Es tan curioso cómo funcionan nuestras cabezas en lo político: todo es política y todo es faccioso, binario. Terriblemente simple, horrorosamente ramplón, penosamente mentecato. Todo es elemental, primitivo: a favor o en contra, blanco o negro, River o Boca. Todo es enfrentamiento y odio, sin una zona gris para la comprensión y la conciliación.
Un caso criminal que debiera permanecer en estado investigativo (el fiscal Nisman), se transforma (es transformado por la logia político-mediática) en una cuestión que decide la continuidad o derrocamiento del gobierno. Una marcha de reclamo ante una investigación criminal, pasa a ser un conato golpista. Siempre que hay una expresión en la sociedad que de algún modo afecte al poder, es un intento desestabilizador.
No hay un país en el mundo que haya funcionado con esta lógica y hoy exista. Pero claro, pocos han sido los países que han hecho gala de una caterva política como la que tan alegremente detentamos nosotros y encima, sostenemos.
Vamos a hablar acerca de nuestra sociedad, una sociedad de irresponsabilidad ilimitada. Cuestionaremos el medio institucional (argentinomedio), la subjetividad del ser nacional promedio (argentinomedio) y, muy especialmente, a los medios masivos de comunicación social (argentinomedio). No haremos política, salvo revisar los conceptos con los que se nos educa y dirige. Quedan invitados quienes quieran colocarse fuera de la liviandad que nos es habitual.
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