Abro este espacio cuando cumplo 60 años de vivir en este país, indefinible país. Hermoso territorio, hermosa gente, hermosa multirracialidad, hermosa comida, y una hermosa Buenos Aires. Y también, una magra institucionalidad, con una mentalidad concomitante instalada en una sociedad que no logra tomar real conciencia de lo público.
De nuestro cariz institucional nos deriva un Estado deshonesto administrado por funcionarios oportunistas y políticos delincuentes (cleptocracia). A casi todos nos molesta esto, pero hay muchas otras cosas que nos molestan más. A mí, esto me molestó siempre en primer lugar, y no tuve la ocasión de poder convivir en relativa paz con el problema: me callé, me desconecté, me aislé.
Empero, la muerte violenta de un fiscal precipitó más de lo que puedo callar; además, no soy un buen callador, hablo y mucho, no hablo sencillo, sino complejo y con muchas vueltas. Al menos en cuestiones de política, no tengo el pensamiento simplista del argentino medio, que vive más hacia afuera y no se rompe la cabeza; sólo mira y siente, es un espectador, un voyeur.
Para decir estas cosas, es necesario presentarse con algunas credenciales que acrediten cierta idoneidad. No tengo entidad pública, no tengo fama ni nombre: no sería nadie para decirlas. Sin embargo, las digo en nombre de mi libertad de expresión como ciudadano, y con respeto por el criterio de mis pares conciudadanos: lo que espero es que muchos de ellos reparen en lo que digo y no en lo que soy. La democracia implica un culto de las ideas con supresión del culto a la personalidad: importa lo que se piensa, se dice y se realiza mucho más que quién lo haga. La cacareada democracia es un sistema político-jurídico denominado técnicamente ‘sociedad liberal de derecho’, y es para gente inteligente y consciente, los llamados ‘ciudadanos’, que son algo más que los actuales trabajadores-consumidores-espectadores.
Caerán en la cuenta de lo que todavía falta al mundo para llegar a ella. Pero más a nosotros, que habitamos un contexto totalitario (sociedad totalitaria con partidos políticos totalitarios que sostienen un régimen totalitario). Es un totalitarismo atenuado, como fueron en su momento los fascismos y algunas teocracias, que bien podría llamarse totalitarismo de mercado.
Siendo un técnico formado en la industria automotriz, conozco la ley y el Estado porque pasé mi juventud como jerárquico de la policía. Estudié periodismo (en 1982, sin finalizar) y psicología (counselor egresado en 2012), y leí y entendí muchos libros de humanidades y ciencias sociales. Soy pensador y escritor (un ensayo publicado) por naturaleza, o sea, un curioso maniático y un observador incansable; y sé de la calle argentina porque ella fue mi pasión, siempre estuve ahí. Nunca estuve encerrado en una oficina ni en mi casa viendo el mundo en la televisión: siempre fui a ver, sentir y pensar las cosas por mí mismo, y por años entrevisté gente siendo taxista y remisero. Soy un argentino que conoce bien todo lo argentino, mucho de lo cual me tiene definitivamente cansado. Y al resto, lo que no me disgusta, francamente lo amo.
Amo a mi país, amo a mi nación, amo a mi patria, amo a mi gente. Y a ninguno de ellos quiero verlo así como está, simplemente porque podía y puede estar mucho mejor. Lo que yo diga será lo que miré, vi y aprendí a lo largo de mi vida, y tiene un valor porque está obtenido desde un punto de vista objetivo, científico, y lo más importante, por fuera del discurso religioso-político-mediático. Lo mío es un intento de apreciación llana y directa de la realidad circundante, sería realidad pura, quizás demasiada realidad para lo que el Siglo XX nos acostumbró a apreciar.
Por ende, una cosa que no me interesará en este blog es la intromisión del discurso mediático, impregnado en el pensar y el decir de cada persona. Hay gente que entiende esto y puede discriminar la realidad real de la realidad mediática; pero hay muchísima otra que no distingue y habita esa realidad ficcional creyendo que es la real.
Haré aquí una profunda detractación de los medios de comunicación social; dejo en claro que cuando esté denostando a 'los medios' o 'los periodistas', no estaré aludiendo a todos: solamente, a la gran mayoría.
Vamos a hablar acerca de nuestra sociedad, una sociedad de irresponsabilidad ilimitada. Cuestionaremos el medio institucional (argentinomedio), la subjetividad del ser nacional promedio (argentinomedio) y, muy especialmente, a los medios masivos de comunicación social (argentinomedio). No haremos política, salvo revisar los conceptos con los que se nos educa y dirige. Quedan invitados quienes quieran colocarse fuera de la liviandad que nos es habitual.
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