viernes, 8 de abril de 2016

Si al menos fuesen bananas gordas...

No puede negarse que este presidente encaró con muchos aciertos su mandato. Y que mucho de lo que inició puede ser francamente promisorio para el país. No puede negarse que hubo un cambio positivo y que ya no vivimos bajo el yugo de una banda fascista.
Sin embargo, hay algunas, varias cosas que no hizo bien y que si somos inteligentes, deberían alertarnos sobre algún otro tipo de yugo futuro.

Cogobernar con un publicista extranjero está mal, muy mal. Si Durán Barba asesoró imagen de campaña, está mal pero es parte del bastardo sistema político que rige el mundo. Pero acá sigue estando y sigue opinando, como un ministro con cartera informal que regula el pensamiento presidencial.
Despedir a ñoquis del Estado y a vagos del aparato político-matón-aplaudidor del gobierno anterior, está bien. Pero no se puede hacer sin contemplar de qué van a vivir. Porque si no, es echar gente a la calle, y esto está mal. Y ya van varios miles.
Anular por decreto una ley en marcha para liberar de límites la codicia de empresarios que colaboraron en la campaña electoral, o que son amigos, está mal. Si esos empresarios se dedican al monopolio u oligopolio de la información pública, es antidemocrático y está muy mal.
Erigir demonios y encabezar cruzadas contra ellos, es repetir viejas recetas usadas también por el gobierno precedente, a quien tanto se demoniza. Querer derribar avionetas mientras todos los quioscos de drogas siguen abiertos en todos los barrios, o enarbolar batalla a una corrupción que todos los días se nos refriega ante las narices –y las del presidente-, son profundas faltas de respeto a la inteligencia y sensatez de la gente.
Mantener inversiones en paraísos fiscales siendo presidente está mal. También ir a pasar la Semana Santa a los dominios de un billonario extranjero que hace años se burla de la geografía y la Justicia de Chubut. Porque significa que se es más empresario que mandatario, más codicioso que servidor público, y por lo tanto, que se es inconfiable como presidente.
Tomar medidas para corregir el derroche estatal está bien. Pero hacer aumentos violentos en servicios públicos y todos juntos, está mal, sobre todo porque podría hacerse con cierta gradualidad. Y más aún, estando las paritarias todavía lejos. Es un ajuste brutal y es una postura oligárquica, y eso está muy mal.

AFSCA fue una maniobra oportunista del gobierno anterior y su diseño institucional fue tramposo, porque estaba pensado para penetrar el período de gobierno siguiente con el sólo fin de combatir al enemigo Clarín; quizás su desarticulación no haya estado mal. Pero combatir abiertamente a la Procuradora General de la Nación por el riesgo de que ofrezca algunas resistencias, es antidemocrático e ilegal: el cargo es una institución formal del Estado y está pensado desde hace mucho precisamente para que como el resto de la Justicia, atraviese en el tiempo a los sucesivos gobiernos y adquiera así cierta independencia de ellos.
Si el presidente teme un presunto accionar avieso, se las tiene que aguantar y disponerse a utilizar los recursos legales que tiene a mano para contrarrestarlo. Pero no puede atacar un cargo que no es político ni desconocer las leyes que lo han instaurado.
El presidente no puede hacer nada que sea ilegal.

Todo lo demás estuvo bien, fue mucho y no tiene por qué perderse. Pero en un contexto republicano serio, todo lo dicho antes haría que el presidente tenga que irse. Quedaría el mismo gobierno con el rumbo que él le imprimió y con -salvo un par de excepciones- el aceptable equipo que formó, del cual saldría su sucesor.
Porque los feudalismos, las monarquías y los fascismos dependen de una persona, que suele hacer la ley. Pero en la república, el presidente no está por encima de una ley que no hace él; y nadie es imprescindible, puesto que impera un sistema con códigos bien claros y bien escritos.
Códigos de los cuales este presidente ya violó unos cuantos.
....

Siguen gobernando para la televisión y engatusando a la ciudadanía, porque están muy por encima y muy alejados del pueblo. Mientras el pueblo siga pensando dentro de la televisión, va a seguir siendo fácilmente manipulado con la propaganda de quienes son, en última instancia, sus enemigos. Porque le mantienen la cabeza fuera de la república y dentro de feudalismos y fascismos.
Por ejemplo en la Provincia, Scioli creaba para su campaña los UPA-21 mientras tenía los hospitales generales parados. Ahora Vidal lanza su vacunación masiva y la lucha a un dengue que dudosamente exista como epidemia, y los hospitales siguen parados. Aquellas cosas suenan lindo en los medios, pero la gente no va a los médicos de Canal 13: tiene que morir en el hospital.
Nótese cómo el imperio Clarín, que durante dos décadas nos bombardeó e inoculó con su invento de la inseguridad, ahora apenas la menciona; de golpe dejó de ser un problema del país. Y la gente ya no se desespera en medio de su desamparo, simplemente porque la tele no dice que tiene que sentirse así.

Y así podríamos seguir. Cuando el pueblo aprenda a pensar por fuera de los medios, comprenderá que esta política bananera (y de bananas flacas) no nos sirve y que es el único obstáculo real que tenemos para no poder salir del pozo tercermundista.
Si dejáramos de adorar presidentes o presidentas, lo demás que hace falta lo tenemos todo.

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