Este fragmento de una nota de hoy del Buenos Aires Herald, da sucinta cuenta de lo que significa en el tercer mundo el cuento populista: engatusan con farsas pasajeras mientras dejan incólume la podredumbre del sistema. Y entre nosotros, mientras no veamos que realmente se encare lo institucional, va a seguir estando lo mismo, quizás con otro ropaje.
Lo institucional no quiere decir chamuyo de combate a la corrupción y el narcotráfico: quiere decir visible ejercicio de la autoridad ejecutiva y judicial, revisión permanente de las burocracias y total ajustamiento a la legalidad. De momento, no tenemos ninguna de esas cosas.
“Lula dejó el poder en 2010 con un 87% de opinión a favor, tan alto que Barack Obama lo llamó ‘el político más popular de La Tierra’, diciendo a los reporteros: ‘Amo a ese tipo’.
Las riquezas fluyendo de las minas, campos petroleros y establecimientos agrícolas de Brasil alimentaron una borrachera de consumo, pero enmascararon los problemas estructurales que hicieron de Brasil un crujiente y oneroso lugar para hacer negocios. Un plan de privatizaciones para construir rutas y autopistas muy necesarias, tambaleó. La productividad permaneció baja porque la fuerza de trabajo estaba mal entrenada y pobremente educada. Las compañías gastaron miles de horas descifrando un codicioso sistema impositivo. Y todo el tiempo, la vieja forma de hacer negocios –lubricándolos con corrupción- se mantuvo intacta.
Grandes compañías de construcciones y energía engordaron con contratos estatales y préstamos oficiales con Lula y Rousseff, y las oportunidades para el enriquecimiento ilícito fueron infinitas. Y en las campañas políticas fue vertido dinero ilícito.”
Vamos a hablar acerca de nuestra sociedad, una sociedad de irresponsabilidad ilimitada. Cuestionaremos el medio institucional (argentinomedio), la subjetividad del ser nacional promedio (argentinomedio) y, muy especialmente, a los medios masivos de comunicación social (argentinomedio). No haremos política, salvo revisar los conceptos con los que se nos educa y dirige. Quedan invitados quienes quieran colocarse fuera de la liviandad que nos es habitual.
lunes, 18 de abril de 2016
viernes, 8 de abril de 2016
Si al menos fuesen bananas gordas...
No puede negarse que este presidente encaró con muchos aciertos su mandato. Y que mucho de lo que inició puede ser francamente promisorio para el país. No puede negarse que hubo un cambio positivo y que ya no vivimos bajo el yugo de una banda fascista.
Sin embargo, hay algunas, varias cosas que no hizo bien y que si somos inteligentes, deberían alertarnos sobre algún otro tipo de yugo futuro.
Cogobernar con un publicista extranjero está mal, muy mal. Si Durán Barba asesoró imagen de campaña, está mal pero es parte del bastardo sistema político que rige el mundo. Pero acá sigue estando y sigue opinando, como un ministro con cartera informal que regula el pensamiento presidencial.
Despedir a ñoquis del Estado y a vagos del aparato político-matón-aplaudidor del gobierno anterior, está bien. Pero no se puede hacer sin contemplar de qué van a vivir. Porque si no, es echar gente a la calle, y esto está mal. Y ya van varios miles.
Anular por decreto una ley en marcha para liberar de límites la codicia de empresarios que colaboraron en la campaña electoral, o que son amigos, está mal. Si esos empresarios se dedican al monopolio u oligopolio de la información pública, es antidemocrático y está muy mal.
Erigir demonios y encabezar cruzadas contra ellos, es repetir viejas recetas usadas también por el gobierno precedente, a quien tanto se demoniza. Querer derribar avionetas mientras todos los quioscos de drogas siguen abiertos en todos los barrios, o enarbolar batalla a una corrupción que todos los días se nos refriega ante las narices –y las del presidente-, son profundas faltas de respeto a la inteligencia y sensatez de la gente.
