Este artículo sintetiza el fundamento de las ideologías, detrás de cada una de las cuales subyace una revolución que podrá o no tener lugar. Nadie concibe una nueva idea política si no tiene prevista la revolución que la instalará, que puede ser pacífica o puede ser violenta. Y si tuviese un componente violento, sea que se materialice o quede en estado de amenaza, funcionará únicamente por esto que James Neilson describe en este artículo, del cual publico un extracto con mi traducción.
Como se desprende del texto y yo he sostenido en otros escritos, el problema del terrorismo no es político, ni jurídico, ni social, ni moral: es biológico. Hay en la especie una proporción de jóvenes que son de esencia violenta. De estos, hay una parte que racionaliza la violencia y otra que no lo hace. Los primeros tenderán a incluirse en instituciones armadas, los segundos, en cualquier ejercicio irregular de la violencia.
“EL IRRESISTIBLE ATRACTIVO DE LA GUERRA
Para occidentales progresistas que se esfuerzan por ser objetivos y son afectos a decirnos que los terroristas de ayer podrían ser los libertadores de mañana, los guerreros santos islámicos que actualmente masacran infieles –entre ellos el periodista norteamericano James Foley, que fue decapitado por un hombre que sonaba como londinense- siguen siendo ‘militantes’, una inocua palabra que no dice nada…
Los mismos jihadistas alteraron su rumbo para privar de excusas a aquellos proclives a simpatizar con ellos. En vez de intentar tapar sus atrocidades o atribuírselas a un puñado de fanáticos homicidas, continuaron dándoles la máxima publicidad. Videos de ‘ejecuciones’ masivas de prisioneros desarmados y de decapitaciones, son inmediatamente subidos a internet para advertir a descreídos qué hay reservado para ellos a menos que se acoplen…
La crueldad jihadista puede repugnar a occidentales de bien, pero probó ser una efectiva herramienta de reclutamiento. Jóvenes musulmanes de Europa y América del Norte, incluyendo resentidos recientemente conversos, han estado afluyendo para unirse al estilo del Estado Islámico (ISIS, EI), el cual les ofrece algo que los países donde se criaron son incapaces de dar: una ocasión para matar y mutilar por razones presuntamente nobles. Esto no es tan perverso como muchos preferirían pensar; los movimientos que proveen a sus seguidores con licencia para matar, tienden a atraer un gran número de gente joven.
Hubo una vez organizaciones izquierdistas y fascistas especializadas en esto. Su lugar fue tomado por otras que son islámicas, con la más brutal descollando como la favorita. A menos que sea pronto puesto bajo control, el EI se pondrá incluso peor. No escasea gente como aquel matón vestido de negro con acento londinense que tajeó la garganta de Foley y luego segó su cabeza, y no solamente en países en los cuales millones de hombres y mujeres jóvenes enfrentan un futuro desdichado, sino también en el relativamente próspero pero para muchos decepcionante Occidente…
Unos pocos jihadistas pueden ser gente iniciada en la tradición islámica, pero la mayoría parece saber tan poco sobre la fe por la cual están listos para matar y morir, como sabían la mayoría de comunistas acerca de la textura fina de la dialéctica marxista…. Siglo tras siglo, multitudes asesinas incomprensibles para los de afuera, han disfrutado del vigoroso apoyo de juveniles reclutas encantados de seguir las órdenes -sin importar cuán extrañas fuesen- de aquellos que por alguna razón pensaban que estaban obligados a obedecer. Muchas de esas multitudes fueron luego dejadas caer en eso que un ideólogo autorizado, Leon Trotsky, llamó 'el montón de basura de la historia'…"
James Neilson es un escritor y periodista británico argentinizado por propia elección, que fue un antiguo director del Buenos Aires Herald y escribió por años en un impecable castellano en Página 12. Y goza del mayor de mis respetos, debido a un grado de seriedad muy difícil de encontrar en ese oficio, al menos en Argentina.
Vamos a hablar acerca de nuestra sociedad, una sociedad de irresponsabilidad ilimitada. Cuestionaremos el medio institucional (argentinomedio), la subjetividad del ser nacional promedio (argentinomedio) y, muy especialmente, a los medios masivos de comunicación social (argentinomedio). No haremos política, salvo revisar los conceptos con los que se nos educa y dirige. Quedan invitados quienes quieran colocarse fuera de la liviandad que nos es habitual.
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