El 24 de marzo se conmemora el pasaje de nuestra historia que por los hechos previos y los posteriores a esa fecha, es sin duda el más desgraciado.
¿Es esto para celebrar con un feriado de 4 días que incluye minivacaciones en la costa, del mismo modo en que se festejan eventos que provienen de y mueven a la alegría?
Me pregunto si esto es lo que estos gobiernos montoneros que estamos teniendo creen que es lo oportuno, o si este es el respeto que sienten por víctimas y mártires de aquellos hechos.
Me pregunto también que es lo que nos pasa a nosotros con todo esto, y me respondo que no nos pasa nada, o que sólo nos pasa nuestro eterno deseo de seguir divirtiéndonos, de seguir esquivando el complicarnos la vida con ideas responsables.
Me respondo también que este feriado era para honrar la memoria, esa que tanto nos falta. Y que por supuesto, hicimos con él lo nuestro: banalizarlo como banalizamos todo. Convertirlo en otro culto a la desmemoria.
De nuestros gobiernos no podemos esperar nada mejor. Pero nosotros como pueblo y como individuos, podríamos dejar de ser los simplones desentendidos de siempre.
Vamos a hablar acerca de nuestra sociedad, una sociedad de irresponsabilidad ilimitada. Cuestionaremos el medio institucional (argentinomedio), la subjetividad del ser nacional promedio (argentinomedio) y, muy especialmente, a los medios masivos de comunicación social (argentinomedio). No haremos política, salvo revisar los conceptos con los que se nos educa y dirige. Quedan invitados quienes quieran colocarse fuera de la liviandad que nos es habitual.
martes, 17 de marzo de 2015
viernes, 13 de marzo de 2015
Ley a medias
Extractado de "La investigación por Nisman"
O sea, que tenemos una vida menor a cambio de seguir nuestros antojos en las cuestiones menores.
Las sociedades que comprendieron que la ley es lo que las hace crecer y mejorar, no admiten que ningún individuo se ponga por encima de ella. Nosotros en cambio, idolatramos a quienes la hacen a un lado, sustituyéndola por su propia voluntad.
Las sociedades que comprendieron que la ley es lo que las hace crecer y mejorar, no admiten que ningún individuo se ponga por encima de ella. Nosotros en cambio, idolatramos a quienes la hacen a un lado, sustituyéndola por su propia voluntad.
jueves, 12 de marzo de 2015
Nuestro tercermundismo
Extractado de "POR QUÉ SOMOS SUBDESARROLLADOS"
Democrático implica una centralidad del ciudadano, y no una del poder político como es en el subdesarrollo. Implica que no se piensa al poder político como un ente superior e inaccesible, sino que se lo ve como un conjunto de servidores públicos sometidos a control. Que esto quizás luego no sea tan así, es otra cosa: lo importante es cómo piensa la gente, lo cual en un dado momento le conferirá posición y recursos para operar sobre su dirigencia.
En el Primer Mundo la ciudadanía es material de consulta permanente, o al menos así es conceptualizada. Aquí sólo es un público, un espectador, una masa votante y consumidora. La misma gente se ve a sí misma de ese modo, y ni siquiera se le ocurre pensar en un protagonismo en cual sea realmente tenida en cuenta como sujeto de la política.
Democrático implica una centralidad del ciudadano, y no una del poder político como es en el subdesarrollo. Implica que no se piensa al poder político como un ente superior e inaccesible, sino que se lo ve como un conjunto de servidores públicos sometidos a control. Que esto quizás luego no sea tan así, es otra cosa: lo importante es cómo piensa la gente, lo cual en un dado momento le conferirá posición y recursos para operar sobre su dirigencia.
En el Primer Mundo la ciudadanía es material de consulta permanente, o al menos así es conceptualizada. Aquí sólo es un público, un espectador, una masa votante y consumidora. La misma gente se ve a sí misma de ese modo, y ni siquiera se le ocurre pensar en un protagonismo en cual sea realmente tenida en cuenta como sujeto de la política.
miércoles, 11 de marzo de 2015
INSEGURIDAD TELEVISIVA
¡Qué inseguridad hay! -me dice una señora de mi edad.
Siempre hubo inseguridad -repliqué, siempre hubo robos y homicidios...
¡Noooo! -reclama ella- Lo que se ve hoy no se vio nunca.
Es verdad -concedo yo- antiguamente la televisión no mostraba nada de esto. Pero todos sabíamos que las cosas sucedían.
¡Pero no como hoy, no mataban a tanta gente como hoy! -siguió.
¿A cuánta gente matan hoy? -pregunté.
Todo el tiempo se ve que matan gente -me aclaró.
