jueves, 16 de marzo de 2017

Origen y esencia de los piqueteros

 Los movimientos piqueteros tal como hoy los conocemos, tuvieron su origen en la segunda mitad de los ’90 debido al empobrecimiento brutal del sector más bajo de la clase trabajadora, que por la benemérita política neoliberal del menemismo (al cual votaban), pasó a integrar la nada despreciable masa de 4 millones de desocupados y subocupados que se hizo presente en el país. En 2002 y en medio del ‘que se vayan todos’, el presidente Duhalde formalizó bajo la figura de 'emergencia', la no represión de los cortes de caminos que estos grupos habían adoptado como forma de protesta, y un estipendio transitorio conocido como ‘planes trabajar’ para familias en real estado de desamparo (aunque esto no tuvo toda su eficacia puesto que eran distribuidos por el aparato punteril, es decir, de manera corrompida).
 Así encontró las cosas al llegar a la Rosada el autor de la ‘década chamuyada’, el hampón Néstor Kirchner; y no podía ser mejor el escenario para su único proyecto político, la perpetuación, que él verbalizaba descaradamente como ‘construcción de poder’ y la masa ignorante aplaudía, porque a la masa ignorante lo que menos le importa es la democracia (no tiene idea de qué es) y sólo piensa en tener a un jefe perenne en el cual sentirse representada y descansar mientras disfruta de una vida servida.
 De ahí que el presidente terminó de formalizar la situación con su apotegma ‘no quiero que se criminalice la protesta social’, dando vía libre a la expansión y recrudecimiento del movimiento piquetero, al cual tomó y pagó como propia tropa al convertir en derecho adquirido aquel estipendio transitorio; todo ello para mantener el disciplinamiento social peronista, el mejor cuando lo que se busca es una rápida ‘construcción de poder’ para atornillarse al sillón presidencial por tiempo indeterminado.

 Ese disciplinamiento implica revivir al máximo la lucha de clases propia de una sociedad colonial aún no restañada y reculturizada precisamente porque de ello deriva todos sus beneficios esto que conocemos como peronismo: separar claramente al aborigen resentido por la conquista de siglos pasados del europeo estigmatizado por su rol de conquistador y su insaciable codicia, sectores que siempre estuvieron larvadamente enfrentados y que el peronismo supo enfrentar de hecho, agrupando al aborigen en la categoría de cabeza negra o descamisado (negro, directamente) y al europeo que había llegado a tener una casa o departamento, en la de oligarca.
 Se olvidó de los negros que habitan la Recoleta y Barrio Norte, de todos los que también habían llegado a su casa y a un empleo estable o a un título universitario, todo ello producto del esfuerzo laboral de las generaciones familiares, de aquellos que querían seguir valiéndose por sí mismos; y también se olvidó del tremendo mestizaje que tuvo y tenía lugar desde la llegada de los primeros barcos de inmigrantes al puerto. Se acordó de las masas brutas de los rincones más olvidados de las provincias del Norte, y de los italianos que por saber todos los oficios se convertían en ‘contratistas’ y tenían a los negros trabajando para ellos (explotándolos quizás) pero enseñándoles oficios que luego ellos y sus hijos pudieron explotar en forma independiente, porque ningún contratista les ponía un revólver en la cabeza para que trabajaran con él.
 Todo eso, que estaba casi dormido, apenas reavivado en abstracto por la infame desocupación legada por Menem y su monstruo Cavallo, fue recuperado por el despótico Néstor, que rápidamente lo convirtió en algo concreto, reeditando el odio racial y de clases en un enfrentamiento que prefabricó y colocó en las calles, haciendo que los negros vagos y brutos se sintieran respaldados en su ambición no de crecer sino de hacer daño a los blancos y negros que tienen cosas que ellos no tienen. Y qué mejor daño, qué mejor agresión en estos tiempos donde la violencia física no se permite, no es políticamente correcta, que no dejarlos circular en sus autos de lujo, demorarles todos los días el regreso a casa tras la jornada laboral que ellos no tienen que soportar, y lo mejor de todo, infundirles miedo y mantenerlos bajo constante amenaza de algo, aunque ese algo no quede muy claro.
 De este modo, el Néstor llegó también a la cifra de 4 millones, solo en principio y luego a través de su esposa que no era Evita pero hablaba como ella: no a 4 millones de nuevos puestos de trabajo sino de negros vagos mantenidos con ingresos similares a los de quienes trabajan, y que proceden de las arcas públicas. Y hay que reconocer que no cualquiera logra una tropa de esa dimensión, que significa al menos 12 millones de votos cautivos y miles trepados a los ómnibus que los llevan a los actos partidarios donde se afirma la soberanía, la soberanía del jefe y la jefa, a cambio de un choripán.
 Decir ‘no cualquiera’ no tiene la intención del halago: es decir que no cualquiera, aún en medio de la política abyecta de estas tierras, habría apelado a subterfugios tan bajos y tan criminales; pero no olvidemos que estamos hablando de criminales.
 Criminales que van a retomar el poder porque tienen armada toda esta inmensa tropa de base y cuentan agregados a todos los que no son negros ni piqueteros pero siguen votando a Perón y Evita, mientras deben soportar un interregno pero puesto en buenas manos, las de un estúpido político cheto que no hace otra cosa que alimentar su regreso, incluso manteniéndoles llena y hasta gordita a esa tropa porque les da cosas mejores que choripanes.

No hay comentarios:

Publicar un comentario