Los argentinos somos 42 millones. Y la enorme mayoría, no heredamos fortunas ni negocios, no llegamos a la fama mediática, no obtuvimos profesiones rentables, y no tuvimos parientes y amigos que nos consigan actividades lucrativas. Y como encima somos decentes, tampoco hemos accedido a la política torva que siempre tuvimos, en cualquiera de sus áreas, ONGs y sindicatos incluidos.
Esa inmensa mayoría sólo hemos podido y podremos vivir de nuestros trabajos llanos, ser empleados o cuentapropistas. Pero tenemos el mismo derecho al éxito que cualquiera de aquellos otros: y para nosotros, el éxito apenas es tener un buen trabajo y vivir en un país con pleno empleo que nos permita cambiar de trabajo sólo por así desearlo.
Esa inmensa mayoría sólo hemos podido y podremos vivir de nuestros trabajos llanos, ser empleados o cuentapropistas. Pero tenemos el mismo derecho al éxito que cualquiera de aquellos otros: y para nosotros, el éxito apenas es tener un buen trabajo y vivir en un país con pleno empleo que nos permita cambiar de trabajo sólo por así desearlo.
Para que esto se dé en Argentina, que es un país del tercer mundo, lo único que hace falta es que el primer mundo quiera y pueda hacer negocios con nosotros, no existe otro camino. Entonces, los empresarios argentinos venden más y ganan más (exportación) y toman más gente a trabajar, y los empresarios extranjeros vienen y ponen empresas (inversión) y toman gente a trabajar. Yo no estudié Economía, pero nadie, aunque sea economista, puede discutirme este ‘dosmasdos’ que acabo de hacer.
Sin embargo, hay argentinos de aquellos que no viven de un trabajo llano, pero que seguramente viajan a EUA, consumen cosas importadas y festejan Halloween y San Valentín, o de esos que hacen manifestaciones por la calle o tienen acceso a los medios, muy propensos a empezar con las idioteces -o hijoputeces- que uno a esta edad, ya se cansó de oír: que son imperialistas, que nos imponen sus costos, que se llevan lo que es nuestro.
Como esto es una red social, yo voy a hablar por mí, sin pretender representar a nadie más.
Yo siempre tuve problemas para tener un buen trabajo y un buen ingreso, mientras en las últimas décadas ganadas oía que la casa está en orden, que la revolución productiva, que el que apuesta al dólar pierde, que el ‘que se vayan todos’ no sirve, que el presidente construye poder político y financiero, que mi gobierno le baja la cortina a todo el planeta, y la interminable y cara publicidad de la presidente de la Nación. Y también veía la hiperinflación, las voladuras de la Embajada, AMIA y Rio Tercero, las privatizaciones coimeras, los desmadres de los piqueteros y todo tipo de alimañas pagados por el presidente, las tres décadas perdidas en los juicios por crímenes de lesa humanidad, Cromagnon y Once, la desocupación sustituida por trabajo espurio o a expensas del Estado, y el parque de diversiones temático que está al lado de la Gral. Paz ensanchada.
Ahora, sube un gobierno de cariz empresarial que sabe cómo se manejan los negocios y nos trae al ‘Mr. President’ más poderoso del planeta, que viene con su familia, que igual que su mujer se reúne con los jóvenes motivándolos a crecer y ganar, habla de apertura e intercambio profesional, reafirma los DDHH y le chupa un huevo si el ISIS le revienta el Air Force One en pleno Océano Atlántico porque tener miedo va en contra de los valores de su nación.
Yo nunca vi una personalidad y una actitud más arraigadamente democráticas que las de Barack Obama, democracia que él además saca de su país y la extiende a quien la quiera del mundo. Y al que quiera lo contrario, se toma el trabajo y el riesgo de imponérsela, porque el mundo necesita un orden, ese orden ya está hecho y consensuado en una civilización que con todos sus males, ya está consolidada y alguien tiene que combatir a los que buscan destruirla por la fuerza y el sacrificio de los más débiles.