Mantener inversiones en paraísos fiscales siendo presidente está mal. También ir a pasar la Semana Santa a los dominios de un billonario extranjero que hace años se burla de la geografía y la Justicia de Chubut. Porque significa que se es más empresario que mandatario, más codicioso que servidor público, y por lo tanto, que se es inconfiable como presidente.
Tomar medidas para corregir el derroche estatal está bien. Pero hacer aumentos violentos en servicios públicos y todos juntos, está mal, sobre todo porque podría hacerse con cierta gradualidad. Y más aún, estando las paritarias todavía lejos. Es un ajuste brutal y es una postura oligárquica, y eso está muy mal.
AFSCA fue una maniobra oportunista del gobierno anterior y su diseño institucional fue tramposo, porque estaba pensado para penetrar el período de gobierno siguiente con el sólo fin de combatir al enemigo Clarín; quizás su desarticulación no haya estado mal. Pero combatir abiertamente a la Procuradora General de la Nación por el riesgo de que ofrezca algunas resistencias, es antidemocrático e ilegal: el cargo es una institución formal del Estado y está pensado desde hace mucho precisamente para que como el resto de la Justicia, atraviese en el tiempo a los sucesivos gobiernos y adquiera así cierta independencia de ellos.
Si el presidente teme un presunto accionar avieso, se las tiene que aguantar y disponerse a utilizar los recursos legales que tiene a mano para contrarrestarlo. Pero no puede atacar un cargo que no es político ni desconocer las leyes que lo han instaurado.
El presidente no puede hacer nada que sea ilegal.
Todo lo demás estuvo bien, fue mucho y no tiene por qué perderse. Pero en un contexto republicano serio, todo lo dicho antes haría que el presidente tenga que irse. Quedaría el mismo gobierno con el rumbo que él le imprimió y con -salvo un par de excepciones- el aceptable equipo que formó, del cual saldría su sucesor.
Porque los feudalismos, las monarquías y los fascismos dependen de una persona, que suele hacer la ley. Pero en la república, el presidente no está por encima de una ley que no hace él; y nadie es imprescindible, puesto que impera un sistema con códigos bien claros y bien escritos.
Códigos de los cuales este presidente ya violó unos cuantos.
....
Siguen gobernando para la televisión y engatusando a la ciudadanía, porque están muy por encima y muy alejados del pueblo. Mientras el pueblo siga pensando dentro de la televisión, va a seguir siendo fácilmente manipulado con la propaganda de quienes son, en última instancia, sus enemigos. Porque le mantienen la cabeza fuera de la república y dentro de feudalismos y fascismos.
Por ejemplo en la Provincia, Scioli creaba para su campaña los UPA-21 mientras tenía los hospitales generales parados. Ahora Vidal lanza su vacunación masiva y la lucha a un dengue que dudosamente exista como epidemia, y los hospitales siguen parados. Aquellas cosas suenan lindo en los medios, pero la gente no va a los médicos de Canal 13: tiene que morir en el hospital.
Nótese cómo el imperio Clarín, que durante dos décadas nos bombardeó e inoculó con su invento de la inseguridad, ahora apenas la menciona; de golpe dejó de ser un problema del país. Y la gente ya no se desespera en medio de su desamparo, simplemente porque la tele no dice que tiene que sentirse así.
Y así podríamos seguir. Cuando el pueblo aprenda a pensar por fuera de los medios, comprenderá que esta política bananera (y de bananas flacas) no nos sirve y que es el único obstáculo real que tenemos para no poder salir del pozo tercermundista.
Si dejáramos de adorar presidentes o presidentas, lo demás que hace falta lo tenemos todo.
Sin embargo, hay algunas, varias cosas que no hizo bien y que si somos inteligentes, deberían alertarnos sobre algún otro tipo de yugo futuro.
Cogobernar con un publicista extranjero está mal, muy mal. Si Durán Barba asesoró imagen de campaña, está mal pero es parte del bastardo sistema político que rige el mundo. Pero acá sigue estando y sigue opinando, como un ministro con cartera informal que regula el pensamiento presidencial.
