame porque dedica sus mejores esfuerzos y argucias a impedirnos ver y evaluar el mundo por nosotros mismos y llevarnos a que lo comprendamos como le conviene a una minoría privilegiada.
No es que dejaron de primar los uniformes en la calle porque triunfó la democracia: es que hoy el disciplinamiento social se puede hacer con éxito desde los medios y el capitalismo ya no necesita la fuerza física.
Imagen de Pawel Kuczynski
DEBO PRESENTARME...
Abro este espacio cuando cumplo 60 años de vivir en este país, indefinible país. Hermoso territorio, hermosa gente, hermosa multirracialidad, hermosa comida, y una hermosa Buenos Aires. Y también, una magra institucionalidad, con una mentalidad concomitante instalada en una sociedad que no logra tomar real conciencia de lo público.
De nuestro cariz institucional nos deriva un Estado deshonesto administrado por funcionarios oportunistas y políticos delincuentes (cleptocracia). A casi todos nos molesta esto, pero hay muchas otras cosas que nos molestan más. A mí, esto me molestó siempre en primer lugar, y no tuve la ocasión de poder convivir en relativa paz con el problema: me callé, me desconecté, me aislé.
Empero, la muerte violenta de un fiscal precipitó más de lo que puedo callar; además, no soy un buen callador, hablo y mucho, no hablo sencillo, sino complejo y con muchas vueltas. Al menos en cuestiones de política, no tengo el pensamiento simplista del argentino medio, que vive más hacia afuera y no se rompe la cabeza; sólo mira y siente, es un espectador, un voyeur.
Para decir estas cosas, es necesario presentarse con algunas credenciales que acrediten cierta idoneidad. No tengo entidad pública, no tengo fama ni nombre: no sería nadie para decirlas. Sin embargo, las digo en nombre de mi libertad de expresión como ciudadano, y con respeto por el criterio de mis pares conciudadanos: lo que espero es que muchos de ellos reparen en lo que digo y no en lo que soy. La democracia implica un culto de las ideas con supresión del culto a la personalidad: importa lo que se piensa, se dice y se realiza mucho más que quién lo haga. La cacareada democracia es un sistema político-jurídico denominado técnicamente ‘sociedad liberal de derecho’, y es para gente inteligente y consciente, los llamados ‘ciudadanos’, que son algo más que los actuales trabajadores-consumidores-espectadores.
Caerán en la cuenta de lo que todavía falta al mundo para llegar a ella. Pero más a nosotros, que habitamos un contexto totalitario (sociedad totalitaria con partidos políticos totalitarios que sostienen un régimen totalitario). Es un totalitarismo atenuado, como fueron en su momento los fascismos y algunas teocracias, que bien podría llamarse totalitarismo de mercado.
Siendo un técnico formado en la industria automotriz, conozco la ley y el Estado porque pasé mi juventud como jerárquico de la policía. Estudié periodismo (en 1982, sin finalizar) y psicología (counselor egresado en 2012), y leí y entendí muchos libros de humanidades y ciencias sociales. Soy pensador y escritor (un ensayo publicado) por naturaleza, o sea, un curioso maniático y un observador incansable; y sé de la calle argentina porque ella fue mi pasión, siempre estuve ahí. Nunca estuve encerrado en una oficina ni en mi casa viendo el mundo en la televisión: siempre fui a ver, sentir y pensar las cosas por mí mismo, y por años entrevisté gente siendo taxista y remisero. Soy un argentino que conoce bien todo lo argentino, mucho de lo cual me tiene definitivamente cansado. Y al resto, lo que no me disgusta, francamente lo amo.
Amo a mi país, amo a mi nación, amo a mi patria, amo a mi gente. Y a ninguno de ellos quiero verlo así como está, simplemente porque podía y puede estar mucho mejor. Lo que yo diga será lo que miré, vi y aprendí a lo largo de mi vida, y tiene un valor porque está obtenido desde un punto de vista objetivo, científico, y lo más importante, por fuera del discurso religioso-político-mediático. Lo mío es un intento de apreciación llana y directa de la realidad circundante, sería realidad pura, quizás demasiada realidad para lo que el Siglo XX nos acostumbró a apreciar.
Por ende, una cosa que no me interesará en este blog es la intromisión del discurso mediático, impregnado en el pensar y el decir de cada persona. Hay gente que entiende esto y puede discriminar la realidad real de la realidad mediática; pero hay muchísima otra que no distingue y habita esa realidad ficcional creyendo que es la real.
Haré aquí una profunda detractación de los medios de comunicación social; dejo en claro que cuando esté denostando a 'los medios' o 'los periodistas', no estaré aludiendo a todos: solamente, a la gran mayoría.
