sábado, 3 de diciembre de 2016

Bendito imperialismo

Yo tengo que agradecer la existencia de los imperios de los últimos decenios: Mr. President y su CIA, el FMI y los capitales internacionales, El Vaticano. Ellos salvaron este país, si a esto que es puede llamársele 'salvado' o 'a salvo'. Pero lo llamo así, porque sé que esto podría haber sido mucho, infinitamente peor, de no haber estado esos imperios.
Afortunadamente para nosotros, el mundo es un sistema y Argentina una pieza del mismo, y en un sistema todo tiene que funcionar como la salud del sistema requiere, de modo que lo que no funciona por sí mismo es hecho funcionar por otras partes de la maquinaria.

Este país colonial fue, en lo realmente importante, gobernado desde afuera. Y esto ha sido lo bueno. Imaginemos por un instante -sólo por un instante, la idea puede ser muy angustiante- que las cosas importantes hubiesen sido decididas por María Estela Martínez o López Rega; por Videla o Massera, o Galtieri; por Alfonsín o Nosiglia; por Menem, Cavallo, Manzano o Ibrahim Al Ibrahim; por De La Rúa o Duhalde; por Néstor Kirchner, Cristina Fernandez, Massa, Boudou o Moreno; o ahora por este chetaje que baila y riega sus inversiones privadas.
O por la constante reivindicación de grietas sociales, la retrógrada mentalidad religiosa, la estrechez de miras ideológicas o las pasiones baratas del gran pueblo argentino salud, que si sigue con salud y no vive en algo parecido a Colombia, Venezuela o Siria, es porque su única aspiración existencial, los bienes materiales, fue satisfecha por la acción constante de los imperios. Esta consistió siempre a lo largo de la Historia, en aprovecharse de las debilidades y fallas de otras naciones, dándoles lo menos posible para que sigan funcionando de acuerdo a lo que son y lo que saben hacer.
Ellos han preservado nuestra identidad y nuestro estilo de vida. Por nuestra cuenta no hubiésemos podido. Se lo debemos.

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