Despedir a ñoquis del Estado y a vagos del aparato político-matón-aplaudidor del gobierno anterior, está bien. Pero no se puede hacer sin contemplar de qué van a vivir. Porque si no, es echar gente a la calle, y esto está mal. Y ya van varios miles.
Anular por decreto una ley en marcha para liberar de límites la codicia de empresarios que colaboraron en la campaña electoral, o que son amigos, está mal. Si esos empresarios se dedican al monopolio u oligopolio de la información pública, es antidemocrático y está muy mal.
Erigir demonios y encabezar cruzadas contra ellos, es repetir viejas recetas usadas también por el gobierno precedente, a quien tanto se demoniza. Querer derribar avionetas mientras todos los quioscos de drogas siguen abiertos en todos los barrios, o enarbolar batalla a una corrupción que todos los días se nos refriega ante las narices –y las del presidente-, son profundas faltas de respeto a la inteligencia y sensatez de la gente.
Mantener inversiones en paraísos fiscales siendo presidente está mal. También ir a pasar la Semana Santa a los dominios de un billonario extranjero que hace años se burla de la geografía y la Justicia de Chubut. Porque significa que se es más empresario que mandatario, más codicioso que servidor público, y por lo tanto, que se es inconfiable como presidente.
Tomar medidas para corregir el derroche estatal está bien. Pero hacer aumentos violentos en servicios públicos y todos juntos, está mal, sobre todo porque podría hacerse con cierta gradualidad. Y más aún, estando las paritarias todavía lejos. Es un ajuste brutal y es una postura oligárquica, y eso está muy mal.
AFSCA fue una maniobra oportunista del gobierno anterior y su diseño institucional fue tramposo, porque estaba pensado para penetrar el período de gobierno siguiente con el sólo fin de combatir al enemigo Clarín; quizás su desarticulación no haya estado mal. Pero combatir abiertamente a la Procuradora General de la Nación por el riesgo de que ofrezca algunas resistencias, es antidemocrático e ilegal: el cargo es una institución formal del Estado y está pensado desde hace mucho precisamente para que como el resto de la Justicia, atraviese en el tiempo a los sucesivos gobiernos y adquiera así cierta independencia de ellos.
Si el presidente teme un presunto accionar avieso, se las tiene que aguantar y disponerse a utilizar los recursos legales que tiene a mano para contrarrestarlo. Pero no puede atacar un cargo que no es político ni desconocer las leyes que lo han instaurado.
El presidente no puede hacer nada que sea ilegal.
Todo lo demás estuvo bien, fue mucho y no tiene por qué perderse. Pero en un contexto republicano serio, todo lo dicho antes haría que el presidente tenga que irse. Quedaría el mismo gobierno con el rumbo que él le imprimió y con -salvo un par de excepciones- el aceptable equipo que formó, del cual saldría su sucesor.
Porque los feudalismos, las monarquías y los fascismos dependen de una persona, que suele hacer la ley. Pero en la república, el presidente no está por encima de una ley que no hace él; y nadie es imprescindible, puesto que impera un sistema con códigos bien claros y bien escritos.
Códigos de los cuales este presidente ya violó unos cuantos.
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Siguen gobernando para la televisión y engatusando a la ciudadanía, porque están muy por encima y muy alejados del pueblo. Mientras el pueblo siga pensando dentro de la televisión, va a seguir siendo fácilmente manipulado con la propaganda de quienes son, en última instancia, sus enemigos. Porque le mantienen la cabeza fuera de la república y dentro de feudalismos y fascismos.
Por ejemplo en la Provincia, Scioli creaba para su campaña los UPA-21 mientras tenía los hospitales generales parados. Ahora Vidal lanza su vacunación masiva y la lucha a un dengue que dudosamente exista como epidemia, y los hospitales siguen parados. Aquellas cosas suenan lindo en los medios, pero la gente no va a los médicos de Canal 13: tiene que morir en el hospital.
