No es difícil aceptar la propuesta de Hegel, luego retomada por Marx, de que la Historia cursa mediante el método dialéctico: una sucesión ininterrumpida de tesis-antítesis-síntesis. Se ha visto y se ve cómo a un statu-quo establecido (tesis) se le presenta una contracara (antítesis) y se inicia una puja que termina fusionando ambas en una nueva tesis (síntesis).
Entre el Occidente blanco y el Oriente amarillo que hoy conforman el Primer Mundo y el Hemisferio Sur negro y trigueño que yace como subdesarrollo, Argentina es un fenómeno reconocido por el mundo y por los mismos argentinos, como extraño, irregular, sui-generis.
Era una mala versión de Europa, hasta que Perón integró de hecho y definitivamente al aborigen. Y hoy se debate ante el inevitable destino de producir la síntesis de aquellas dos realidades que plantean ambos hemisferios. Argentina es diferente porque está labrando algo diferente, es un chico que gime por su dentición y trastabilla en su andar improvisado porque está creciendo hacia su destino último, es el patito feo de una Historia que está sintetizando un nuevo cisne.
Acá, como en toda Latinoamérica, sigue vivo el pueblo originario en toda su expresión vital; pero también, en igual medida y con toda su fuerza, está el orden europeo que dio lugar al mundo desarrollado. Y no está encima, sino a la par; no hubo superposición, no hubo eclipse.
Acá, la potencia del universo cultural del Occidente industrial, o capitalista, o cristiano, no sofocó al no menos potente universo cultural del indio sino que lo incorporó en un mestizaje que no cesa desde hace cinco siglos. Acá, la Historia cocina su nueva etapa: están interactuando dos grandes razas de la Humanidad para fundirse en una nueva antítesis ante un Hemisferio Norte que ya está consumado, que ya no tiene dónde ir, y que ya decae por el desgaste de su orden perimido, asfixiándose en el estancamiento posmoderno.
La nota descollante de este proyecto histórico está en el rescate del individuo, su rehabilitación luego de ser aplastado por la organización que impuso la civilización depredadora gestada en Europa. Acá es donde el integrismo que puso por encima del sujeto a todo un mundo objetivo artificialmente labrado, vino a reencontrarse con la realidad llana de la Naturaleza aprehendida y cultivada por el indígena, que no puso ninguna estructura burocrática entre el sujeto y su destino, que no deliró enfermo de codicia y sólo vivió con los pies sobre la Tierra, su hogar.
Nuestra dificultad política, nuestro desapego de las reglas, nuestra proverbial insubordinación, nuestro culto a la personalidad del líder o del ídolo, y tantas otras particularidades que hoy aparecen como defecto, pueden ser en realidad facetas del crecimiento de un individuo potenciado para plantear una sociedad futura donde no haya que entregar la libertad y la subjetividad para adquirir una vida, donde no haya que rendirse a la dependencia de poderes desmesurados para sentirse seguro, donde se valide la propia experiencia vital, y donde el Estado deje de manejar números y sea capaz de atender personas.
Vamos a hablar acerca de nuestra sociedad, una sociedad de irresponsabilidad ilimitada. Cuestionaremos el medio institucional (argentinomedio), la subjetividad del ser nacional promedio (argentinomedio) y, muy especialmente, a los medios masivos de comunicación social (argentinomedio). No haremos política, salvo revisar los conceptos con los que se nos educa y dirige. Quedan invitados quienes quieran colocarse fuera de la liviandad que nos es habitual.
jueves, 27 de agosto de 2015
martes, 18 de agosto de 2015
Ser niño es más cómodo
" 'Bueno, ¿qué puedo hacer con respecto al mundo? Esto es más grande que yo'. Este es el arquetipo del niño hablando. 'Todo lo que puedo hacer es meterme en mí mismo, trabajar en mi crecimiento, mi desarrollo, encontrar una buena crianza, grupos de apoyo'.
