Nada tiene de malo ganar un buen pasar con un empleo estatal, si al mismo tiempo se realiza bien el trabajo, como sucede en el Primer Mundo o en países que van hacia allí. Y tiene todo de malo el llevarse los beneficios sin hacer el trabajo o haciéndolo a medias, o directamente mal o al revés, tal como es en el Subdesarrollo y tal como nosotros, los argentinos, hicimos y hacemos escuela.
La primera institución de cualquier país ordenado y viable, es la Ley. A nosotros no nos interesa mucho la ley, porque implica renunciar a lo que creemos beneficios y ventajas de nuestro estilo de vida: el hacer lo que cada uno quiere, cosa que entendemos como libertad. Creemos que hacemos lo que queremos y que con la ley, sólo viviremos para cumplir obligaciones. Lo que no queremos entender es que hacemos lo que queremos en los temas de menor importancia, y esto nos impide hacer o tener lo que queremos en los asuntos de gran importancia.
O sea, que tenemos una vida menor a cambio de seguir nuestros antojos en las cuestiones menores.
Las sociedades que comprendieron que la ley es lo que las hace crecer y mejorar, no admiten que ningún individuo se ponga por encima de ella. Nosotros en cambio, idolatramos a quienes la hacen a un lado, sustituyéndola por su propia voluntad.
Cuando el presidente Nixon fue acusado por el espionaje de Watergate, renunció sabiendo que la sociedad no iba a perdonarle eso. Cuando el presidente Clinton quedó en evidencia por su affaire sexual en la casa de gobierno, renunció porque la sociedad no toleró sus intentos de permanencia. Cuando nuestros presidentes y sus séquitos reiterada y públicamente quiebran leyes, nosotros los aplaudimos y los seguimos votando.
La investigación criminal no sale de tal esquema. No la hacemos de acuerdo a derecho, sino que se adapta a los personajes implicados. Esto que también sucede en los países avanzados, pero como excepción, entre nosotros es la regla.
No pueden existir dudas de que en la causa Nisman se están moviendo influencias y lobbys variados, amén de las presiones que se han visto públicamente: el ataque abierto a fiscales; la mención de un ‘partido judicial’, que produce una división interna en la Justicia, y esto debilita a quienes pugnan por trabajar sobre la verdad. También los afecta la acción distorsiva de los medios y la mirada de jueces a sueldo del Ejecutivo, pagos de los que se encargaba la SIDE, y seguirá encargándose, ahora con otro nombre.
Y sigue palmaria la falta de respeto a la inteligencia del pueblo, al estatus ciudadano de la gente. Todo lo que nuestros abnegados medios están mostrando es la consabida pavada politiquera, y todo lo que nuestro gobierno de ‘tenemos patria’ hace, es politizar más y más la investigación, para interferirla y para que cuando nos llegue algún dato cierto, la confusión no nos permita creerlo.
No obstante, Nisman ya va siendo historia, porque consiguieron lo más importante: dilatar. El tiempo diluye todo, mientras la patria sigue construyéndose desde Tecnópolis y la cadena nacional, y el pueblo apático (por decisión política y por vocación) viaja con sus celulares de vidrios de colores en los nuevos trenes chinos de los cientos de carteles publicitarios de la Presidencia de la Nación.
A mis 17 años estuve de paso por Asunción y vi en el centro el mayor y mejor cartel de la ciudad. Era del dictador vitalicio del Paraguay y rezaba ‘Alfredo Ströessner, presidente’. Y me molestó mucho.
A mis 17 años estuve de paso por Asunción y vi en el centro el mayor y mejor cartel de la ciudad. Era del dictador vitalicio del Paraguay y rezaba ‘Alfredo Ströessner, presidente’. Y me molestó mucho.
No hay comentarios:
Publicar un comentario