Nótese cómo el imperio Clarín, que durante dos décadas nos bombardeó e inoculó con su invento de la inseguridad, ahora apenas la menciona; de golpe dejó de ser un problema del país. Y la gente ya no se desespera en medio de su desamparo, simplemente porque la tele no dice que tiene que sentirse así.
Y así podríamos seguir. Cuando el pueblo aprenda a pensar por fuera de los medios, comprenderá que esta política bananera (y de bananas flacas) no nos sirve y que es el único obstáculo real que tenemos para no poder salir del pozo tercermundista.
Si dejáramos de adorar presidentes o presidentas, lo demás que hace falta lo tenemos todo.
jueves, 7 de abril de 2016
Se llevan lo nuestro
Allá por 1996 asistí en el Centro Cultural Gral. San Martín a una conferencia dictada por Noam Chomsky, filósofo político antiimperialista y emblema de la izquierda estadounidense. De lo que oí hice esta cita en un libro que una editorial porteña me publicó en 1997:
"El lúcido analista político Noam Chomsky, dedicado a estudiar y denunciar las diversas formas de dominación colonialista esgrimidas en la Historia y las de su propio país en el presente, difundió partes de documentos oficiales desclasificados en los que los funcionarios norteamericanos en tareas de supeditación de gobiernos latinoamericanos en las últimas décadas, opinan que nuestros gobernantes 'son como niños'. Conste que esta opinión no corresponde a encopadas reuniones postlaborales en bares juerguísticos, sino al texto de documentos producidos por los enviados a negociar con altos oficiales gubernamentales de estas latitudes; y que la calidad infantil no está referida al uso de pañales, sino a su personalidad política.'
Y después les echamos la culpa de los despojos al imperialismo yanki y al FMI, como si de este lado de la mesa no tuviésemos a nadie que ponga la firma, o como si ellos, los gringos, tuviesen que cuidar nuestros intereses más que aquellos que nosotros ponemos para que los cuiden.
Entonces, aplaudimos cuando viene un gobierno que les cierra las puertas y frena el endeudamiento externo, para hacer las mismas macanas pero con endeudamiento interno.
Veamos si ahora que tenemos en el gobierno empresarios duchos en negociar y con muy poco de niños, pueden emplear su oficio en hacer las cosas sin generar endeudamiento ninguno.
Es decir, llevando adelante los promisorios negocios de los que este país sería capaz si no tuviese los inútiles o hijos de puta que siempre tuvo en sus cúpulas.
"El lúcido analista político Noam Chomsky, dedicado a estudiar y denunciar las diversas formas de dominación colonialista esgrimidas en la Historia y las de su propio país en el presente, difundió partes de documentos oficiales desclasificados en los que los funcionarios norteamericanos en tareas de supeditación de gobiernos latinoamericanos en las últimas décadas, opinan que nuestros gobernantes 'son como niños'. Conste que esta opinión no corresponde a encopadas reuniones postlaborales en bares juerguísticos, sino al texto de documentos producidos por los enviados a negociar con altos oficiales gubernamentales de estas latitudes; y que la calidad infantil no está referida al uso de pañales, sino a su personalidad política.'
Y después les echamos la culpa de los despojos al imperialismo yanki y al FMI, como si de este lado de la mesa no tuviésemos a nadie que ponga la firma, o como si ellos, los gringos, tuviesen que cuidar nuestros intereses más que aquellos que nosotros ponemos para que los cuiden.
Entonces, aplaudimos cuando viene un gobierno que les cierra las puertas y frena el endeudamiento externo, para hacer las mismas macanas pero con endeudamiento interno.
Veamos si ahora que tenemos en el gobierno empresarios duchos en negociar y con muy poco de niños, pueden emplear su oficio en hacer las cosas sin generar endeudamiento ninguno.
Es decir, llevando adelante los promisorios negocios de los que este país sería capaz si no tuviese los inútiles o hijos de puta que siempre tuvo en sus cúpulas.
YANQUIS… DON’T GO HOME!
