viernes, 21 de octubre de 2016

Ni una marcha más

 Yo creo que la violencia de género es un asunto serio. Y creo que debe ser seriamente encarado desde los organismos estatales y no gubernamentales vinculados con el tema. Cosa que no se ha hecho y no se hace.
 Claro que hablar de seriedad en Argentina -país subdesarrollado donde la única industria realmente desarrollada es la farándula- es un disparate redomado, y pido disculpas por ello. Pero es lo que sé hacer y es lo único que traería soluciones ante un problema grave que parece agravarse, pero yo no sé si realmente se agrava porque no tengo acceso a estadísticas confiables. Sería horrendo lo sucedido a la adolescente empalada, pero yo no sé qué pasó realmente ahí porque no vi la causa judicial. Sería tremendo que muriera una mujer por día a causa de la violencia de género, pero yo no sé si eso realmente sucede porque no tengo información fidedigna.
 Lo único que tengo son trascendidos periodísticos y posteos viralizados en las redes, es decir, chismerío. Lo único que tengo son marchas farandulescas y cambalacheras organizadas por sectores mediáticos y políticos, o sea, sectores para nada creíbles. Pero no tengo nada serio, nada efectivo, nada eficaz. Ni siquiera tengo un periodista en quien pueda creer y que me demuestre haber ido a leer los expedientes en busca de la estricta verdad de cada hecho.
 Tampoco puedo saber con precisión la magnitud del problema en números, y tampoco me importa eso, puesto que lo único importante es que exista el problema, haya mil víctimas o apenas dos. No me interesa poner la tragedia humana en números, porque eso no cambia en nada la tragedia, que existe por sí misma independientemente de su dimensión. Y sí me interesan los Derechos Humanos, que establecen claramente que son para TODOS y que de ellos no debe ser privado NADIE. Es decir, que una sola persona afectada ya constituye incumplimiento, no hacen falta cien o mil.

 Lo que no es serio, es joda. Estas marchas son joda, marchas de chusma y de turba, marchas de farándula que no aportan nada ni solucionan nada, ni movilizan nada. Que excitan lo más ralo y simplón de las emociones del público: no puedo decir sociedad ni comunidad, tengo que decir público porque las marchas están dirigidas a y son tomadas por un conjunto de gente calificable solamente como un público espectador pasivo e intelectualmente ausente, dispuesto sólo a dejarse excitar sus emociones más superficiales, más inmediatas, y a olvidarse mañana.
 Por parte del Estado, se vio una sola iniciativa, por supuesto estúpida, porque todas las demás iniciativas estúpidas ya fueron tomadas anteriormente y no quedan más estúpidos a quienes puedan ocurrírseles nuevas iniciativas estúpidas.
 Y respecto de esa única iniciativa estúpida que hubo, y ya que estamos de joda, yo ahora quiero seguir la joda y digo que también podría pagársele un sueldo a los golpeadores, cosa que hasta sería más productiva que pagárselo a los hijos desamparados de la víctima. Porque podría evitarse que se produzca la víctima.

 Si el golpeador coba un sueldo, no tendía que trabajar y estaría menos tensionado, más relajado, con más posibilidades de razonar a la hora de golpear. Además, podría disponer de una vivienda diferente a la conyugal, con lo cual gran parte de los roces se suprimirían. Y dedicar mucho más tiempo a su terapia, ir a más grupos, a más eventos, recurrir a más abordajes. Cuando sienta el impulso de golpear, podría ir a un gimnasio de box o disponer de cualquier otro método de descarga, o podría contratar a alguien que lo golpee a él, para ver qué se siente. E incluso, podría usarse con fines coercitivos: el mes que golpea no cobra.
 ¿Creen que esto que digo es una falta de respeto a las víctimas de violencia de género? No, esto es seguir la joda ya instalada. La falta de respeto está en la joda misma con que el tema es tratado, en la inacción de un Estado y de gobiernos inservibles que van a volcarse al tema sólo cuando les represente un beneficio palpable en votos, pero no antes. La falta de respeto está en convalidar y difundir información ignorando su procedencia y en creerla sólo porque se tiene ganas de creerla, sin agotar un mínimo requisito indagativo.
 Pero la mayor falta de respeto a este asunto tan serio, está en las marchas.

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