Esto es un desastre para nuestro mundo político, para nuestra democracia. La democracia depende de ciudadanos intensamente activos, no de niños."
James Hillman, psicólogo estadounidense.
Esto es un desastre para nuestro mundo político, para nuestra democracia. La democracia depende de ciudadanos intensamente activos, no de niños."
James Hillman, psicólogo estadounidense.
sábado, 15 de agosto de 2015
Individuación
Todos los humanos contamos más o menos con el mismo grado de inteligencia, porque es dotación de la especie. La configuración y despliegue de la misma ya pasa a ser un asunto ambiental, social.
Las sociedades liberales fomentan y facilitan la aplicación de la inteligencia en todos los ámbitos posibles y se proveen de poderes democráticos que se ocupan de ello.
Las totalitarias en cambio, instalan poderes que permiten en menor o mayor grado su aplicación a lo técnico o económico, pero la restringen en lo político (fascismos, teocracias, populismos).
Porque todo desarrollo de inteligencia política automáticamente libera y hace crecer al individuo, y tiende a recortarlo de la masa que esos poderes necesitan para existir y perpetuarse.
Las sociedades liberales fomentan y facilitan la aplicación de la inteligencia en todos los ámbitos posibles y se proveen de poderes democráticos que se ocupan de ello.
Las totalitarias en cambio, instalan poderes que permiten en menor o mayor grado su aplicación a lo técnico o económico, pero la restringen en lo político (fascismos, teocracias, populismos).
Porque todo desarrollo de inteligencia política automáticamente libera y hace crecer al individuo, y tiende a recortarlo de la masa que esos poderes necesitan para existir y perpetuarse.
miércoles, 12 de agosto de 2015
LOS JÓVENES IDEALISTAS
Siendo yo todavía adolescente y cuando 'los jóvenes idealistas' desataban a diario su furia asesina insana e indiscriminada en medio de nuestra comunidad que gemía de caos político, también tomé las armas.
Pero lo hice del lado del Estado, de lo poco que había o lo poco que quedaba de una institución estatal diezmada por la división y la corrupción. También fui un joven idealista, pero que estaba en la policía exponiéndose a los ataques de los otros idealistas -siempre por sorpresa y casi siempre por la espalda-, para proteger a la gente y luchar contra la desmañada agresión a que la sometían los vándalos de la política. Yo quería contribuir a impedir la destrucción de la sociedad y a reconstruir lo que se pudiere del Estado. Y cuando se habla de Estado, de lo único que puede hablarse es de legalidad.
Luego, vino la suprema ilegalidad del Proceso a seguir destruyendo la sociedad, esta vez con más fuerza y más amplitud, y desaparecidos que no fueron estos idealistas sino otros mejores que ellos; y más tarde volvieron los partidos políticos, con su falsa democracia burocrática y corporativa. Y cuando la inoperancia y el vicio de la policía terminaron por hartarme, dejé hace ya 25 años mi carrera estatal para disfrutar de la escasez de posibilidades que el tercer mundo tiene destinada a los que rechazan participar de la degradación generalizada.
Quiero decir que yo también fui un idealista que buscaba salir de las ideas y las buenas intenciones y pasar a los hechos. Y podría haberlo realizado junto a ellos, si hubiesen tenido fundamentos que me convenciesen; o junto al Proceso, si hubiese tenido los suyos. Sólo que mis ideales no eran el odio y la muerte, como los de aquellos otros jóvenes que ni su propio creador pudo frenar y expulsó del edén de la plaza bajo la sentencia de 'estúpidos imberbes'.
Y que ahora son viejos y disfrutan desde el edén de la política ilegal y vandálica que seguimos teniendo los beneficios de sus crímenes, muchos de los cuales también fueron de lesa humanidad y, como los que siguen cometiendo hoy, de lesa sociedad.