Los argentinos somos 42 millones. Y la enorme mayoría, no heredamos fortunas ni negocios, no llegamos a la fama mediática, no obtuvimos profesiones rentables, y no tuvimos parientes y amigos que nos consigan actividades lucrativas. Y como encima somos decentes, tampoco hemos accedido a la política torva que siempre tuvimos, en cualquiera de sus áreas, ONGs y sindicatos incluidos.
Esa inmensa mayoría sólo hemos podido y podremos vivir de nuestros trabajos llanos, ser empleados o cuentapropistas. Pero tenemos el mismo derecho al éxito que cualquiera de aquellos otros: y para nosotros, el éxito apenas es tener un buen trabajo y vivir en un país con pleno empleo que nos permita cambiar de trabajo sólo por así desearlo.
Esa inmensa mayoría sólo hemos podido y podremos vivir de nuestros trabajos llanos, ser empleados o cuentapropistas. Pero tenemos el mismo derecho al éxito que cualquiera de aquellos otros: y para nosotros, el éxito apenas es tener un buen trabajo y vivir en un país con pleno empleo que nos permita cambiar de trabajo sólo por así desearlo.
Para que esto se dé en Argentina, que es un país del tercer mundo, lo único que hace falta es que el primer mundo quiera y pueda hacer negocios con nosotros, no existe otro camino. Entonces, los empresarios argentinos venden más y ganan más (exportación) y toman más gente a trabajar, y los empresarios extranjeros vienen y ponen empresas (inversión) y toman gente a trabajar. Yo no estudié Economía, pero nadie, aunque sea economista, puede discutirme este ‘dosmasdos’ que acabo de hacer.
Sin embargo, hay argentinos de aquellos que no viven de un trabajo llano, pero que seguramente viajan a EUA, consumen cosas importadas y festejan Halloween y San Valentín, o de esos que hacen manifestaciones por la calle o tienen acceso a los medios, muy propensos a empezar con las idioteces -o hijoputeces- que uno a esta edad, ya se cansó de oír: que son imperialistas, que nos imponen sus costos, que se llevan lo que es nuestro.
Como esto es una red social, yo voy a hablar por mí, sin pretender representar a nadie más.
Yo siempre tuve problemas para tener un buen trabajo y un buen ingreso, mientras en las últimas décadas ganadas oía que la casa está en orden, que la revolución productiva, que el que apuesta al dólar pierde, que el ‘que se vayan todos’ no sirve, que el presidente construye poder político y financiero, que mi gobierno le baja la cortina a todo el planeta, y la interminable y cara publicidad de la presidente de la Nación. Y también veía la hiperinflación, las voladuras de la Embajada, AMIA y Rio Tercero, las privatizaciones coimeras, los desmadres de los piqueteros y todo tipo de alimañas pagados por el presidente, las tres décadas perdidas en los juicios por crímenes de lesa humanidad, Cromagnon y Once, la desocupación sustituida por trabajo espurio o a expensas del Estado, y el parque de diversiones temático que está al lado de la Gral. Paz ensanchada.
Ahora, sube un gobierno de cariz empresarial que sabe cómo se manejan los negocios y nos trae al ‘Mr. President’ más poderoso del planeta, que viene con su familia, que igual que su mujer se reúne con los jóvenes motivándolos a crecer y ganar, habla de apertura e intercambio profesional, reafirma los DDHH y le chupa un huevo si el ISIS le revienta el Air Force One en pleno Océano Atlántico porque tener miedo va en contra de los valores de su nación.
Yo nunca vi una personalidad y una actitud más arraigadamente democráticas que las de Barack Obama, democracia que él además saca de su país y la extiende a quien la quiera del mundo. Y al que quiera lo contrario, se toma el trabajo y el riesgo de imponérsela, porque el mundo necesita un orden, ese orden ya está hecho y consensuado en una civilización que con todos sus males, ya está consolidada y alguien tiene que combatir a los que buscan destruirla por la fuerza y el sacrificio de los más débiles.