Yo no conozco un país más democrático y humanista que EUA en estos últimos años. Que es un imperio, por supuesto; pero es un imperio ganado por mérito y sacrificio propio y el suyo es hoy un imperialismo blando, y además necesario, simplemente porque alguien tiene que encabezar el mundo. Nosotros no podemos ni pudimos serlo, así que muy a nuestro pesar, tiene que ser otro.
Más allá de las cosas que lamenté de él- porque este imperio no fue ni es perfecto, ninguno lo es y nada lo es- yo siempre celebré que este imperialismo haya sido el yanqui y no el nazi, o el soviético, o el teocrático islámico. Antes de ponerse a hablar por boca de ganso habría que tener el decoro de preocuparse por estudiar algo de la política internacional y tener la seriedad para entender que el mundo es un lugar demasiado complejo e irremediablemente violento donde todo tiene contradicciones y superposiciones, y que hay que vivir aceptando y soportando daños colaterales si es que algo de positivo ha de hacerse.
Porque si no, uno es un ignorante simplón –o un turro bananero- que se la pasa jetoneando imperialismos e injusticias, o incluso un maricón que solloza porque hay guerras, cuando sólo está viendo una baldosa del patio, y no la ve tan clara como la pantalla de su tele con las películas y series yanquis llenas de guerra, sangre y torturas que tanto disfruta en la paz de un país donde nunca llegó la guerra.
Yo he tenido muchas cosas que reprochar a los yanquis, pero les agradezco que se hayan hecho cargo del mundo -aunque se hayan cobrado una buena plata por la tarea- porque además de evitar que mi país haya sido nazi, soviético o teocrático, y cuidar que sea democrático y capitalista, han evitado que tenga que participar de prepo en las guerras del mundo, porque de eso se ocupan ellos solos. Porque en otro momento de la Historia o con otro imperio a cargo, todos estos detractores del subdesarrollo habrían estado con un casco y un fusil esquivando balazos en una batalla ajena y rogando por muchos misiles y drones que vengan a salvarles sus cueros.
Les agradezco que hayan evolucionado permanentemente -cosa que mi país no hace- para ser cada vez más democráticos, multirraciales e inclusivos, y le agradezco a Obama que haya venido a ofrecernos negocios que pueden hacer que yo al fin tenga el trabajo y el ingreso que merece el esfuerzo que hice toda mi vida.
Si otra vez el capital internacional nos impone sus costos será culpa de la dirigencia tercermundista argentina que no sabe negociar, que no sabe desarrollarnos para sacarnos del tercer mundo, o no sabe dejar de ser corrupta, y sí bien ha sabido abrevar todo el tiempo en las arcas del imperio.
Y en cuanto a que se lleven lo que es nuestro, no veo cómo van a hacerlo si nuestros dirigentes no se lo entregan, tal como vinieron haciendo. O dejando de hacer pero con gran costo nuestro: cortarle el rostro al mundo desarrollado no es una estrategia inteligente en un conjunto absolutamente interdependiente (del mismo modo que dejar de jugar un juego no es la táctica para ganar, sino para perder seguro).
Igual, eso no es problema mío, yo acá no tengo nada, ni siquiera instituciones que me asistan como se debe; así que eso de ‘nuestro’ no me cabe. Acá hay un territorio y unos negocios que son de otros argentinos que no dependen de inversiones extranjeras -o no les convienen- para vivir muy bien y a quienes sólo les importó siempre su propio interés y jamás el mío, salvo en las pocas excepciones en que el FMI o determinados gobernantes les impusieron límites.
Y acá vino también una comitiva de mil yanquis con sus bolsas repletas de dólares que yo quiero para el país, porque un país es una nación, es una patria, pero también es un hecho económico y hoy día nadie puede vivir bien sin plata. Yo no quiero la patria ‘de pobres pero digna y soberana’ dirigida por cipayos o ladrones ricos, porque la dignidad de la patria empieza por la riqueza que puede ofrecer a todos –a todos- sus súbditos...no solamente a los que rondan el poder. A estos les alcanza con las cajas públicas y las coimas, pero yo no tengo acceso a esas cosas.
