domingo, 2 de octubre de 2016

K virtual

 Hacia fines del año pasado tuve la osadía de meterme en un muro de FB con 5 mil fanáticos K y decir que el de CFK era un gobierno criminal. Me llovieron acusaciones de sanatero y conminaciones a que antes de hablar exhiba pruebas. O sea, que el gobierno patriótico era santo e intachable y yo, un difamador.
 Ahora, que una parte del latrocinio kirchnerista está probada (para ser justo respetaré lo procedimental jurídico y diré con semiplena prueba o indicios vehementes más detenidos y procesados, pero aún no hay condenas) y con un número respetable de investigaciones e investigados, esos mismos fanáticos, sin sonrojarse, dicen que 'robaron pero hicieron'. Mañana, cuando todo esté probado y como ya están anticipando algunas de sus vanguardias, dirán que todo es producto de una Justicia politizada enemiga del pueblo y llamarán a la resistencia violenta. Pero jamás van a admitir, como buenos peronistas que son, que hubo fallas, que hubo deméritos, y que no se goza de la legitimidad de antes.

 Porque esa parte de la Argentina política no se apoya en la legitimidad sino en la imposición no de ideas sino de un grupo de personas que pretenden el poder vitalicio obtenido y ejercido mediante la fuerza y sazonado con dinero, grupo sostenido por millones que desde el llano convalidan tal autoritarismo porque necesitan sentirse identificados y amparados por aquellos, necesitan los mimos del que murió hace 42 años y reencarna continuamente en toda una dirigencia cuyo único mérito es invocarlo.
 Lo cierto es que el peronismo kirchnerista no sólo sigue vigente, sino que sigue presente y sigue gobernando, porque es tan alto su protagonismo político y mediático que bien puede decirse que tiene tanta o más influencia que el gobierno en ejercicio. Vale decir, que tenemos un débil gobierno formal y un fuerte gobierno virtual que se confirma por su certeza de retorno al poder a como dé lugar, y que no ha cedido su puesto central desde donde sigue propalando el mismo discurso falaz y paternalista, y recibiendo los mismos votos incondicionales de siempre.

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