Yo no conozco un país más democrático y humanista que EUA en estos últimos años. Que es un imperio, por supuesto; pero es un imperio ganado por mérito y sacrificio propio y el suyo es hoy un imperialismo blando, y además necesario, simplemente porque alguien tiene que encabezar el mundo. Nosotros no podemos ni pudimos serlo, así que muy a nuestro pesar, tiene que ser otro.
Más allá de las cosas que lamenté de él- porque este imperio no fue ni es perfecto, ninguno lo es y nada lo es- yo siempre celebré que este imperialismo haya sido el yanqui y no el nazi, o el soviético, o el teocrático islámico. Antes de ponerse a hablar por boca de ganso habría que tener el decoro de preocuparse por estudiar algo de la política internacional y tener la seriedad para entender que el mundo es un lugar demasiado complejo e irremediablemente violento donde todo tiene contradicciones y superposiciones, y que hay que vivir aceptando y soportando daños colaterales si es que algo de positivo ha de hacerse.
Porque si no, uno es un ignorante simplón –o un turro bananero- que se la pasa jetoneando imperialismos e injusticias, o incluso un maricón que solloza porque hay guerras, cuando sólo está viendo una baldosa del patio, y no la ve tan clara como la pantalla de su tele con las películas y series yanquis llenas de guerra, sangre y torturas que tanto disfruta en la paz de un país donde nunca llegó la guerra.
Yo he tenido muchas cosas que reprochar a los yanquis, pero les agradezco que se hayan hecho cargo del mundo -aunque se hayan cobrado una buena plata por la tarea- porque además de evitar que mi país haya sido nazi, soviético o teocrático, y cuidar que sea democrático y capitalista, han evitado que tenga que participar de prepo en las guerras del mundo, porque de eso se ocupan ellos solos. Porque en otro momento de la Historia o con otro imperio a cargo, todos estos detractores del subdesarrollo habrían estado con un casco y un fusil esquivando balazos en una batalla ajena y rogando por muchos misiles y drones que vengan a salvarles sus cueros.
Les agradezco que hayan evolucionado permanentemente -cosa que mi país no hace- para ser cada vez más democráticos, multirraciales e inclusivos, y le agradezco a Obama que haya venido a ofrecernos negocios que pueden hacer que yo al fin tenga el trabajo y el ingreso que merece el esfuerzo que hice toda mi vida.
Si otra vez el capital internacional nos impone sus costos será culpa de la dirigencia tercermundista argentina que no sabe negociar, que no sabe desarrollarnos para sacarnos del tercer mundo, o no sabe dejar de ser corrupta, y sí bien ha sabido abrevar todo el tiempo en las arcas del imperio.
Y en cuanto a que se lleven lo que es nuestro, no veo cómo van a hacerlo si nuestros dirigentes no se lo entregan, tal como vinieron haciendo. O dejando de hacer pero con gran costo nuestro: cortarle el rostro al mundo desarrollado no es una estrategia inteligente en un conjunto absolutamente interdependiente (del mismo modo que dejar de jugar un juego no es la táctica para ganar, sino para perder seguro).
Igual, eso no es problema mío, yo acá no tengo nada, ni siquiera instituciones que me asistan como se debe; así que eso de ‘nuestro’ no me cabe. Acá hay un territorio y unos negocios que son de otros argentinos que no dependen de inversiones extranjeras -o no les convienen- para vivir muy bien y a quienes sólo les importó siempre su propio interés y jamás el mío, salvo en las pocas excepciones en que el FMI o determinados gobernantes les impusieron límites.
Y acá vino también una comitiva de mil yanquis con sus bolsas repletas de dólares que yo quiero para el país, porque un país es una nación, es una patria, pero también es un hecho económico y hoy día nadie puede vivir bien sin plata. Yo no quiero la patria ‘de pobres pero digna y soberana’ dirigida por cipayos o ladrones ricos, porque la dignidad de la patria empieza por la riqueza que puede ofrecer a todos –a todos- sus súbditos...no solamente a los que rondan el poder. A estos les alcanza con las cajas públicas y las coimas, pero yo no tengo acceso a esas cosas.