Se ve en la televisión -amplié.
No, lo dice todo el mundo, toda la gente dice eso...
Toda la gente dice lo que la televisión dice...
¡Pero si todos tenemos miedo!
Claro que lo tenemos -afirmé-, porque la televisión dice que hay que tenerlo...
No, no es así. Ahora hay mucha más inseguridad que nunca -terminó ella, categórica.
Pero al hablar de inseguridad en una sociedad de 40 millones de personas, hay que hablar de estadísticas. Estas dicen que la proporción de hechos delictivos por habitante se ha mantenido a lo largo de las décadas y es un fenómeno sociológico con variables que no puede controlar el Estado. Las comisarías y juzgados estaban tapados de causas y las cárceles llenas de presos, igual que ahora.
Hace 25 años el canal 9 vio un negocio en Luis Patti y empezó a darle entidad a la crónica policial con José de Ser en Nuevediario. Y luego con el caso Cabezas (1997) lo policial quedó instalado en los medios como un fuerte caballito de batalla. Políticamente, esto conviene porque mantiene a la gente amedrentada, lo cual favorece al régimen populista (totalitario) y al consumo; la gente tiene que tener miedo para seguir siendo dependiente (sociedad totalitaria).
La seguridad pasó a la fantasía de ser un fenómeno mediático distractivo y disciplinador, a la par del fútbol y tantos otros que nuestros flautistas de Hamelin fabrican continuamente.
Una pequeña prueba: hace 30 o 40 años, alguien a quien asaltaban iba a hacer la denuncia, lo comentaba con sus conocidos, trataba de olvidar el hecho y lo anotaba en pérdidas. Pero no iba a decir que fue porque hay mucha inseguridad. Esto se dice hoy porque lo dice la tele.
miércoles, 4 de marzo de 2015
LA INVESTIGACIÓN POR NISMAN
Yo estuve 14 años en la policía, toda mi juventud, siempre con protagonismo investigativo. Pero portaba un error conceptual: quería hacer el trabajo como lo marca la ley, es decir, persiguiendo de manera automática al delito y a su autor. Habiendo llegado a conocer en profundidad la conformación y tónica de funcionamiento del Estado, nunca quise aceptar esa realidad que me pareció demasiado miserable, y esto me costó una carrera que no era un genuino servicio sino un negocio, porque en estos lares del mundo, todo es negocio. La policía, la justicia, la política y todo lo institucional tiene que dejar dinero, aunque no sea más que como canonjía, un trabajo cómodo, bien pago y con privilegios.
Nada tiene de malo ganar un buen pasar con un empleo estatal, si al mismo tiempo se realiza bien el trabajo, como sucede en el Primer Mundo o en países que van hacia allí. Y tiene todo de malo el llevarse los beneficios sin hacer el trabajo o haciéndolo a medias, o directamente mal o al revés, tal como es en el Subdesarrollo y tal como nosotros, los argentinos, hicimos y hacemos escuela.
La primera institución de cualquier país ordenado y viable, es la Ley. A nosotros no nos interesa mucho la ley, porque implica renunciar a lo que creemos beneficios y ventajas de nuestro estilo de vida: el hacer lo que cada uno quiere, cosa que entendemos como libertad. Creemos que hacemos lo que queremos y que con la ley, sólo viviremos para cumplir obligaciones. Lo que no queremos entender es que hacemos lo que queremos en los temas de menor importancia, y esto nos impide hacer o tener lo que queremos en los asuntos de gran importancia.
O sea, que tenemos una vida menor a cambio de seguir nuestros antojos en las cuestiones menores.
Las sociedades que comprendieron que la ley es lo que las hace crecer y mejorar, no admiten que ningún individuo se ponga por encima de ella. Nosotros en cambio, idolatramos a quienes la hacen a un lado, sustituyéndola por su propia voluntad.
Cuando el presidente Nixon fue acusado por el espionaje de Watergate, renunció sabiendo que la sociedad no iba a perdonarle eso. Cuando el presidente Clinton quedó en evidencia por su affaire sexual en la casa de gobierno, renunció porque la sociedad no toleró sus intentos de permanencia. Cuando nuestros presidentes y sus séquitos reiterada y públicamente quiebran leyes, nosotros los aplaudimos y los seguimos votando.
La investigación criminal no sale de tal esquema. No la hacemos de acuerdo a derecho, sino que se adapta a los personajes implicados. Esto que también sucede en los países avanzados, pero como excepción, entre nosotros es la regla.
