¿Por qué soportamos tanto a los criminales en el poder político? ¿Por qué no nos afecta y sacude el abuso ostentoso en el seno del Estado que nos rige? ¿Por qué toleramos tan fácilmente la exhibición de malandraje en las figuras políticas? ¿Por qué no nos irrita y moviliza la inidoneidad funcional y horrible calidad personal que constatamos día a día en los gobernantes? ¿Por qué aceptamos con tanta resignación que nos gobiernen imbéciles? ¿Por qué vivimos contemplándolos, oyéndolos, aplaudiéndolos y obedeciéndolos?
¿Por qué suponemos que esos facinerosos, ineptos e infradotados tienen la facultad de habitar el Estado y dirigir la política del país? ¿Será porque no consideramos que entre nosotros haya mejor gente que esa, o que si existe esa mejor gente, que no tenga derecho a esas posiciones?
¿Por qué admitimos masivamente, conscientemente, que gente buena, que alguien eficaz y saludable, tenga vedado su acceso a cargos políticos sólo porque no puede ser lo suficientemente deshonesto, lo suficientemente ladrón para integrar una estructura mafiosa partidaria o parapartidaria?
¿Por qué seguimos viendo cómo los aparatos políticos que nos gobiernan o fingen oponerse a los que gobiernan sigan integrados exclusivamente por las alimañas de esta sociedad, cuando en ella hay tanta gente válida a la que se le impide toda oportunidad de llegada?
¿Por qué somos tan tibios, tan conformistas, tan apáticos? ¿Será porque creemos que tenemos mucho que perder, que lo poco que estos cretinos nos dejan tener sea muy valioso?
¿Por qué pensamos que una cantidad de cosas materiales o un cúmulo de entretenimiento es más valioso que un país institucionalmente ordenado?
¿Por qué no nos damos cuenta de que la salud institucional del país es lo que nos va a permitir tener más y mejores cosas, aún las materiales, y que esas cosas sean realmente nuestras? ¿Por qué si tanto lo estudiamos en el colegio no terminamos de entender que ser ciudadanos es ser mucho más que consumidor, cliente, dueño o espectador?
Vamos a hablar acerca de nuestra sociedad, una sociedad de irresponsabilidad ilimitada. Cuestionaremos el medio institucional (argentinomedio), la subjetividad del ser nacional promedio (argentinomedio) y, muy especialmente, a los medios masivos de comunicación social (argentinomedio). No haremos política, salvo revisar los conceptos con los que se nos educa y dirige. Quedan invitados quienes quieran colocarse fuera de la liviandad que nos es habitual.
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