De nuestro cariz institucional nos deriva un Estado deshonesto administrado por funcionarios oportunistas y políticos delincuentes (cleptocracia). A casi todos nos molesta esto, pero hay muchas otras cosas que nos molestan más. A mí, esto me molestó siempre en primer lugar, y no tuve la ocasión de poder convivir en relativa paz con el problema: me callé, me desconecté, me aislé.
Empero, la muerte violenta de un fiscal precipitó más de lo que puedo callar; además, no soy un buen callador, hablo y mucho, no hablo sencillo, sino complejo y con muchas vueltas. Al menos en cuestiones de política, no tengo el pensamiento simplista del argentino medio, que vive más hacia afuera y no se rompe la cabeza; sólo mira y siente, es un espectador, un voyeur.
Para decir estas cosas, es necesario presentarse con algunas credenciales que acrediten cierta idoneidad. No tengo entidad pública, no tengo fama ni nombre: no sería nadie para decirlas. Sin embargo, las digo en nombre de mi libertad de expresión como ciudadano, y con respeto por el criterio de mis pares conciudadanos: lo que espero es que muchos de ellos reparen en lo que digo y no en lo que soy. La democracia implica un culto de las ideas con supresión del culto a la personalidad: importa lo que se piensa, se dice y se realiza mucho más que quién lo haga. La cacareada democracia es un sistema político-jurídico denominado técnicamente ‘sociedad liberal de derecho’, y es para gente inteligente y consciente, los llamados ‘ciudadanos’, que son algo más que los actuales trabajadores-consumidores-espectadores.
Caerán en la cuenta de lo que todavía falta al mundo para llegar a ella. Pero más a nosotros, que habitamos un contexto totalitario (sociedad totalitaria con partidos políticos totalitarios que sostienen un régimen totalitario). Es un totalitarismo atenuado, como fueron en su momento los fascismos y algunas teocracias, que bien podría llamarse totalitarismo de mercado.
Siendo un técnico formado en la industria automotriz, conozco la ley y el Estado porque pasé mi juventud como jerárquico de la policía. Estudié periodismo (en 1982, sin finalizar) y psicología (counselor egresado en 2012), y leí y entendí muchos libros de humanidades y ciencias sociales. Soy pensador y escritor (un ensayo publicado) por naturaleza, o sea, un curioso maniático y un observador incansable; y sé de la calle argentina porque ella fue mi pasión, siempre estuve ahí. Nunca estuve encerrado en una oficina ni en mi casa viendo el mundo en la televisión: siempre fui a ver, sentir y pensar las cosas por mí mismo, y por años entrevisté gente siendo taxista y remisero. Soy un argentino que conoce bien todo lo argentino, mucho de lo cual me tiene definitivamente cansado. Y al resto, lo que no me disgusta, francamente lo amo.
Amo a mi país, amo a mi nación, amo a mi patria, amo a mi gente. Y a ninguno de ellos quiero verlo así como está, simplemente porque podía y puede estar mucho mejor. Lo que yo diga será lo que miré, vi y aprendí a lo largo de mi vida, y tiene un valor porque está obtenido desde un punto de vista objetivo, científico, y lo más importante, por fuera del discurso religioso-político-mediático. Lo mío es un intento de apreciación llana y directa de la realidad circundante, sería realidad pura, quizás demasiada realidad para lo que el Siglo XX nos acostumbró a apreciar.
Por ende, una cosa que no me interesará en este blog es la intromisión del discurso mediático, impregnado en el pensar y el decir de cada persona. Hay gente que entiende esto y puede discriminar la realidad real de la realidad mediática; pero hay muchísima otra que no distingue y habita esa realidad ficcional creyendo que es la real.
Haré aquí una profunda detractación de los medios de comunicación social; dejo en claro que cuando esté denostando a 'los medios' o 'los periodistas', no estaré aludiendo a todos: solamente, a la gran mayoría.
Aburrido
Cuando estoy inactivo o quizás aburrido, aprovecho para ejercitar el control de mi vida y me pongo a pensar en mis cosas. Cuando estoy inactivo o aburrido y no me importa que el control de mi vida lo tengan otros, enciendo el televisor o leo un diario, para que me digan cómo se piensan mis cosas.
LEITMOTIV
Como leitmotiv, transcribo un párrafo de mi amiga Graciela: "Yo subestimo la capacidad de informarse, expresarse y manifestarse de la mayoría de los ciudadanos porque escucho y leo que, en general, repiten como loros lo que reciben de los medios de comunicación, no hay razonamiento que medie entre lo que se recibe como información y lo que se expresa y, para colmo de males, ésas ideas las comunican, pretensiosamente, como originales y propias."
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