La Constitución, si es que todavía le damos bola, manda al Poder Ejecutivo a ocuparse de ‘los negocios de la Nación’ (sic). Quiero ver si este gobierno quiere, sabe y puede hacerlo como debe, o sea, para beneficio de todos –de todos- y preservando la soberanía; soberanía que es relativa y limitada, tratándose de un país en desarrollo, esto es, dependiente. Y quiero ver si los políticos opositores que relatan la ‘patria hipersoberana’ o que labraron su lugar gritando ‘fuera yankis’ –y que de Obama tienen que aprender que la izquierda ya no es la de los ‘70- dejan también ganar un poco a los que sólo podemos hacerlo si vienen dólares del mundo.
Y que somos la gran mayoría de los ‘ciudadanos que ellos tienen que servir’.
Sin embargo, hay argentinos de aquellos que no viven de un trabajo llano, pero que seguramente viajan a EUA, consumen cosas importadas y festejan Halloween y San Valentín, o de esos que hacen manifestaciones por la calle o tienen acceso a los medios, muy propensos a empezar con las idioteces -o hijoputeces- que uno a esta edad, ya se cansó de oír: que son imperialistas, que nos imponen sus costos, que se llevan lo que es nuestro.
Como esto es una red social, yo voy a hablar por mí, sin pretender representar a nadie más.
Yo siempre tuve problemas para tener un buen trabajo y un buen ingreso, mientras en las últimas décadas ganadas oía que la casa está en orden, que la revolución productiva, que el que apuesta al dólar pierde, que el ‘que se vayan todos’ no sirve, que el presidente construye poder político y financiero, que mi gobierno le baja la cortina a todo el planeta, y la interminable y cara publicidad de la presidente de la Nación. Y también veía la hiperinflación, las voladuras de la Embajada, AMIA y Rio Tercero, las privatizaciones coimeras, los desmadres de los piqueteros y todo tipo de alimañas pagados por el presidente, las tres décadas perdidas en los juicios por crímenes de lesa humanidad, Cromagnon y Once, la desocupación sustituida por trabajo espurio o a expensas del Estado, y el parque de diversiones temático que está al lado de la Gral. Paz ensanchada.
Ahora, sube un gobierno de cariz empresarial que sabe cómo se manejan los negocios y nos trae al ‘Mr. President’ más poderoso del planeta, que viene con su familia, que igual que su mujer se reúne con los jóvenes motivándolos a crecer y ganar, habla de apertura e intercambio profesional, reafirma los DDHH y le chupa un huevo si el ISIS le revienta el Air Force One en pleno Océano Atlántico porque tener miedo va en contra de los valores de su nación.
Yo nunca vi una personalidad y una actitud más arraigadamente democráticas que las de Barack Obama, democracia que él además saca de su país y la extiende a quien la quiera del mundo. Y al que quiera lo contrario, se toma el trabajo y el riesgo de imponérsela, porque el mundo necesita un orden, ese orden ya está hecho y consensuado en una civilización que con todos sus males, ya está consolidada y alguien tiene que combatir a los que buscan destruirla por la fuerza y el sacrificio de los más débiles.
Yo no conozco un país más democrático y humanista que EUA en estos últimos años. Que es un imperio, por supuesto; pero es un imperio ganado por mérito y sacrificio propio y el suyo es hoy un imperialismo blando, y además necesario, simplemente porque alguien tiene que encabezar el mundo. Nosotros no podemos ni pudimos serlo, así que muy a nuestro pesar, tiene que ser otro.
Más allá de las cosas que lamenté de él- porque este imperio no fue ni es perfecto, ninguno lo es y nada lo es- yo siempre celebré que este imperialismo haya sido el yanqui y no el nazi, o el soviético, o el teocrático islámico. Antes de ponerse a hablar por boca de ganso habría que tener el decoro de preocuparse por estudiar algo de la política internacional y tener la seriedad para entender que el mundo es un lugar demasiado complejo e irremediablemente violento donde todo tiene contradicciones y superposiciones, y que hay que vivir aceptando y soportando daños colaterales si es que algo de positivo ha de hacerse.