Pero lo hice del lado del Estado, de lo poco que había o lo poco que quedaba de una institución estatal diezmada por la división y la corrupción. También fui un joven idealista, pero que estaba en la policía exponiéndose a los ataques de los otros idealistas -siempre por sorpresa y casi siempre por la espalda-, para proteger a la gente y luchar contra la desmañada agresión a que la sometían los vándalos de la política. Yo quería contribuir a impedir la destrucción de la sociedad y a reconstruir lo que se pudiere del Estado. Y cuando se habla de Estado, de lo único que puede hablarse es de legalidad.
Luego, vino la suprema ilegalidad del Proceso a seguir destruyendo la sociedad, esta vez con más fuerza y más amplitud, y desaparecidos que no fueron estos idealistas sino otros mejores que ellos; y más tarde volvieron los partidos políticos, con su falsa democracia burocrática y corporativa. Y cuando la inoperancia y el vicio de la policía terminaron por hartarme, dejé hace ya 25 años mi carrera estatal para disfrutar de la escasez de posibilidades que el tercer mundo tiene destinada a los que rechazan participar de la degradación generalizada.
Quiero decir que yo también fui un idealista que buscaba salir de las ideas y las buenas intenciones y pasar a los hechos. Y podría haberlo realizado junto a ellos, si hubiesen tenido fundamentos que me convenciesen; o junto al Proceso, si hubiese tenido los suyos. Sólo que mis ideales no eran el odio y la muerte, como los de aquellos otros jóvenes que ni su propio creador pudo frenar y expulsó del edén de la plaza bajo la sentencia de 'estúpidos imberbes'.
Y que ahora son viejos y disfrutan desde el edén de la política ilegal y vandálica que seguimos teniendo los beneficios de sus crímenes, muchos de los cuales también fueron de lesa humanidad y, como los que siguen cometiendo hoy, de lesa sociedad.
lunes, 10 de agosto de 2015
Cuando las reglas nos avergüenzan
"En América del Sur se dice a veces que la clave para entender el carácter de los argentinos se puede encontrar en su evaluación de los dos goles de Maradona en el Mundial de 1986. Para el primer gol, bautizado por su autor como "la mano de Dios", Maradona levitó dramáticamente para un disparo cruzado y golpeó la pelota con un puño izquierdo hábilmente oculto. Pero el segundo gol, que llegó minutos más tarde, fue el que el DT Bobby Robson llamó ‘el maldito milagro’: recogiendo un pase de su propia área penal, Maradona, como en expiación, puso la cabeza hacia abajo y pareció excavar su camino a través de todo el equipo de Inglaterra antes de arrollar a Shilton como un maniquí e impulsar el balón hacia la red. Pues bien, en Argentina, el primer gol y no el segundo es el que realmente gusta.
Para el 'macho Argie' (o lo que esta quizá calumniosa generalización implique) los medios fraudulentos son incomparablemente más satisfactorios que los justos. ‘Es lo mismo en el gobierno y los negocios. Ellos no sólo toleran la corrupción. Adoran a la corrupción’. Es una tendencia… En términos más generales, existe en esta cultura una humillación, una abyección, en jugar siempre por las reglas.
De una nota del referencial escritor británico Martin Amis para The Guardian [2004] a propósito del libro “El Diego”.
Para el 'macho Argie' (o lo que esta quizá calumniosa generalización implique) los medios fraudulentos son incomparablemente más satisfactorios que los justos. ‘Es lo mismo en el gobierno y los negocios. Ellos no sólo toleran la corrupción. Adoran a la corrupción’. Es una tendencia… En términos más generales, existe en esta cultura una humillación, una abyección, en jugar siempre por las reglas.
De una nota del referencial escritor británico Martin Amis para The Guardian [2004] a propósito del libro “El Diego”.
Inseguridad
Sería capaz de romper mi abstinencia electoral si algún candidato anunciase (y me convenciese) que terminará con los piquetes y cortes de caminos, y que investigará y hará púbicos los delitos de sus predecesores.