La Constitución, si es que todavía le damos bola, manda al Poder Ejecutivo a ocuparse de ‘los negocios de la Nación’ (sic). Quiero ver si este gobierno quiere, sabe y puede hacerlo como debe, o sea, para beneficio de todos –de todos- y preservando la soberanía; soberanía que es relativa y limitada, tratándose de un país en desarrollo, esto es, dependiente. Y quiero ver si los políticos opositores que relatan la ‘patria hipersoberana’ o que labraron su lugar gritando ‘fuera yankis’ –y que de Obama tienen que aprender que la izquierda ya no es la de los ‘70- dejan también ganar un poco a los que sólo podemos hacerlo si vienen dólares del mundo.
Y que somos la gran mayoría de los ‘ciudadanos que ellos tienen que servir’.
Sin embargo, hay argentinos de aquellos que no viven de un trabajo llano, pero que seguramente viajan a EUA, consumen cosas importadas y festejan Halloween y San Valentín, o de esos que hacen manifestaciones por la calle o tienen acceso a los medios, muy propensos a empezar con las idioteces -o hijoputeces- que uno a esta edad, ya se cansó de oír: que son imperialistas, que nos imponen sus costos, que se llevan lo que es nuestro.
Como esto es una red social, yo voy a hablar por mí, sin pretender representar a nadie más.
Yo siempre tuve problemas para tener un buen trabajo y un buen ingreso, mientras en las últimas décadas ganadas oía que la casa está en orden, que la revolución productiva, que el que apuesta al dólar pierde, que el ‘que se vayan todos’ no sirve, que el presidente construye poder político y financiero, que mi gobierno le baja la cortina a todo el planeta, y la interminable y cara publicidad de la presidente de la Nación. Y también veía la hiperinflación, las voladuras de la Embajada, AMIA y Rio Tercero, las privatizaciones coimeras, los desmadres de los piqueteros y todo tipo de alimañas pagados por el presidente, las tres décadas perdidas en los juicios por crímenes de lesa humanidad, Cromagnon y Once, la desocupación sustituida por trabajo espurio o a expensas del Estado, y el parque de diversiones temático que está al lado de la Gral. Paz ensanchada.
Ahora, sube un gobierno de cariz empresarial que sabe cómo se manejan los negocios y nos trae al ‘Mr. President’ más poderoso del planeta, que viene con su familia, que igual que su mujer se reúne con los jóvenes motivándolos a crecer y ganar, habla de apertura e intercambio profesional, reafirma los DDHH y le chupa un huevo si el ISIS le revienta el Air Force One en pleno Océano Atlántico porque tener miedo va en contra de los valores de su nación.
Yo nunca vi una personalidad y una actitud más arraigadamente democráticas que las de Barack Obama, democracia que él además saca de su país y la extiende a quien la quiera del mundo. Y al que quiera lo contrario, se toma el trabajo y el riesgo de imponérsela, porque el mundo necesita un orden, ese orden ya está hecho y consensuado en una civilización que con todos sus males, ya está consolidada y alguien tiene que combatir a los que buscan destruirla por la fuerza y el sacrificio de los más débiles.
Yo no conozco un país más democrático y humanista que EUA en estos últimos años. Que es un imperio, por supuesto; pero es un imperio ganado por mérito y sacrificio propio y el suyo es hoy un imperialismo blando, y además necesario, simplemente porque alguien tiene que encabezar el mundo. Nosotros no podemos ni pudimos serlo, así que muy a nuestro pesar, tiene que ser otro.
Más allá de las cosas que lamenté de él- porque este imperio no fue ni es perfecto, ninguno lo es y nada lo es- yo siempre celebré que este imperialismo haya sido el yanqui y no el nazi, o el soviético, o el teocrático islámico. Antes de ponerse a hablar por boca de ganso habría que tener el decoro de preocuparse por estudiar algo de la política internacional y tener la seriedad para entender que el mundo es un lugar demasiado complejo e irremediablemente violento donde todo tiene contradicciones y superposiciones, y que hay que vivir aceptando y soportando daños colaterales si es que algo de positivo ha de hacerse.
