sábado, 3 de diciembre de 2016

Las mujeres arriba

Como si fuera poca la colección de brutos que engalana nuestra dirigencia política y que paulatinamente se va renovando como para que nunca falten, ahora enfrentamos una estampida que va a convertir lo paulatino en inmediato.
Como una nueva reedición del neofeminismo barato que nos asuela, el hecho de ser mujer confiere automática idoneidad para la función legislativa, por cuanto se dispone que la mitad de las bancas sostengan cuerpos femeninos. El cerebro no parecería importar mucho, sobre todo cuando se conocen de sobra los mecanismos nepóticos, amicalistas y gangsteriles de confección de las listas, que ahora se van a ver desbordados ante la necesidad de conseguir mujeres para llegar al guarismo obligado.
Unas pocas serán eficaces y meritorias, muchas serán punteras barriales, amigas y parientes, y varias llegarán a la sábana procedentes de otras sábanas.

Así, seguimos con la espiral descendente en el armado de las dirigencias, cosa en la que el kirchnerismo hizo escuela, pero no se lleva todos los laureles. Llenar la política de basura es una compulsión que no ceja sino aumenta, desde que en los '90 empezaron a inventarse figuras a partir de ricos y famosos e integrantes de la farándula. Scioli por caso, es una creación de Menem, que cuando lo puso a dedo como diputado daba asco su ignorancia jurídica y politológica, y encima lo dejaban hablar. Para no tocar al boss de barrabravas que se acordó de anotarse como alumno del Derecho luego de haber presidido la legislatura porteña y encabezar hoy la seguridad bonaerense.
Y entre esos dos casos, danzan alegres los Moyano hijos, los Galmarini sobrinos, y toda la galería de Máximos y mínimos exponentes de esta movida deletérea que ahora será completada con un aluvión de nuevas bestias.
En cúpulas políticas no podemos salir de lo que en términos elegantes podría llamarse 'tercera generación de familia real numerosa'. Y en palabras más bastas, 'soberanos nietos de mil p...'

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