lunes, 18 de abril de 2016

El espejo de Brasil

Este fragmento de una nota de hoy del Buenos Aires Herald, da sucinta cuenta de lo que significa en el tercer mundo el cuento populista: engatusan con farsas pasajeras mientras dejan incólume la podredumbre del sistema. Y entre nosotros, mientras no veamos que realmente se encare lo institucional, va a seguir estando lo mismo, quizás con otro ropaje.
Lo institucional no quiere decir chamuyo de combate a la corrupción y el narcotráfico: quiere decir visible ejercicio de la autoridad ejecutiva y judicial, revisión permanente de las burocracias y total ajustamiento a la legalidad. De momento, no tenemos ninguna de esas cosas.

“Lula dejó el poder en 2010 con un 87% de opinión a favor, tan alto que Barack Obama lo llamó ‘el político más popular de La Tierra’, diciendo a los reporteros: ‘Amo a ese tipo’.
Las riquezas fluyendo de las minas, campos petroleros y establecimientos agrícolas de Brasil alimentaron una borrachera de consumo, pero enmascararon los problemas estructurales que hicieron de Brasil un crujiente y oneroso lugar para hacer negocios. Un plan de privatizaciones para construir rutas y autopistas muy necesarias, tambaleó. La productividad permaneció baja porque la fuerza de trabajo estaba mal entrenada y pobremente educada. Las compañías gastaron miles de horas descifrando un codicioso sistema impositivo. Y todo el tiempo, la vieja forma de hacer negocios –lubricándolos con corrupción- se mantuvo intacta.
Grandes compañías de construcciones y energía engordaron con contratos estatales y préstamos oficiales con Lula y Rousseff, y las oportunidades para el enriquecimiento ilícito fueron infinitas. Y en las campañas políticas fue vertido dinero ilícito.”


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