martes, 10 de febrero de 2015

LAS RAÍCES DE NUESTRO MIEDO

No se me escapa que este es también un medio de comunicación, y como todo blog, con pretensiones de ser masivo. Y quiero dejar claro que yo no rechazo la existencia de los medios, porque dentro del pensamiento simplista argentino existe esa manía maniquea de que si se critica algo es para eliminarlo, es para que no exista.
La crítica se hace en principio para construir, para mejorar algo; buscarle los defectos a algo es rechazar una parte; es admitir que el resto está bien y esa parte defectuosa está mal. No es esa perenne lógica facciosa de que ‘estás conmigo o estás contra mi’ y si me criticás algo, criticás todo mi ser con fines de eliminarme. Esto es una visión violenta y genera la violencia irracional e irracionalizable que hemos visto y seguimos viendo en nuestra sociedad y en nuestra política, política en buena parte conformada por ineptos, por ignorantes y quilomberos baratos que llegan desde esos lugares sociales de mierda a fuertes lugares estatales, sindicales o mediáticos que les permiten lograr su único fin: la riqueza.
Nuestra política es el mayor negocio del país, el que mejor organizado está y el que más dividendos rinde en el menor tiempo. Es la empresa más eficiente (todo ingreso, nada gasto) y sus puestos de trabajo son los más sólidos: todo es ganancia en todo el tiempo de permanencia en actividad, con garantía de un retiro a la edad que se elija y con todas las riquezas habidas, retiro protegido por una inexpugnable corporación mafiosa de nivel nacional e internacional (la intrincada conjunción de poder político, poder económico y poder comunicacional).

Por supuesto, compatriotas del llano, que semejantes beneficios que comparados con nuestro estándar de vida resulta un liso latrocinio, un despojo y un afano absolutos, serán conseguidos y defendidos con toda la fuerza y la violencia necesarias. Y el primer paso de esa violencia siempre ha sido la exclusión y prohibición de toda crítica, la criminalización de la crítica puesta de modo que cada uno tengamos miedo de siquiera pensar en criticar, que agachemos calmos nuestras cervices y concurramos dóciles a cada acto eleccionario al que ellos no arrean para conseguir el ‘apoyo del pueblo’ a sus posiciones políticas, pueblo que ni entiende y en muchos casos ni quiere lo que vota.
Una política montada sobre un bastidor de violencia física, de coacción a la disidencia, esta violencia que por siglos se aplicó directamente a la comunidad a través de los brazos de soldados y policías, bajo el pretexto de organizar la sociedad en procura de ‘la paz social’, el ‘bien común’, la ‘razón de Estado’. Para oponerse a eso, hace más de 4 décadas apareció Montoneros, que apenas mantuvo esa consigna en sus ideas y en los hechos combatió el fuego con el fuego y toneles de nafta. Fueron más violentos y asesinos que los del sector oficial, robaron más que ellos, sembraron más miedo que ellos, y originaron una reacción más violenta y asesina aún en el establishment, esta vez hasta la lesa humanidad. Los medios, con las mismas caras y los mismos empresarios, sostuvieron todo el esquema: tibios primero con los homicidas insurgentes, condescendientes con los homicidas de la dictadura, y acomodaticios finalmente, poniendo la Historia a favor de los primeros: los únicos homicidas fueron los militares.
Y ahora, esa violencia se aplica bajo la forma de amenaza, para lo cual se crían cuerpos de piqueteros con palos, barrabravas asesinos, grupos de ‘izquierda’, y la “más civilizada” guardia pretoriana del hijito presidencial. Y como sustrato, como telón de fondo, nos mantiene sumergidos en una noción y sensación constante de ‘inseguridad’, para que no dejemos ni por un instante de experimentar lo que ha sido desde siempre su combustible principal: el miedo.
Nos dicen que tenemos que sentirnos inseguros y nos muestran todo el tiempo casos ejemplificadores. Cultivan y fomentan nuestro miedo, que es lo que nos mantiene replegados en nuestras casas y escondidos en nuestros trabajos, todo el día frente a las pantallas que nos renuevan el temor. Nos dejan salir sólo cada dos años, para que cumplamos con la obligación que nos imponen de votarlos para que ellos, los mismos de siempre con algunos entenados nuevos, redistribuyan sus lugares, todos de absoluto privilegio.
Este, el nuestro, es uno de los poquísimos países del Mundo que mantiene obligatorio el sufragio.

En todas esas cosas raras que hemos tenido bajo el nombre de 'gobiernos democráticos' ha habido agentes violentos, lo cual desvirtúa automáticamente el concepto de democracia. Pero en esta democracia montonera, es decir parida por la violencia irracional originaria, son espeluznantes los elementos vinculados al uso exclusivo y excluyente de la fuerza física: D'Elía, Esteche, Moreno, Freyre, todo el entramado piquetero que corta caminos bajo amenaza al auto y al cuerpo, todo el barrabravaje impune e inmune, toda la estructura de penetración social e institucional intimidatoria que implica La Cámpora (un puntilloso remedo de las primeras Waffen SS de Adolph Hitler), más todos los personajes tirabombas procedentes de aquellas épocas oriundas que sin duda andan bajo los techos oficiales (no hago nombres porque van a pensar en matarme por la espalda). Matones descerebrados que se ocupan de lo que la Constitución llamó 'los negocios de la Nación' y a quienes nosotros pagamos sueldos -u otros estipendios- de riqueza, mientras hay tanta gente que no tiene vivienda.
¿Por qué no hay fiscales que procedan de oficio ante esto, no hay periodistas que se mesen los cabellos como lo hacen todo el tiempo ante cualquier robo de billetera?
¿Por qué los medios no conceden a estas cosas el mismo aire que a cualquier efluvio presidencial? ¿Será porque sus valores pasan únicamente por lo comercial, o porque nosotros no les pagamos y los gobiernos sí y mucho?

No hay comentarios:

Publicar un comentario