Cansa francamente la cara de piedra de estos periodistas que junto con el sobre del mes recibieron la orden de desacreditar a Nisman, y toda esta manipulación facciosa que se hace en general de los temas más delicados. Pareciera que todo se reduce a intrigas palaciegas entre políticos, y esa es la realidad que los medios prodigan a la gente de este populacho televisivo, esa que antes éramos llamados 'el pueblo soberano'.
A mí, que ostento la rareza de mantenerme al margen de todo el pelotudeo mediático, lo que me importa es mi condición de ciudadano (otra palabra anticuada y demodeé), igual que la de un fiscal que habría muerto a causa de su trabajo, o la de 51 que murieron en Once por ser pasajeros de la delincuencia estatal y mediática, o los ciento y pico de Cromagnon, o los cien de AMIA y la embajada, y los de Río Tercero, y todas las familias argentinas destrozadas que dejaron por ahí.
Si yo estuviese a cargo de semejante causa en una republiqueta agrícolaganadera de alta gama tapizada de smartphones, cero kilómetros y tarjetas de crédito, recurriría sin dudar a algún aliado internacional que pueda enseñarme a moverme en este berenjenal y también acompañarme en su fango. Y si tengo maestros, les doy explicaciones de algunas cosas que hago y les pido disculpas si me equivoco. Eso no quiere decir que en la parte decisoria de mi trabajo yo vaya a hacer lo que el FBI y la embajada me digan. Además, EEUU es casi lo mismo que Israel, lo cual en términos jurídicos, equivale al 'particular damnificado', alguien con pleno derecho a activar la investigación.
Pero como corresponde a una republiqueta que se precie, los que tienen que formar opinión lo hacen desde el más absoluto desconocimiento del terreno sobre el cual opinan, poniendo en juego sólo las producciones fantásticas y sensacionales que ese desconocimiento les facilita y que de paso, abonan su negocio del espectáculo y de la captura emocional del espectador.
Cualquiera que sepa lo que es una investigación de este tipo, se da cuenta de que este fiscal ha hecho sin duda algo, y ha generado material que está en algún lado y que va a operar más allá de su muerte. Y de que el afectado acá no es el cipayaje gubernamental argentino (con los nombres de hoy o los de cualquier otra época), sino el terrorismo internacional iraní, a quien sí se subordinó el ejecutivo local, porque no le da la cabeza ni el cuero para nada mejor. Y creo en eso porque el fiscal dice que tiene las pruebas, y si lo dice, es porque las tiene.
Los funcionarios judiciales no son como los mediáticos, son responsables. Por eso no hablan públicamente hasta no tener documentado lo que van a decir, no hacen inferencias temerarias, y también evitan hablar todo lo que puedan, porque saben que cada palabra que digan será usada en su contra por esa banda de simios televisivos, segun estamos viendo a cada instante.
Pero por suerte y obra de generaciones anteriores a la pavada mediática, anteriores a esta sociedad del espectáculo, tenemos un aparato judicial grande, sólido, y con todas las posibilidades de ser independiente, cuando sus funcionarios así lo deseen. Este fiscal da la impresión de haber investigado en serio, de lo que da fe el que tenga escuchas independientes, puesto que espió durante mucho tiempo teléfonos de la SIDE y el riñón del ejecutivo, sin que ellos lo supieran. Esto se puede hacer sólo si el aparato al cual se pertenece está dando capacidad de maniobra y garantías de independencia. Si no, van corriendo a decirles que les tienen pinchados los teléfonos.
No podemos soslayar que en esta fiscalía especial y en una situación muy especial, hubo un argentino y su equipo de argentinos que trabajaron en serio a un nivel muy alto y comprometiendo su seguridad, y esto sí implica una gran novedad en el país de Tinelli y cía. Y acá hay material producido, con o sin la ayuda o dirección del FBI, que yo quiero conocer antes de formarme opinión.
Y no quiero conocer lo que inventan los periodistas.
Vamos a hablar acerca de nuestra sociedad, una sociedad de irresponsabilidad ilimitada. Cuestionaremos el medio institucional (argentinomedio), la subjetividad del ser nacional promedio (argentinomedio) y, muy especialmente, a los medios masivos de comunicación social (argentinomedio). No haremos política, salvo revisar los conceptos con los que se nos educa y dirige. Quedan invitados quienes quieran colocarse fuera de la liviandad que nos es habitual.
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