No pueden existir dudas de que en la causa Nisman se están moviendo influencias y lobbys variados, amén de las presiones que se han visto públicamente: el ataque abierto a fiscales; la mención de un ‘partido judicial’, que produce una división interna en la Justicia, y esto debilita a quienes pugnan por trabajar sobre la verdad. También los afecta la acción distorsiva de los medios y la mirada de jueces a sueldo del Ejecutivo, pagos de los que se encargaba la SIDE, y seguirá encargándose, ahora con otro nombre.
Y sigue palmaria la falta de respeto a la inteligencia del pueblo, al estatus ciudadano de la gente. Todo lo que nuestros abnegados medios están mostrando es la consabida pavada politiquera, y todo lo que nuestro gobierno de ‘tenemos patria’ hace, es politizar más y más la investigación, para interferirla y para que cuando nos llegue algún dato cierto, la confusión no nos permita creerlo.
Nada tiene de malo ganar un buen pasar con un empleo estatal, si al mismo tiempo se realiza bien el trabajo, como sucede en el Primer Mundo o en países que van hacia allí. Y tiene todo de malo el llevarse los beneficios sin hacer el trabajo o haciéndolo a medias, o directamente mal o al revés, tal como es en el Subdesarrollo y tal como nosotros, los argentinos, hicimos y hacemos escuela.
La primera institución de cualquier país ordenado y viable, es la Ley. A nosotros no nos interesa mucho la ley, porque implica renunciar a lo que creemos beneficios y ventajas de nuestro estilo de vida: el hacer lo que cada uno quiere, cosa que entendemos como libertad. Creemos que hacemos lo que queremos y que con la ley, sólo viviremos para cumplir obligaciones. Lo que no queremos entender es que hacemos lo que queremos en los temas de menor importancia, y esto nos impide hacer o tener lo que queremos en los asuntos de gran importancia.
O sea, que tenemos una vida menor a cambio de seguir nuestros antojos en las cuestiones menores.
Las sociedades que comprendieron que la ley es lo que las hace crecer y mejorar, no admiten que ningún individuo se ponga por encima de ella. Nosotros en cambio, idolatramos a quienes la hacen a un lado, sustituyéndola por su propia voluntad.
Cuando el presidente Nixon fue acusado por el espionaje de Watergate, renunció sabiendo que la sociedad no iba a perdonarle eso. Cuando el presidente Clinton quedó en evidencia por su affaire sexual en la casa de gobierno, renunció porque la sociedad no toleró sus intentos de permanencia. Cuando nuestros presidentes y sus séquitos reiterada y públicamente quiebran leyes, nosotros los aplaudimos y los seguimos votando.
La investigación criminal no sale de tal esquema. No la hacemos de acuerdo a derecho, sino que se adapta a los personajes implicados. Esto que también sucede en los países avanzados, pero como excepción, entre nosotros es la regla.
No pueden existir dudas de que en la causa Nisman se están moviendo influencias y lobbys variados, amén de las presiones que se han visto públicamente: el ataque abierto a fiscales; la mención de un ‘partido judicial’, que produce una división interna en la Justicia, y esto debilita a quienes pugnan por trabajar sobre la verdad. También los afecta la acción distorsiva de los medios y la mirada de jueces a sueldo del Ejecutivo, pagos de los que se encargaba la SIDE, y seguirá encargándose, ahora con otro nombre.
Y sigue palmaria la falta de respeto a la inteligencia del pueblo, al estatus ciudadano de la gente. Todo lo que nuestros abnegados medios están mostrando es la consabida pavada politiquera, y todo lo que nuestro gobierno de ‘tenemos patria’ hace, es politizar más y más la investigación, para interferirla y para que cuando nos llegue algún dato cierto, la confusión no nos permita creerlo.
No obstante, Nisman ya va siendo historia, porque consiguieron lo más importante: dilatar. El tiempo diluye todo, mientras la patria sigue construyéndose desde Tecnópolis y la cadena nacional, y el pueblo apático (por decisión política y por vocación) viaja con sus celulares de vidrios de colores en los nuevos trenes chinos de los cientos de carteles publicitarios de la Presidencia de la Nación.
A mis 17 años estuve de paso por Asunción y vi en el centro el mayor y mejor cartel de la ciudad. Era del dictador vitalicio del Paraguay y rezaba ‘Alfredo Ströessner, presidente’. Y me molestó mucho.
A mis 17 años estuve de paso por Asunción y vi en el centro el mayor y mejor cartel de la ciudad. Era del dictador vitalicio del Paraguay y rezaba ‘Alfredo Ströessner, presidente’. Y me molestó mucho.
martes, 3 de marzo de 2015
El miedo zonzo
Comentario de una amiga argentina en "¡Dios salve a la reina!"
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