miércoles, 12 de agosto de 2015

LOS JÓVENES IDEALISTAS

Siendo yo todavía adolescente y cuando 'los jóvenes idealistas' desataban a diario su furia asesina insana e indiscriminada en medio de nuestra comunidad que gemía de caos político, también tomé las armas.
Pero lo hice del lado del Estado, de lo poco que había o lo poco que quedaba de una institución estatal diezmada por la división y la corrupción. También fui un joven idealista, pero que estaba en la policía exponiéndose a los ataques de los otros idealistas -siempre por sorpresa y casi siempre por la espalda-, para proteger a la gente y luchar contra la desmañada agresión a que la sometían los vándalos de la política. Yo quería contribuir a impedir la destrucción de la sociedad y a reconstruir lo que se pudiere del Estado. Y cuando se habla de Estado, de lo único que puede hablarse es de legalidad.
Luego, vino la suprema ilegalidad del Proceso a seguir destruyendo la sociedad, esta vez con más fuerza y más amplitud, y desaparecidos que no fueron estos idealistas sino otros mejores que ellos; y más tarde volvieron los partidos políticos, con su falsa democracia burocrática y corporativa. Y cuando la inoperancia y el vicio de la policía terminaron por hartarme, dejé hace ya 25 años mi carrera estatal para disfrutar de la escasez de posibilidades que el tercer mundo tiene destinada a los que rechazan participar de la degradación generalizada.

Quiero decir que yo también fui un idealista que buscaba salir de las ideas y las buenas intenciones y pasar a los hechos. Y podría haberlo realizado junto a ellos, si hubiesen tenido fundamentos que me convenciesen; o junto al Proceso, si hubiese tenido los suyos. Sólo que mis ideales no eran el odio y la muerte, como los de aquellos otros jóvenes que ni su propio creador pudo frenar y expulsó del edén de la plaza bajo la sentencia de 'estúpidos imberbes'.
Y que ahora son viejos y disfrutan desde el edén de la política ilegal y vandálica que seguimos teniendo los beneficios de sus crímenes, muchos de los cuales también fueron de lesa humanidad y, como los que siguen cometiendo hoy, de lesa sociedad.

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