Porque si no, uno es un ignorante simplón –o un turro bananero- que se la pasa jetoneando imperialismos e injusticias, o incluso un maricón que solloza porque hay guerras, cuando sólo está viendo una baldosa del patio, y no la ve tan clara como la pantalla de su tele con las películas y series yanquis llenas de guerra, sangre y torturas que tanto disfruta en la paz de un país donde nunca llegó la guerra.
Yo he tenido muchas cosas que reprochar a los yanquis, pero les agradezco que se hayan hecho cargo del mundo -aunque se hayan cobrado una buena plata por la tarea- porque además de evitar que mi país haya sido nazi, soviético o teocrático, y cuidar que sea democrático y capitalista, han evitado que tenga que participar de prepo en las guerras del mundo, porque de eso se ocupan ellos solos. Porque en otro momento de la Historia o con otro imperio a cargo, todos estos detractores del subdesarrollo habrían estado con un casco y un fusil esquivando balazos en una batalla ajena y rogando por muchos misiles y drones que vengan a salvarles sus cueros.
Les agradezco que hayan evolucionado permanentemente -cosa que mi país no hace- para ser cada vez más democráticos, multirraciales e inclusivos, y le agradezco a Obama que haya venido a ofrecernos negocios que pueden hacer que yo al fin tenga el trabajo y el ingreso que merece el esfuerzo que hice toda mi vida.
Si otra vez el capital internacional nos impone sus costos será culpa de la dirigencia tercermundista argentina que no sabe negociar, que no sabe desarrollarnos para sacarnos del tercer mundo, o no sabe dejar de ser corrupta, y sí bien ha sabido abrevar todo el tiempo en las arcas del imperio.
Y en cuanto a que se lleven lo que es nuestro, no veo cómo van a hacerlo si nuestros dirigentes no se lo entregan, tal como vinieron haciendo. O dejando de hacer pero con gran costo nuestro: cortarle el rostro al mundo desarrollado no es una estrategia inteligente en un conjunto absolutamente interdependiente (del mismo modo que dejar de jugar un juego no es la táctica para ganar, sino para perder seguro).
Igual, eso no es problema mío, yo acá no tengo nada, ni siquiera instituciones que me asistan como se debe; así que eso de ‘nuestro’ no me cabe. Acá hay un territorio y unos negocios que son de otros argentinos que no dependen de inversiones extranjeras -o no les convienen- para vivir muy bien y a quienes sólo les importó siempre su propio interés y jamás el mío, salvo en las pocas excepciones en que el FMI o determinados gobernantes les impusieron límites.
Y acá vino también una comitiva de mil yanquis con sus bolsas repletas de dólares que yo quiero para el país, porque un país es una nación, es una patria, pero también es un hecho económico y hoy día nadie puede vivir bien sin plata. Yo no quiero la patria ‘de pobres pero digna y soberana’ dirigida por cipayos o ladrones ricos, porque la dignidad de la patria empieza por la riqueza que puede ofrecer a todos –a todos- sus súbditos...no solamente a los que rondan el poder. A estos les alcanza con las cajas públicas y las coimas, pero yo no tengo acceso a esas cosas.
La Constitución, si es que todavía le damos bola, manda al Poder Ejecutivo a ocuparse de ‘los negocios de la Nación’ (sic). Quiero ver si este gobierno quiere, sabe y puede hacerlo como debe, o sea, para beneficio de todos –de todos- y preservando la soberanía; soberanía que es relativa y limitada, tratándose de un país en desarrollo, esto es, dependiente. Y quiero ver si los políticos opositores que relatan la ‘patria hipersoberana’ o que labraron su lugar gritando ‘fuera yankis’ –y que de Obama tienen que aprender que la izquierda ya no es la de los ‘70- dejan también ganar un poco a los que sólo podemos hacerlo si vienen dólares del mundo.
Y que somos la gran mayoría de los ‘ciudadanos que ellos tienen que servir’.
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