Cuando el marido decidió de manera personal, unilateral y autocrática poner a esta mujer en la presidencia, casi la mitad de los argentinos sabíamos que las cosas iban a ser más o menos como fueron y como son. No con precisión, pero a grandes rasgos, algunos aciertos y una colección de desatinos. Y si bien no la votamos, tuvimos que resignarnos a padecerla.
Por otro lado, el hijito presidencial ocupará un alto cargo político, cualquiera; y también un pibe llamado Galmarini, otro llamado Moyano, y así una larga lista de casos presentes y pretéritos. Y también otro llamado Leuco, en otro área de la política, los medios, donde esta manía dinástica no deja de asomar.
¿Qué validez tiene como credencial de idoneidad el ser pariente o amigo de alguien? ¿Qué legitimidad tiene este proceder en la selección de funcionarios políticos? ¿Qué tiene esto que ver con una 'democracia', siendo que hay miles y miles, repito, miles y miles de cargos altos y sensibles que no pasan por una elección?
Esto sólo es credencial de corrupto y bananero, no de los hijos, sino de sus padres y de la mitad más uno del país a quienes esto no les molesta, o directamente les gusta.
Y sin duda, esto no es una democracia, ni siquiera una dictadura o una 'dictablanda'. Es un régimen totalitario como fueron tantos en el mundo, con Hitler a la cabeza, electos y confirmados diariamente por la parte totalitaria de la sociedad.
Esa que conforman aquellos que no pueden pensar ni analizar, sino apenas sentir y adorar.
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