Porque si no, uno es un ignorante simplón –o un turro bananero- que se la pasa jetoneando imperialismos e injusticias, o incluso un maricón que solloza porque hay guerras, cuando sólo está viendo una baldosa del patio, y no la ve tan clara como la pantalla de su tele con las películas y series yanquis llenas de guerra, sangre y torturas que tanto disfruta en la paz de un país donde nunca llegó la guerra.
Yo he tenido muchas cosas que reprochar a los yanquis, pero les agradezco que se hayan hecho cargo del mundo -aunque se hayan cobrado una buena plata por la tarea- porque además de evitar que mi país haya sido nazi, soviético o teocrático, y cuidar que sea democrático y capitalista, han evitado que tenga que participar de prepo en las guerras del mundo, porque de eso se ocupan ellos solos. Porque en otro momento de la Historia o con otro imperio a cargo, todos estos detractores del subdesarrollo habrían estado con un casco y un fusil esquivando balazos en una batalla ajena y rogando por muchos misiles y drones que vengan a salvarles sus cueros.
Les agradezco que hayan evolucionado permanentemente -cosa que mi país no hace- para ser cada vez más democráticos, multirraciales e inclusivos, y le agradezco a Obama que haya venido a ofrecernos negocios que pueden hacer que yo al fin tenga el trabajo y el ingreso que merece el esfuerzo que hice toda mi vida.
Si otra vez el capital internacional nos impone sus costos será culpa de la dirigencia tercermundista argentina que no sabe negociar, que no sabe desarrollarnos para sacarnos del tercer mundo, o no sabe dejar de ser corrupta, y sí bien ha sabido abrevar todo el tiempo en las arcas del imperio.
Y en cuanto a que se lleven lo que es nuestro, no veo cómo van a hacerlo si nuestros dirigentes no se lo entregan, tal como vinieron haciendo. O dejando de hacer pero con gran costo nuestro: cortarle el rostro al mundo desarrollado no es una estrategia inteligente en un conjunto absolutamente interdependiente (del mismo modo que dejar de jugar un juego no es la táctica para ganar, sino para perder seguro).
Igual, eso no es problema mío, yo acá no tengo nada, ni siquiera instituciones que me asistan como se debe; así que eso de ‘nuestro’ no me cabe. Acá hay un territorio y unos negocios que son de otros argentinos que no dependen de inversiones extranjeras -o no les convienen- para vivir muy bien y a quienes sólo les importó siempre su propio interés y jamás el mío, salvo en las pocas excepciones en que el FMI o determinados gobernantes les impusieron límites.
Y acá vino también una comitiva de mil yanquis con sus bolsas repletas de dólares que yo quiero para el país, porque un país es una nación, es una patria, pero también es un hecho económico y hoy día nadie puede vivir bien sin plata. Yo no quiero la patria ‘de pobres pero digna y soberana’ dirigida por cipayos o ladrones ricos, porque la dignidad de la patria empieza por la riqueza que puede ofrecer a todos –a todos- sus súbditos...no solamente a los que rondan el poder. A estos les alcanza con las cajas públicas y las coimas, pero yo no tengo acceso a esas cosas.
La Constitución, si es que todavía le damos bola, manda al Poder Ejecutivo a ocuparse de ‘los negocios de la Nación’ (sic). Quiero ver si este gobierno quiere, sabe y puede hacerlo como debe, o sea, para beneficio de todos –de todos- y preservando la soberanía; soberanía que es relativa y limitada, tratándose de un país en desarrollo, esto es, dependiente. Y quiero ver si los políticos opositores que relatan la ‘patria hipersoberana’ o que labraron su lugar gritando ‘fuera yankis’ –y que de Obama tienen que aprender que la izquierda ya no es la de los ‘70- dejan también ganar un poco a los que sólo podemos hacerlo si vienen dólares del mundo.
Y que somos la gran mayoría de los ‘ciudadanos que ellos tienen que servir’.
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