Porque cortar caminos es un delito previsto en la Constitución y tipificado en el Código Penal, y siendo que es obligación de cualquier funcionario público la persecución del delito, yo quiero un gobierno que no cometa delitos, haga cesar los que se están cometiendo e investigue los que se hayan cometido.
En cambio, lo que surge de los discursos de campaña es que seguiremos teniendo en el Ejecutivo y el Legislativo funcionarios que consientan y fomenten delitos, formen o amparen asociaciones ilícitas, obvien o supriman las investigaciones y hagan selectiva la aplicación de la ley penal.
O sea, que seguiré sin ir a votar en contra del progreso y a favor de que mi país siga siendo tercermundista.
Porque cortar caminos es un delito previsto en la Constitución y tipificado en el Código Penal, y siendo que es obligación de cualquier funcionario público la persecución del delito, yo quiero un gobierno que no cometa delitos, haga cesar los que se están cometiendo e investigue los que se hayan cometido.
En cambio, lo que surge de los discursos de campaña es que seguiremos teniendo en el Ejecutivo y el Legislativo funcionarios que consientan y fomenten delitos, formen o amparen asociaciones ilícitas, obvien o supriman las investigaciones y hagan selectiva la aplicación de la ley penal.
O sea, que seguiré sin ir a votar en contra del progreso y a favor de que mi país siga siendo tercermundista.
HIJOS DE...
Cuando el marido decidió de manera personal, unilateral y autocrática poner a esta mujer en la presidencia, casi la mitad de los argentinos sabíamos que las cosas iban a ser más o menos como fueron y como son. No con precisión, pero a grandes rasgos, algunos aciertos y una colección de desatinos. Y si bien no la votamos, tuvimos que resignarnos a padecerla.
Por otro lado, el hijito presidencial ocupará un alto cargo político, cualquiera; y también un pibe llamado Galmarini, otro llamado Moyano, y así una larga lista de casos presentes y pretéritos. Y también otro llamado Leuco, en otro área de la política, los medios, donde esta manía dinástica no deja de asomar.
¿Qué validez tiene como credencial de idoneidad el ser pariente o amigo de alguien? ¿Qué legitimidad tiene este proceder en la selección de funcionarios políticos? ¿Qué tiene esto que ver con una 'democracia', siendo que hay miles y miles, repito, miles y miles de cargos altos y sensibles que no pasan por una elección?
Esto sólo es credencial de corrupto y bananero, no de los hijos, sino de sus padres y de la mitad más uno del país a quienes esto no les molesta, o directamente les gusta.
Y sin duda, esto no es una democracia, ni siquiera una dictadura o una 'dictablanda'. Es un régimen totalitario como fueron tantos en el mundo, con Hitler a la cabeza, electos y confirmados diariamente por la parte totalitaria de la sociedad.
Esa que conforman aquellos que no pueden pensar ni analizar, sino apenas sentir y adorar.
Por otro lado, el hijito presidencial ocupará un alto cargo político, cualquiera; y también un pibe llamado Galmarini, otro llamado Moyano, y así una larga lista de casos presentes y pretéritos. Y también otro llamado Leuco, en otro área de la política, los medios, donde esta manía dinástica no deja de asomar.
¿Qué validez tiene como credencial de idoneidad el ser pariente o amigo de alguien? ¿Qué legitimidad tiene este proceder en la selección de funcionarios políticos? ¿Qué tiene esto que ver con una 'democracia', siendo que hay miles y miles, repito, miles y miles de cargos altos y sensibles que no pasan por una elección?
Esto sólo es credencial de corrupto y bananero, no de los hijos, sino de sus padres y de la mitad más uno del país a quienes esto no les molesta, o directamente les gusta.
Y sin duda, esto no es una democracia, ni siquiera una dictadura o una 'dictablanda'. Es un régimen totalitario como fueron tantos en el mundo, con Hitler a la cabeza, electos y confirmados diariamente por la parte totalitaria de la sociedad.
Esa que conforman aquellos que no pueden pensar ni analizar, sino apenas sentir y adorar.
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