Winston
Churchill le dijo una vez que era capaz de entender bien la
política actual porque leía atentamente la Historia. Los argentinos no somos
cultores de la historia reciente, o mejor dicho, somos muy frágiles de memoria.
No
tenemos presente que nuestros gobiernos han sido todos malos disfrazados de buenos,
ropaje y maquillaje que nunca les duró los años de mandato. Todos han perdido
su popularidad pasada la mitad de su período, y sus integrantes han quedado
expuestos en sus peores facetas. Con excepciones efímeras, hemos sigo gobernados por tahúres que
han sacado su ventaja mientras hacían algunas cosas buenas, y eso nos conforma. Pero sería bueno que
conozcamos, o al menos deseemos, la experiencia de un gobierno honesto, como
para que sepamos de algo diferente que quizás nos resulte mejor.
Todos
los gobiernos han vociferado maniobras desestabilizadoras cuando por sus propias
fallas fueron cuestionados. Y tan genuina es esta democracia que nos ofrecen,
tan demócratas son ellos, que no toleran los cuestionamientos y cuando surge alguno, lo tachan de golpista. Pero los golpistas siempre han sido ellos, porque tienen
alma de tiranos que han pujado por un mandato para su cosecha de rapiña. Hay
que recordar que históricamente, antes de cada golpe de los golpistas militares
hubo periodistas golpistas y golpistas políticos golpeando las puertas de los
cuarteles para convencer a los generales de dar el golpe a la Rosada. Los
golpistas siempre han sido los políticos, que se han servido de periodistas y militares
para solucionar por la fuerza lo que ellos no pudieron manejar mediante la gestión política que se supone que es su trabajo.
El
actual gobierno clama, llora, se desgarra en lamentos porque lo quieren
destituir. De momento, los únicos que ven destitución en puerta son ellos y sus
congéneres de la política (no digo colegas porque implica profesionalidad;
mejor digo congéneres, que alude a sapos del mismo pozo). En el resto de la
sociedad nadie piensa en derrocamientos y sólo se reclaman verdades judiciales
en una investigación criminal.
Nadie sensato quiere realmente que salga este gobierno, porque se entiende que será
sustituido por otro igual, que al principio parecerá bueno y pasada la mitad, se verá que era malo. Los únicos que quieren la defenestración son, como siempre, los otros
políticos y sus amos financistas, que ahora no tienen cuarteles dónde ir pero siguen
teniendo periodistas para armar sus estrategias.
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